Trump aseguró este viernes que Putin y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, han acordado un alto el fuego entre el 9 y el 11 de mayo que incluye suspender todo ataque y un intercambio de 1.000 prisioneros de cada país.
Trump aseguró este viernes que Putin y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, han acordado un alto el fuego entre el 9 y el 11 de mayo que incluye suspender todo ataque y un intercambio de 1.000 prisioneros de cada país.

Este 8 de mayo de 2026, mientras Europa celebra el 81.º aniversario de la Victoria de 1945, la guerra ruso-ucraniana atraviesa una nueva fase diplomática.
Con motivo de las conmemoraciones del Día de la Victoria en Moscú, este 9 de mayo, Rusia ha anunciado un alto el fuego unilateral de dos o tres días —principalmente el 8 y el 9 de mayo, con posibilidad de extenderse hasta el 10—, mientras Ucrania ha propuesto su propia pausa a partir del 6 de mayo.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante conversaciones con Vladímir Putin a finales de abril, alentó esta iniciativa simbólica. Sin embargo, las acusaciones mutuas de violaciones masivas —más de 1.800 según Kiev— hacen que esta tregua sea extremadamente frágil. Desde 2022, los altos el fuego temporales se han multiplicado sin que ninguno haya conducido a una paz duradera.
Finalmente, Trump aseguró este viernes que Putin y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, han acordado un alto el fuego entre el 9 y el 11 de mayo que incluye suspender todo ataque y un intercambio de 1.000 prisioneros de cada país.
En 2025, Vladímir Putin ya había decretado una pausa de tres días en torno al 9 de mayo, sin coordinación con Kiev, y esta fue rápidamente violada. En 2026, el patrón se repitió en medio de una creciente presión estadounidense durante el segundo mandato de Donald Trump, quien prometió “resolver el conflicto en 24 horas”. A finales de abril de 2026, durante una llamada con Putin, el presidente estadounidense se refirió a una “pequeña tregua” con fines humanitarios, coincidiendo con las conmemoraciones rusas.
El Kremlin propuso oficialmente una pausa del 8 al 9 —o 10— de mayo para proteger el desfile militar en la Plaza Roja. Volodímir Zelenski respondió anunciando una tregua en Ucrania a partir del 6 de mayo e instando a Moscú a corresponder. El objetivo declarado era permitir el intercambio de ayuda humanitaria, limitar las bajas civiles y generar un impulso diplomático. Sin embargo, no se estableció ningún mecanismo de verificación internacional, lo que hizo que la tregua fuera vulnerable a incidentes.
El 6 de mayo, Ucrania acusó a Rusia de lanzar más de 100 drones y tres misiles, violando la tregua ucraniana. Según Kiev, se registraron 1.820 violaciones en tan solo unas horas. Los ataques contra Járkov, Sumy, Kramatorsk y Zaporiyia causaron varias muertes. El presidente ucraniano denunció lo ocurrido como un “cinismo absoluto” y afirmó que Ucrania actuaría “de forma simétrica”. Moscú, por su parte, mantiene su alto el fuego unilateral para el 8 y 9 de mayo, al tiempo que amenaza con un “ataque masivo” contra Kiev si drones ucranianos atacan el desfile o la capital rusa.
La tregua convive, sin embargo, con operaciones limitadas en el frente. Por su parte, Ucrania mantiene sus ataques de largo alcance en territorio ruso. El Kremlin insiste en el carácter humanitario de su pausa, pero muchos la interpretan como una maniobra para asegurar las celebraciones del 9 de mayo y reforzar su imagen de “fuerza responsable”.
Trump minimiza los incidentes y habla de un posible “gran progreso” hacia un acuerdo más amplio, mientras mantiene la presión sobre Kiev mediante ayuda militar condicionada.
La solidez de esta tregua tiene el mérito de existir, pero sigue siendo débil por varias razones:
Incluso una pausa frágil y parcial podría salvar vidas, permitir evacuaciones y facilitar la entrega de ayuda humanitaria. Diplomáticamente, podría abrir una ventana para conversaciones más amplias sobre un memorando relativo a la retirada, la neutralidad y las garantías de seguridad. Sin embargo, el riesgo de que la situación se descontrole es alto: un solo ataque con drones podría considerarse una violación grave. Después del 11 de mayo, se prevé un retorno a la intensidad previa del conflicto.
A mediano plazo, sin concesiones sobre los territorios anexados, la neutralidad ucraniana o las garantías de seguridad, la guerra de desgaste corre el riesgo de estancarse. El alto el fuego en torno a este 9 de mayo de 2026 ilustra las limitaciones de las treguas unilaterales en un conflicto de desgaste.
Símbolo de la diplomacia estadounidense bajo la era Trump —rápida y de gran repercusión mediática—, esta iniciativa corre el riesgo de convertirse en un interludio fugaz. Su frágil estabilidad confirma que una paz duradera requerirá un equilibrio de poder y una auténtica voluntad política, dos elementos que aún faltaban el 8 de mayo de 2026.
El mundo observa: si esta tregua se mantiene, aunque sea parcialmente, podría abrir una vía diplomática; si fracasa, pondrá de manifiesto una vez más la profunda división entre Moscú y Kiev.
Politólogo francés y especiallista en temas internacionales.
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