El galardón tan deseado por Donald Trump recae así en un símbolo del sistema de justicia internacional que, precisamente, es objeto de ataques de parte del presidente estadounidense.
El galardón tan deseado por Donald Trump recae así en un símbolo del sistema de justicia internacional que, precisamente, es objeto de ataques de parte del presidente estadounidense.

La sudafricana Navi Pillay, defensora de Nelson Mandela y jueza especializada en crímenes internacionales, ganó este viernes el Nobel de la Paz por sus esfuerzos a favor del derecho internacional cuando, según el jurado, este sistema está «bajo ataque».
El galardón tan deseado por Donald Trump recae así en un símbolo del sistema de justicia internacional que, precisamente, es objeto de ataques de parte del presidente estadounidense.
Además de ser jueza de esa corte, Pillay presidió el tribunal del genocidio de Ruanda y también la comisión encargada por la ONU que acusó a Israel de genocidio en su reciente campaña militar en Gaza.
La cancillería israelí reprochó al Comité Nobel estar legitimando «el odio» hacia su país: «Ahora que el Comité Nobel ha premiado la mayor mentira del siglo XXI, Joseph Goebbels sin duda estará aplaudiendo desde el infierno», publicó el ministerio.
Abogada de origen indio en la Sudáfrica del apartheid, Navanethem «Navi» Pillay domina el arte de los casos difíciles.
Su carrera la ha llevado desde los tribunales sudafricanos, donde defendió a activistas contra el apartheid como Nelson Mandela y consiguió derechos fundamentales para los presos políticos, hasta el Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU (2008-2014).
Pillay «ha sido fundamental para asegurar que los crímenes de guerra, los crímenes de lesa humanidad y el genocidio sean perseguidos», afirmó el presidente del Comité Nobel Noruego, Jørgen Watne Frydnes, que alabó su «brújula moral».
Dedicado a «los supervivientes de crímenes internacionales»
En una comparecencia en el histórico tribunal de Núremberg donde fueron juzgados los dirigentes nazis tras la Segunda Guerra Mundial, la jurista de 85 años dedicó el galardón «a todos los supervivientes de crímenes internacionales».
También defendió el sistema de justicia internacional «en una época donde el derecho internacional y los derechos humanos son blanco de ataques políticos». «Esta degradación es particularmente visible en los ataques contra la Corte Penal Internacional», puntualizó.
Ese tribunal con sede en La Haya está en la mira de Trump y de Israel, especialmente después de lanzar en 2024 una orden de detención contra el primer ministro Benjamin Netanyahu por presuntos crímenes de guerra en Gaza y contra miembros fallecidos del movimiento islamista palestino Hamás.
Washington la considera una institución «politizada» y ha sancionado algunos de sus jueces. En la pasada Asamblea General de la ONU, en septiembre, Trump pidió a todos los países «retirarse oficial e inmediatamente».
El jurado mencionó la «tremenda presión» y los ataques sobre estas instituciones a la hora de otorgar el premio a Pillay por «promover la paz y el derecho internacional».
En una época marcada por muchas guerras y conflictos, el derecho internacional ya no es solo un complemento de la paz y la seguridad. «Es una necesidad absoluta», afirmó.
«Quizá comparta el premio con Trump»
La sudafricana toma el relevo a la líder opositora venezolana María Corina Machado, quien el año pasado regaló su medalla del Nobel al presidente Trump, quien asegura repetidamente merecerse el premio.
En unas imágenes publicadas desde Núremberg por la dirigente de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, se ve a la jueza abrumada y ovacionada por los asistentes. «Si aplauden un poco más fuerte, quizá comparta el premio con Trump», bromeó.
Aunque actualmente ejerce como magistrada de la Corte Internacional de Justicia en un caso por presunto genocidio de Birmania, una de sus últimas labores fue en la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU.
Este órgano, que no habla en nombre de la ONU, concluyó el año pasado que Israel llevó a cabo un genocidio en Gaza en la campaña militar desplegada tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023.
El Comité Nobel marcó distancias con las conclusiones del informe, que Israel tachó de «sesgado y mentiroso».
«No somos un tribunal. Se trata de su informe, del informe de la comisión, y por supuesto tenemos una gran confianza en su profesionalismo y su integridad», dijo Jørgen Watne Frydnes a la AFP.
El Nobel a Pillay es un homenaje a quienes «hacen respetar y defienden el derecho internacional», afirmó el secretario general de la ONU, António Guterres.
Para la presidenta de la CPI, Tomoko Akane, el galardón reviste «una importancia especial» en un momento de «grandes desafíos para el orden jurídico internacional».
El premio consiste en una medalla de oro, un diploma y 1,2 millones de dólares.
Se entregará en una ceremonia oficial en Oslo el 10 de diciembre, cuando se conmemora el aniversario de la muerte, en 1896, del creador de los premios, el inventor y filántropo sueco Alfred Nobel.

La sudafricana Navi Pillay, ex alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, es una infatigable defensora de los derechos humanos que ejerció como jueza de la Corte Penal Internacional y presidió el Tribunal Penal Internacional para Ruanda.
A sus 85 años, Pillay se ha forjado una sólida reputación internacional a lo largo de una carrera de varias décadas que comenzó en los tribunales sudafricanos y que este viernes fue coronada con el Premio Nobel de la Paz.
La jurista sudafricana alcanzó notoriedad mundial por sus contundentes denuncias de la represión ejercida por varios gobiernos contra movimientos de protesta en el mundo árabe, especialmente en Libia y Siria.
Entre 2021 y 2025 presidió una comisión de investigación creada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU para examinar las causas profundas del conflicto israelí-palestino.
El panel, que no habla en nombre de Naciones Unidas y fue duramente criticado por Israel, concluyó que en Gaza se estaba produciendo un genocidio desde el inicio de la guerra desencadenada por el ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023.
«La responsabilidad recae en el Estado de Israel», declaró Pillay a la AFP en 2025.
Actualmente, Navi Pillay ejerce como jueza ad hoc de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), donde participa en un caso sobre la minoría rohinyá.
Pionera
Nacida en 1941 en Durban, en la costa este de Sudáfrica, en el seno de una familia de origen tamil, Pillay creció en un barrio humilde durante el régimen de segregación racial del apartheid.
Estudió Derecho en la Universidad de Natal antes de obtener una maestría y un doctorado en Harvard.
Se convirtió en la primera mujer no blanca en abrir un bufete de abogados en Durban, donde ganó reconocimiento por su defensa de opositores al apartheid.
En 1973 consiguió que los presos políticos recluidos en la prisión de Robben Island, donde estaba encarcelado Nelson Mandela, obtuvieran acceso a abogados.
Un año después de que Mandela llegara a la presidencia tras las primeras elecciones democráticas de Sudáfrica en 1994, Pillay hizo historia al convertirse en la primera mujer perteneciente a una minoría nombrada para un Tribunal Superior del país.
Poco después, Mandela la recomendó para integrar un tribunal de la ONU encargado de juzgar a los responsables del genocidio de Ruanda.
En 1998 formó parte del grupo de jueces que estableció por primera vez que una violación podía ser considerada un acto constitutivo de genocidio.
Diez años más tarde fue nombrada alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, cargo que ocupó hasta 2014.
Alzar la voz
Su infancia en la profundamente injusta sociedad del apartheid la impulsó a combatir la discriminación en todas sus formas y le valió la reputación de ser una defensora de las víctimas de la injusticia en todo el mundo.
«Sufrimos los peores insultos y la discriminación racial; nos maltrataron y nos trataron como si no fuéramos nada», recordó Pillay en una entrevista concedida a la AFP.
Ante esa realidad, explicó, solo había dos opciones: ser «débil y llorar» o «luchar».
«Siempre supe quién soy y cómo enfrentar cualquier forma de discriminación. Hay que atreverse a alzar la voz y condenarla. Eso es lo que hice en la ONU», afirmó.
En esa misma entrevista, reconoció que su labor al frente de la comisión de investigación de la ONU encargada de examinar las violaciones de derechos humanos en los Territorios Palestinos e Israel había sido probablemente la misión más difícil de su carrera.
Pillay fue acusada de antisemitismo a raíz de ese trabajo, una imputación que rechazó con la franqueza que la caracteriza: «Sería gracioso si no fuera tan absurdo».
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