“Ellos siguen aquí, ante nosotros -concluí-. Aunque no nos veamos ni podamos rozar nuestras orillas. Pero sus miradas, huestes e imágenes, están ante las nuestras. Tanto sus dioses y códices grabados en la piedra, permanecen inscritos ante el cosmos. Sus templos altivos -intactos en la memoria universal- eternizan su imborrable presencia”








