Light
Dark

El alto costo de la vida podría afectar la salud física y mental de la población, señala investigadora

La dificultad para cubrir gastos básicos no solo afecta el bolsillo. También influye en la alimentación, la convivencia familiar y el bienestar de la población, advierte una antropóloga.

precio - alimentos - canasta básica- inflacion
El costo de la Canasta Básica ampliada llegó a $516.42 en mayo, según los datos de la ONEC. Foto: EDH / Archivo

El aumento sostenido en el costo de la vida no solo está reduciendo la capacidad que tienen familias salvadoreñas de cubrir sus gastos mensuales, sino que también podría estar provocando consecuencias en su salud física, mental y en su calidad de vida, según lo advirtió la filósofa y antropóloga Beatriz Nájera, quien estuvo recientemente en el programa de entrevistas de la radio YSUCA, y quien además sostiene que cuando las personas ya no logran cubrir sus necesidades más básicas, el impacto se extiende hasta todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Las declaraciones de Nájera coinciden con un momento en el que las preocupaciones económicas ocupan el primer lugar entre los salvadoreños, pues según la más reciente encuesta del Instituto Universitario de Opinión Pública (Iudop) de la UCA, el 70.7% de la población considera que la economía, el alto costo de la vida, el desempleo y la pobreza son los principales problemas que enfrenta el país.


A ello se suma el incremento que han registrado los alimentos durante los últimos meses: De acuerdo con las cifras de la Oficina Nacional de Estadística y Censos, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) simple, como la ampliada, han continuado encareciéndose en lo que va del año, lo que ha reducido aún más la capacidad de compra de muchos hogares, especialmente de aquellos que dependen de un salario mínimo. De hecho, la canasta ampliada alcanzó los $516.42 en mayo.

El costo de la vida también cambia la forma de alimentarse

En este sentido, Nájera apunta que uno de los cambios más visibles en este contexto es la manera en que las familias eligen qué comer, pues durante una investigación que realizó sobre los hábitos alimenticios de los salvadoreños, encontró que la mayoría de personas no decide sus comidas pensando en su valor nutricional, sino en aquello que se ajuste al presupuesto familiar y que permita saciar el hambre.

«Nosotros no nos alimentamos, comemos. El primer criterio para elegir qué comer es llenarnos; el segundo es que sea accesible al bolsillo y el tercero es el sabor», explicó.

pobreza exlusión marginalidad vivienda acceso
De acuerdo con los datos de la EHPM, hasta un 22.5% la población está en pobreza y no puede costear el precio de la Canasta Básica Ampliada. Foto: EDH / Archivo

A su juicio, esa situación termina afectando poco a poco la salud de la población, especialmente la de los niños y las mujeres embarazadas. La investigadora explicó que una alimentación deficiente durante los primeros años de vida puede afectar el desarrollo del cerebro, el aprendizaje y el rendimiento escolar, además de aumentar el riesgo de padecer enfermedades más adelante. «Si pensamos en los niños, las madres muchas veces tampoco están bien nutridas. Eso afecta desde la gestación y luego repercute en el desarrollo físico y mental», afirmó.

No obstante, los efectos no recaen solo sobre los alimentos que las familias logran adquirir pues, según Nájera, cuando el dinero deja de alcanzar para cubrir los gastos básicos, las personas también comienzan a resentirlo ea nivel emocional, lo que puede generar ansiedad, estrés y conflictos dentro de los hogares.

«Las personas entran en crisis cuando están desempleadas o cuando su empleo ya no les alcanza para cubrir sus gastos. Eso empieza a generar problemas al interior de la familia. El problema económico es una de las causas fundamentales de los conflictos familiares», sostuvo.

La antropóloga añadió que esa presión también termina afectando el desempeño en el trabajo y en los centros educativos, ya que una persona que no logra alimentarse adecuadamente tiene más dificultades para concentrarse, aprender o rendir durante su jornada laboral.

Todo esto ocurre mientras la Canasta Básica no ha sido actualizada en más de cuatro décadas, algo que ha provocado que economistas señalen que una posible actualización de los productos, basado en los hábitos de consumo actuales, elevaría el costo de esa canasta y, en consecuencia, la cantidad de personas que serían clasificadas en condición de pobreza extrema, ya que este indicador es el que se utiliza para calcular los índices de pobreza en el país.

Legales Obituarios Epaper

Patrocinado por Taboola