La Copa Mundial de Fútbol es, sin duda, uno de los eventos más seguidos y disfrutados del planeta. Todo lo que envuelve y representa despierta interés. Los encuentros mismos, las rivalidades entre países, los uniformes, las conductas de los fanáticos, los espectáculos artísticos y un sinfín de cosas más. Es definitivamente un acontecimiento muy vistoso. Pero, aparte de lo que todo el mundo observa, se desarrollan cosas muy interesantes que se ocultan a la vista del público o, al menos, pasan inadvertidas para la mayoría.
No muchos saben que, mientras se juegan los partidos o marchan por las calles cientos y miles de fanáticos con banderas y camisetas de sus equipos preferidos, grupos de científicos debidamente equipados hurgan en los lugares más insospechados con el objeto de monitorear la presencia de virus y determinar los riesgos de brotes de enfermedades infecciosas y su potencial de diseminación.
Y es que resulta difícil imaginar una situación más propicia para que se produzcan brotes de enfermedad y se propaguen. Personas que llegan de todas partes del mundo (con diferentes tasas de prevalencia de distintas enfermedades), que se juntan por decenas de miles en un lugar en que estarán muy cercanas unas de otras, que gritarán a todo pulmón cada treinta segundos, situación ideal para los virus. Hoteles llenos, restaurantes colmados, intercambio de abrazos y besos entre personas que no se conocen. Específicamente, en esta copa se esperan 5 millones de asistentes, que se distribuirán en 16 sedes en tres países.
Pasada la pandemia anterior, ya casi nadie se preocupa por nuevos riesgos; lo que la gente quiere es olvidarla. Pero la comunidad científica y los organismos sanitarios sí se preocupan, pues conocen los riesgos. Y están preparados.
En esta Copa Mundial, un buen número de organismos sanitarios, laboratorios biotecnológicos y universidades, tanto del sector público como del privado de los tres países, están coordinados para detectar y actuar ante un brote con riesgo epidémico. La principal forma de monitoreo que usarán es la de detección de partículas virales en las aguas residuales (que contienen desechos humanos) de las ciudades sede.
Con tecnología PCR y otras aún más sofisticadas es posible detectar partículas de ADN viral de enfermedades con riesgo epidémico como sarampión, influenza, SARS (como el COVID), hantavirus, ébola y dengue. Con la tecnología actual es posible determinar incluso el linaje de las cepas, y detectar un aumento de transmisiones días y hasta semanas antes de que la enfermedad se manifieste. Una vez determinado el lugar con aumento de detecciones de partículas virales, se informa a las autoridades sanitarias locales para los siguientes pasos. Screening, ubicación de casos y contactos, aislamiento, vacunación y tratamiento oportuno. Todo lo anterior minuciosamente coordinado por todas las entidades sanitarias y centros de investigación que forman parte de la red, y liderado por el Health Security Operation Center en Washington.
Así que los que asistan al campeonato mundial, los que viven en las ciudades sede, los ciudadanos de los tres países anfitriones y, en realidad, todos los que habitan el planeta pueden estar tranquilos. Hay personas que los están cuidando sin que se den cuenta. Para mí, son héroes. En su trabajo entre bambalinas no figurarán como Messi o Cristiano Ronaldo; no anotarán goles; pero también merecen reconocimiento y son parte importante del Mundial.
Nota: Buena parte de la información expuesta en esta publicación fue extraída de un artículo de Lauren J. Young, de la revista Scientific American del 10 de junio de 2026.
Médico Psiquiatra.