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Rafael Obando expone cómo las mujeres racializadas desafiaron al poder colonial en Centroamérica

El antropólogo Rafael Obando Andrade analiza en su investigación cómo las mujeres racializadas en la Centroamérica colonial utilizaron la medicina herbal, la sexualidad y las creencias mágicas para sobrevivir y ganar poder.

Las castas en la Mesoamérica colonial
Parte de un cuadro de autor desconocido del siglo XVIII, al óleo, que describe las 16 diferentes castas en la Nueva España. Foto / Wikipedia

En la historiografía tradicional centroamericana, la presencia de las mujeres afrodescendientes e indígenas ha sido relegada sistemáticamente a los márgenes.

Sin embargo, el Dr. Rafael Ángel Obando Andrade —docente de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla, España), doctor en Historia de América y cofundador de la Red para los Estudios Afrocentroamericanos— desmonta esta creencia en su libro Africanas y otras mujeres racializadas: violencia y resiliencia en la Centroamérica de los siglos XVI-XVII. Apuntes para su estudio (2025).

Esta investigación examina las estrategias cotidianas de supervivencia desplegadas por esclavas, horras, mulatas e indígenas en el istmo. Frente al dominio estamental y patriarcal, estas mujeres apelaron al dominio de saberes curativos, las prácticas mágico-religiosas y el uso estratégico de su sexualidad para subvertir las jerarquías impuestas.

Al dominar remedios y rituales, generaron una dependencia en las élites criollas y peninsulares, transformando la llamada «hechicería» en un tribunal informal de negociación y contrapoder.

Antropólogo Rafael Obando
Rafael Obando es profesor en Antropología Social y Cultural en la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla, España). Foto / cortesía del investigador

Asimismo, la obra desarticula el mito historiográfico del El Salvador indomestizo, demostrando que las mujeres afrodescendientes desempeñaron un rol dinamizador fundamental en la economía y sociedad de las Alcaldías Mayores de San Salvador y Sonsonate durante los siglos XVI y XVII.

Africanas y otras mujeres racializadas: violencia y resiliencia en la Centroamérica de los siglos XVI-XVII. Apuntes para su estudio aborda a las mujeres racializadas como protagonistas activas dentro del espacio colonial.

La obra reúne información retomado de archivos regionales y expedientes judiciales —como querellas del Santo Oficio y pleitos de manumisión—, para demostrar cómo estas mujeres crearon mecanismos de resiliencia, agencia política y movilidad social.

Obando Andrade es profesor en Antropología Social y Cultural en la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla, España), licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona y doctor internacional en Historia de América (Premio Extraordinario a la mejor tesis en 2015). Asimismo, es cofundador de la Red para los Estudios Afrocentroamericanos. Sus investigaciones se enfocan en los procesos de integración de afrodescendientes, esclavitud y rutas coloniales.

Entre sus libros destacan Afrodescendientes en los Confines del Imperio: conflicto y paz. 1525-1643 (2020) y De objeto a sujeto: Los esclavos ante la legislación y el poder colonial en Centroamérica 1532-1600 (2019). Para ahondar en su investigación Africanas y otras mujeres racializadas, el intelectual respondió a un conjunto de preguntas de eldiariodehoy.com.

Portada del libro "Africanas y otras mujeres racializadas: violencia y resiliencia en la Centroamérica de los siglos XVI-XVII. Apuntes para su estudio" de Rafael Obando
Portada del libro «Africanas y otras mujeres racializadas: violencia y resiliencia en la Centroamérica de los siglos XVI-XVII. Apuntes para su estudio» (2025). Foto / cortesía del autor

Según lo que leí, en Africanas y otras mujeres racializadas aborda mecanismos de supervivencia como las creencias mágicas o la sexualidad frente a la violencia colonial. ¿De qué manera estas herramientas permitieron a estas mujeres no solo adaptarse, sino dispute o conquistar espacios de poder en una Centroamérica que buscaba subordinarlas?
Las prácticas mágico-religiosas, tanto la medicina herbal como la adivinación así como el uso estratégico del cuerpo y la sexualidad, no debemos de verlas como meras tácticas pasivas de resistencia o resignación frente a un mundo violento y machista como fue el periodo colonial. Por el contrario, esta investigación demuestra que constituían auténticos mecanismos de agencia política y subversión cotidiana con los que las mujeres racializdas tanto africanas, mestizas e indígena enfrentaron el orden patriarcal y estamental de una Centroamérica colonial vigorosamente mezclada.

Y es que, Frente al monopolio institucional de la Iglesia católica y del Santo Oficio, las mujeres racializadas articularon un sistema de saberes curativos, adivinatorios y rituales (a menudo demonizados como «hechicería» o «superstición» por las autoridades episcopales y civiles) que cruzaba las fronteras de casta. Al dominar el remedio para las dolencias físicas, la incertidumbre afectiva o el conflicto doméstico, estas mujeres lograron que miembros de las élites criollas y peninsulares —quienes formalmente ejercían el dominio sobre ellas— recurrieran a su auxilio en la esfera privada.

Este flujo inverso de dependencia transformó el espacio de la hechicería en un tribunal informal de negociación, donde la mujer subyugada adquiría la capacidad de influir en decisiones familiares, debilitar la autoridad del amo o paralizar agresiones físicas mediante la intimidación psicológica y el temor a la represalia sobrenatural.

¿Por qué se ha postergado tanto la inclusión de las mujeres afrodescendientes e indígenas en el relato histórico de la región, y qué tan complejo fue ‘escudriñar’ esos archivos para devolverles su lugar central en el proyecto colonial?
Estoy convencido que la postergación historiográfica de las mujeres afrodescendientes e indígenas en el relato nacional y regional centroamericano no fue un simple descuido metodológico ni una omitting fortuita, ni a un simple vacío erudito; constituyó una estrategia de borrado sistémico indispensable para la consolidación del proyecto colonial y la posterior mitología del Estado-nación criollo. Este libro busca restituir a las mujeres racializadas como sujetos históricos y sacarlas a la superficie historiográfica, pero para ello fue necesario desmantelar dos siglos de sesgos conceptuales y desplegar una profunda relectura crítica de las fuentes primarias.

Miguel Cabrera, “De español y negra. Mulata”, siglo XVIII, óleo sobre tela. Museo de Historia Mexicana.
Miguel Cabrera, “De español y negra. Mulata”, siglo XVIII, óleo sobre tela. Museo de Historia Mexicana. Foto: imagen de carácter ilustrativo y no comercial / https://www.researchgate.net/figure/De-espanol-y-negra-nace-mulata-Galeria-de-Castas-Mexicanas-Museo-de-Historia-Mexicana_fig2_312054291

Dado que las mujeres racializadas raras veces legaron escritos autógrafos, su voz aparece mediada por la pluma del escribano colonial. Reconstruir su protagonismo exigió interceptar su agencia en los resquicios de la documentación judicial: en las querellas del Santo Oficio por «hechicería», en los pleitos por manumisión, en los expedientes criminales y en las disputas por el amancebamiento. Escudriñar el archivo implicó despojar al expediente del lenguaje “criminalizador” y machista para rescatar la elocuencia, el descaro y la sagacidad jurídica con que estas mujeres litigaron e intimidaron a sus acusadores.

Una obra de este tipo exige una recomposición microhistórica de los documentos tanto de la burocracia imperial, como de los locales. Las huellas de las mujeres racializadas yacen fragmentadas en libros de castas, fe de bautismos, cartas de libertad y protocolos de compraventa. El mérito metodológico reside en el cruce prosopográfico de estos indicios esparcidos para reconstruir biografías colectivas. Lo que la historiografía tradicional desestimó como «aberraciones procesales» o «anécdotas marginales» emerge, bajo este análisis, como una red estructural de contrapoder y supervivencia.

En mi opinión, la inclusión tardía de las mujeres racializadas en la historia regional obedece a que su figura resulta profundamente incómoda para el relato patriarcal y estamental. Por ello, la labor de escudriñar el archivo no es un mero rescate documental, sino una operación de justicia epistémica: demuestra que la sociedad colonial centroamericana no solo estuvo atravesada por la presencia de estas mujeres, sino que su dinámico accionar fue el verdadero motor de fricción, negociación y cambio en la vida cotidiana del reino de Guatemala.

En El Salvador ha persistido por generaciones el mito de la supuesta ausencia de personas afrodescendientes en suelo nacional. Desde tus hallazgos sobre los siglos XVI y XVII en el istmo, ¿cómo se manifestaba la presencia de las mujeres africanas y mulatas en el territorio que hoy es El Salvador y qué huellas cotidianas dejaron en nuestra estructura social?
En relación a ello, solo puedo decir que el mito del “El Salvador indomestizo” o libre de componentes afrodescendientes no es un fenómeno espontáneo, sino una cuidada construcción ideológica del Estado-nación entre los siglos XIX y XX, orientada a proyectar una imagen de homogeneidad racial mediante el borrado historiográfico.

«En mi opinión, la inclusión tardía de las mujeres racializadas en la historia regional obedece a que su figura resulta profundamente incómoda para el relato patriarcal y estamental. Por ello, la labor de escudriñar el archivo no es un mero rescate documental, sino una operación de justicia epistémica».

Rafael Obando Andrade

Este libro desarticula esta ficción al demostrar que la presencia y la praxis cotidiana de las mujeres racializadas ya fuesen indígenas, mestizas o afrodescendientes fueron componentes constitutivos y dinamizadores de la estructura socioeconómica de la Alcaldía Mayor de San Salvador y de la Alcaldía Mayor de Sonsonate. No olvidemos que durante los siglos XVI y XVII, la inserción de la mano de obra africana en la provincia de San Salvador y Sonsonate obedeció a la intensificación de las economías de extracción y exportación —especialmente el ciclo del añil (Xiquilite) y la minería—, combinada con la catástrofe demográfica que había sufrido la región debida a la colonización y conquista española.

Podemos decir que este libro confirma que el territorio que hoy ocupa El Salvador jamás estuvo exento de la huella afro. Las mujeres africanas y mulatas no solo estuvieron físicamente presentes, sino que su trabajo, su medicina, su comercio y su gestión de la vida afectiva estructuraron las bases cotidianas de la sociedad salvadoreña colonial. El mito de su ausencia es, en última instancia, el triunfo de un relato estatal que intentó invisibilizar a quienes fueron arquitectas indispensables de la realidad regional.

¿De qué forma la resiliencia de las mujeres racializadas en la época colonial salvadoreña contrarresta las narrativas oficiales que históricamente han negado la herencia afrodescendiente en El Salvador?
La noción de «resiliencia» yo la utilizo en el libro, no como una mera adaptación pasiva al sufrimiento, sino como una praxis de contrapoder, agencia política y preservación de la vida, constituye la herramienta analítica fundamental para desmantelar las narrativas edificadas en los estados nación centroamericanos, entre ellos El Salvador, durante los siglos XIX y XX acerca del mito de la homogeneidad mestiza y la negación de la africanidad.

"De Español y de India, Mestiza" de Miguel Cabrera, Museo de Historia Mexicana.
«De Español y de India, Mestiza» de Miguel Cabrera, Museo de Historia Mexicana. Foto / Wikipedia

Al situar el accionar de las mujeres africanas, mulatas y pardas de los siglos XVI y XVII en el centro de la dinámica colonial de las Alcaldías Mayores de San Salvador y Sonsonate, su resiliencia despliega una triple impugnación contra el relato negacionista estatal:

1 Por un lado tenemos que frente a la narrativa del “No hay afrodescendientes en El Salvador”, la resiliencia de estas mujeres fue motor del mestizaje real. No olvidemos que durante años, la historiografía oficial pretendió justificar la supuesta «ausencia afro» en El Salvador mediante el argumento de una baja cuota de importación de mano de obra esclavizada o su rápida desapareción. Sin embargo, la evidencia archivística demuestra que la resiliencia de las mujeres racializadas articuló la supervivencia física y comunitaria a través de: estrategias de manumisión y movilidad social; mediante la acumulación de peculios en el comercio minorista, el litigio en las audiencias y la negociación de linajes con hombres libres o de las élites, estas mujeres garantizaron la libertad de sus descendientes. La maternidad estratégica: al unirse con indígenas y mestizos, las mujeres afrodescendientes no solo eludieron la perpetuación de la condición servil para sus hijos (bajo el principio del partus sequitur ventrem), sino que engendraron al denso estrato «pardo» y «ladino» que posteriormente el Estado decimonónico reclasificó bajo el manto uniforme del «mestizo indomestizo». Su resiliencia no borró la huella africana; la diseminó biológica y culturalmente en la masa poblacional salvadoreña.

2 Frente a la narrativa de la «pasividad subalterna», la resiliencia como agencia y subversión. El relato criollo tradicional representó a la población afrodescendiente —cuando no la invisibilizó— como una masa cautiva, anónima y desprovista de iniciativa histórica. Pero como podemos ver a lo largo de esta investigación, las mujeres racializadas contravinieron esta lógica mediante una resiliencia táctica cotidiana. Desafío al monopolio institucional: frente al control punitivo de las autoridades eclesiásticas y civiles, construyeron redes informales de poder a través de la medicina herbolaria, la partería, los ritos de sanación y la adivinación. La dependencia que las propias élites criollas tenían de estos saberes transformó el espacio de la «hechicería» en una trinchera de intimidación psicológica y negociación política.Ocupación de la esfera pública: al apoderarse de la microeconomía urbana —los mercados, las plazas de abasto y las rutas de comercio menor—, las mulatas y pardas conquistaron una autonomía financiera que convirtió a la calle en un territorio de sociabilidad y contrapoder femenino inalcanzable para la normativa estamental.

«Las mujeres africanas y mulatas no solo estuvieron físicamente presentes, sino que su trabajo, su medicina, su comercio y su gestión de la vida afectiva estructuraron las bases cotidianas de la sociedad salvadoreña colonial».

Rafael Obando Andrade

3 Frente a la narrativa de la «aculturación total», la resiliencia como archivo vivo y memoria intangible, recordemos que el discurso del Estado-nación sostuvo que las tradiciones africanas desaparecieron sin dejar rastro en suelo salvadoreño. La resiliencia de estas mujeres refuta esta premisa al revelar que la cultura afrodescendiente no se extinguió, sino que se codificó en la trama misma de la cotidianidad: Sincretismo y religiosidad popular: la manipulación de lo sagrado, la Devoción a los santos con matices rituales propios y las prácticas curativas que persisten en la cultura popular salvadoreña son el resultado directo de la resistencia epistémica de curanderas y ensalmadoras de los siglos XVI y XVII. Estructuras de solidaridad femenina: la centralidad de la mujer en la gestión del hogar, la red de apoyo comunitario y las formas de resistencia frente a la violencia patriarcal heredadas en la sociedad salvadoreña contemporánea hunden sus raíces en los modelos de supervivencia desplegados por las mujeres afroindígenas durante la colonia

En conclusión: La resiliencia de las mujeres racializadas en la época colonial es la prueba documental y material que invalida la narrativa oficial del El Salvador «sin afrodescendientes». Su agencia histórica demuestra que la africanidad salvadoreña no fue destruida ni erradicada; fue intencionalmente ocultada por un proyecto de Estado que necesitó negar a las arquitectas de su estructura social para poder dominar sobre sus legados.

A finales de agosto pasado se conmemoró el Día Internacional de las Personas Afrodescendientes, ¿qué lección fundamental nos ofrece el estudio de la resistencia histórica de estas mujeres coloniales para las luchas contemporáneas por el reconocimiento, la identidad y los derechos de la población afrocentroamericana actual?
En el contexto del Día Internacional de las Personas Afrodescendientes, Este libro ofrece un marco teórico fundamental para el pensamiento crítico contemporáneo, al demostrar que la praxis histórica de estas mujeres ofrecen lecciones clave para las luchas actuales por la identidad, la justicia epistémica y los derechos humanos de las poblaciones afrocentroamericanas. La praxis histórica de estas mujeres ofrece lecciones clave para las luchas actuales por la identidad, la justicia epistémica y los derechos humanos de las poblaciones afrocentroamericanas.

Podemos sacar varios ejemplo en la lección histórica: lLas mujeres afrodescendientes de los siglos XVI y XVII demostraron que resistir al sistema colonial no consistía únicamente en la insurrección abierta, sino en la ocupación y manipulación táctica de las grietas de la institucionalidad. Al litigar en las audiencias, instrumentalizar las costumbres jurídicas, apoderarse de la microeconomía de mercado en las plazas y ejercer el monopolio de la medicina y el poder simbólico, transformaron su presunta marginalidad en una posición de centralidad operativa.

“De coyote e india. Chamizo”, siglo XVIII, óleo sobre tela del pintor Miguel Cabrera.
“De coyote e india. Chamizo”, siglo XVIII, óleo sobre tela del pintor Miguel Cabrera. Museo de Historia Mexicana. Foto: imagen de carácter ilustrativo y no comercial / https://www.facebook.com/photo/?fbid=1304077811749259&set=a.358435536313496

Por otro lado podemos hablar del impacto contemporáneo: Para el movimiento afrocentroamericano actual, esto enseña que la agenda por los derechos no debe plantearse desde la subordinación ni desde la mera petición de inclusión en un sistema excluyente. La lucha contemporánea exige disputar y reconquistar espacios de poder real —económico, político, académico y cultural—, reconociendo que las comunidades afrodescendientes han sido y son agentes activas de transformación social, no meras receptoras de políticas públicas. También debemos de hablar de la deconstrucción del Mito Negacionista: La invisibilización de la africanidad en países como El Salvador y en el resto del istmo centroamericano no fue un olvido accidental, sino un dispositivo estatal de borrado eugenésico y blanqueamiento ideológico orientado a legitimar la hegemonía criolla y el mito del «mestizaje armónico».

Y no olvidemos que la resistencia colonial documentada en este libro ofrece las herramientas críticas para fundamentar la reparación histórica y el reconocimiento constitucional. Las luchas de hoy encuentran en el archivo colonial la prueba irrefutable de que la identidad afrocentroamericana no es un fenómeno periférico ni reciente, sino una matriz constitutiva de la regionalidad. Reconocer esta verdad histórica es un requisito indispensable para desmantelar el racismo estructural y las narrativas de la homogeneidad nacional. Y es que, Mucho antes de que la teoría académica contemporánea acuñase el término interseccionalidad, las mujeres racializadas vivieron y enfrentaron la imbricación simultánea de tres opresiones estructurales: el estigma racial de la casta, la dominación de clase y la violencia patriarcal del sistema colonial. Su respuesta no fue fragmentaria; articularon alianzas interétnicas con poblaciones indígenas y mestizas, tejieron redes de apoyo y defendieron su autonomía.

Si hablamos del impacto contemporáneo: podemos decir que las reivindicaciones de las mujeres afrocentroamericanas del siglo XXI deben posicionarse desde un feminismo antirracista y decolonial articulado. La lucha contra el racismo no puede desvincularse de la erradicación de las violencias de género, la defensa del territorio y la superación de las desigualdades económicas que continúan afectando desproporcionadamente a las mujeres racializadas en la región.

En conclusión: la lección transversal que legaron las mujeres afrodescendientes del periodo colonial es que la dignidad y la identidad no se negocian ni se reciben como concesiones del Estado; se afirman, se ejercen y se defienden activamente. Su memoria histórica no es una reliquia estática, sino una pedagogía de la liberación que dota a las comunidades afrocentroamericanas actuales de la legitimidad histórica para exigir el pleno reconocimiento, la justicia decolonial y el lugar protagónico que por derecho les corresponde en el presente y futuro de la región.

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