Palabras del historiador, exfutbolista de Liga Mayor, escritor y psicólogo: Manuel De Jesús Cañadas para su madre y para don Hernán Carrasco Vivanco
Palabras del historiador, exfutbolista de Liga Mayor, escritor y psicólogo: Manuel De Jesús Cañadas para su madre y para don Hernán Carrasco Vivanco

Solamente en dos ocasiones me fue a ver jugar, la primera cuando había sido llamado por don Hernán Carrasco a la selección juvenil con la que iríamos a los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Puerto Rico en 1966 y libramos un partido de preparación en la cancha de La Constancia en el Bulevar del Ejército.
En la colonia Atlacatl era novedad que un vecino de las multis integrara un equipo nacional y se hizo acompañar de varios de mis amigos. Recuerdo al “Choco Beto” Menjívar, Carlos Jovel, Danilo Mejía con quienes después integraríamos una fraternidad; a las hermanitas Lechuga, Ely y Cecy y, por supuesto a mis hermanos Mercy, Lico, Caly y Chabelita.
Mi madre doña Isabel, sabía que las lesiones en el fútbol son comunes, pero no estaba preparada para soportar que un hijo suyo las sufriera. De ahí que cuando choqué cabeza con cabeza con un rival y estaba bañado en sangre, al mismo tiempo que a mí me atendían, mis amigos lo hacían con ella pues se había desmayado.
El regreso a la casa fue patético, yo con mi vendaje y ella con sus lamentos al grado de prometerse que jamás volvería a una cancha, a menos que yo no estuviera jugando.
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Fuimos a Puerto Rico y al regreso me enrolé en el Atlético Marte donde en los inicios mi carrera futbolística se llenó de aventuras, de grandes amigos, pero de escasos triunfos gloriosos.
En 1968 llegó a la dirección técnica mi adorado maestro don Hernán y todo cambió, de ser patrocinados con muchas limitaciones por la Policía de Hacienda que comandaba el coronel Carlos Humberto Cornejo, pasamos a la Fuerza Aérea Salvadoreña cuya dirección estaba a cargo del coronel Salvador Henríquez quien no escatimó recursos para que el equipo fuera campeón.
Don Hernán armó un equipazo con la llegada de Raúl “Araña” Magaña, Ricardo Sepúlveda, Santiago Cortez Méndez, Edgar “Patagorda” Morales, Raúl Corcio Zavaleta, Alberto Villalta, Pepe Sulantay Silva, que aunados a Mauricio “Pachín” González, Guillermo “Loro” Castro, Mauricio “Tarzán” Alvarenga, Juan Andrés Ríos, Rodolfo Baello, Julio César “Muñeca” Mejía, Sergio “Tabudo” Méndez, Ernesto Aparicio, Wil Rodríguez, René “Tuca” Gómez, Omar “Bocho” Vásquez, Adonay Castillo, José Antonio Roque, Yin González, Joaquín «Chato» Moreno convirtieron al Marte en un gran favorito al título que por entonces estaba en manos del Club Deportivo Águila.

En esa campaña no nos dimos jalón con el FAS, que estaba colmado de puros cracks, con Joaquín “Turco” Alabí, Mauricio Manzano, Genaro Sermeño, David Cabrera, Mario Monge, Odir Jaques, Adrián Chacón.
El caso es que llegamos al partido decisivo contra el Once Municipal, de tal manera que con solo empatar ganábamos el título, pero si perdíamos el FAS se alzaba con la corona.
Se habló entonces que a los canarios les habían ofrecido una buena suma de colones para que nos derrotaran. Y estuvieron cerca pues esa noche del partido al finalizar el primer tiempo, nos tenían 2 a 0 con un Miguel “Chincuya” Deras en estado de gracia, parecía un director de orquesta.
Para la segunda etapa don Hernán me envió a la cancha y cuando estaba calentando escuché a mis amigos y a mis hermanos con sus frases de aliento. Y entre ellos divisé a mi santa madre con un rosario en las manos.
Dominamos el segundo tiempo, logramos el empate y cundió la euforia, después me enteré que a doña Chabelita la tuvieron que atender pues se había desmayado de la alegría y que había vuelto a jurar que no volvería a una cancha a menos que yo no estuviera jugando.
El festejo fue interminable incluyendo a unos aviones Mustang volando sobre el estadio lo que no fue del agrado de los aficionados rivales, pues se trataba de “un despilfarro de los militares con el dinero del pueblo”.
Por entonces era maestro en el Grupo Escolar “Tomás Cabrera” de Cuscatancingo y al día siguiente me presenté a trabajar, pero mi estimado director Rigoberto Menjívar había decretado el feriado por orden marciana.
Mis alumnos formaron una valla para recibirme y hasta hubo música a cargo de un juglar de la época de la localidad, Juan Lomar, llevando en la batería a Chambita Quijano uno de mis alumnos más queridos, quien ahora es el percusionista de la internacional orquesta Sonora Tropicana.

Por la tarde cuando llegué al departamento alcancé a ver a Pepe Sulantay que guitarra en mano salía apurado; no hice preguntas ni comentarios para no arruinar alguna sorpresa de mi madre, la curiosidad me mataba y solamente pude advertir que la radiola estaba encendida con un disco del pasodoble “La Zarzamora” que a ella tanto le fascinaba en la voz de Juan Legido, cantante de Los Churumbeles de España.
Estábamos preparándonos para disputar la Copa Campeonísimo que por cierto la ganamos al FAS, pero eso no fue obstáculo para que no celebráramos el título.
Por eso no me extrañé tanto cuando al siguiente día al llegar al departamento vi los carros de los muchachos; el Isuzu Velet de Sulantay, el Impala de Wil Rodríguez, el Karmann Ghia de Adonay Castillo, el Bel Air de “Patagorda” Morales, el Austin Cooper de Cortez Méndez, el Mazda del Chele Sepúlveda, el Chevy de Villalta, el Volvo de don Hernán, el Datsun de Sergio Méndez, el Opel de Guillermo Castro, el Volkswagen de la “Tuca” Gómez. De algún modo se habían acomodado y ya tomaban refrescos de ensalada, horchata, cebada y comían sus panes con galina.
De pronto el Pepe Sulantay quien era diestro con la guitarra y tenía una voz a lo Julio Jaramillo comenzó a cantar acompañado de mi hermana Mercy.
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Con la melodía de La Zarzamora, mi madre había hecho una parodia narrando el partido ante el Once Municipal. Y acá traigo a cuentas las líneas.
-“A la cancha de Flor Blanca, entre cohetes y petardos hacía su ingreso el Marte; muy seguro se sentía que al final de la jornada, alzaría su estandarte.
Pero el rival se le opuso y ¡olé! y, gran sorpresa les dio, ya que en la primera etapa y ¡olé!, con dos goles les ganó.
Decía Santa Ana seremos campeones, cuando los canarios estaban ganando, pero los adeptos del Marte confiaban, de que sus muchachos saldrían triunfando.
¡Qué pasa con los marcianos que están fallando decían todos los locutores!, no los vemos como siempre con sus arranques y sus jugadas de triunfadores.
Pero en la segunda parte el panorama cambió, pues el técnico Carrasco hizo un cambio y acertó; era el profesor Cañadas, hombre clave en la jugada, quien al ingresar al campo hizo gala de instrucciones del gran Carrasco Vivanco.
Fue al minuto 14 que en jugada muy preciosa, se anotaba el primer tanto, por Sepúlveda marcado ese gol tan esperado por toda la afición marciana, de nuevo fue la confianza y ¡olé!, que tenía la afición y al minuto 27 y ¡olé!, con otro gol se empató. Llevaba la firma de Sergio Méndez, aprovechando linda jugada, que muy calmado y magistralmente se la sirvió el puntero Cañadas.
¡Qué pasa con los tigrillos que a todas horas lloran que lloran por los rincones!, ellos que siempre reían y presumían de que serían nuevos campeones.
Todo esfuerzo les fue en vano, ni el dinero les valió, pues todo el triunfo soñado poco tiempo les duró. Que soporten su fracaso y haga méritos el Marte, pues fueron los triunfadores y seguros siempre estuvieron de llegar a coronarse.
Cuando sonaba el pitazo y el partido terminaba, llegóse el momento ameno, reconociendo el esfuerzo, dinamismo y entusiasmo del gran maestro chileno.
¡Viva el Atlético Marte!, y ¡olé!, nuestro campeón nacional, viva Carrasco Vivanco y ¡olé!, entrenador sin igual”.
Hoy después de tanto tiempo, siempre me conmuevo al advertir de lo que es capaz una madre, mi madre, para ver realizado a un hijo enfermo de fútbol, sabiéndolo plenamente feliz, pues comparte con sus amigos algo que solamente pudo haberlo hecho Dios y que para ello destinó a la bendita pelota.
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