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El desaparecido monumento al prócer Simeón Cañas que unió a tres artistas

En este mes cívico de 2026, rememoramos el desaparecido monumento a José Simeón Cañas, un santuario a la libertad erigido en los años 70 que unió el talento de tres grandes artistas salvadoreños, en los terrenos de la Asamblea Legislativa.

Folleto sobre el monumento homenaje para el prócer Simeón Cañas de 1973
Portada del folleto sobre el monumento homenaje para el prócer Simeón Cañas de 1973. Foto / cortesía

Septiembre evoca la memoria cívica de El Salvador y las gestas de sus próceres.

Entre ellos resalta la figura del presbítero viroleño José Simeón Cañas y Villacorta, cuyo célebre discurso pronunciado el 31 de diciembre de 1823 ante la Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América exigió la liberación incondicional de los esclavos.

Hay que enfatizar, que la iniciativa de Cañas precedió por cuatro décadas a la Proclamación de Emancipación decretada por Abraham Lincoln en Estados Unidos en 1863, posicionando a Centroamérica a la vanguardia de la lucha por la dignidad humana en el continente.

En 1973, a 150 años de su famoso discurso, surgió un proyecto conmemorativo que no solo pretendía perpetuar la figura del prócer, sino crear una síntesis entre arquitectura moderna, cerámica tradicional y escultura monumental.

José Simeón Cañas pidiendo el fin de la esclavitud en 1823
Pintura de Luis Vergara Ahumada. Muestra al diputado, José Simeón Cañas promulgando su famoso discurso del 31 diciembre de 1823, en la Asamblea Nacional Constituyente, solicitando el voto para la abolición de la esclavitud. Foto / Wikipedia

Durante varios años, tres destacados profesionales salvadoreños unieron sus visiones para dar vida a un edificio cargado de simbolismo que, con los años, terminaría sepultado por el olvido y la transformación urbana.

El certamen nacional del 73 para el diseño de la obra fue otorgado al arquitecto Francisco Victoriano Ferri Silva, cuya propuesta consistió en un edificio de 450 metros cuadrados en forma de pirámide maya de 15 metros de altura, diseñado para albergar un museo y centro de documentación histórica.

La estructura emulaba el legado precolombino en su base de piedra vista, mientras que su cuerpo ascendente de concreto simbolizaba la evolución del pensamiento centroamericano hacia la verdad y la superación, según detalle en un folleto sobre el monumento publicado en esa época.

El inmueble ocupó un área de 5,600 metros cuadrados rodeada de jardines en la Plaza Cívica del Centro de Gobierno, teniendo como fondo natural la silueta del volcán de San Salvador.

Monumento homenaje al prócer Simeón Cañas de 1979
El monumento homenaje, destinado a ser un museo, fue inaugurado en 1979, seis años después del certamen. Acá una fotografía mejorada con herramientas de IA. Foto EDH / Archivo

El mural de arcilla de César Sermeño

Uno de los elementos más deslumbrantes del complejo fue su mural cerámico de 46 metros cuadrados en la entrada principal. El ceramista César Vitorino Sermeño emprendió esta titánica labor en 1976 en el taller de su residencia, hace 50 años.

Durante un año y medio, Sermeño moldeó, enumeró y decoró a mano cerca de 5,000 placas de arcilla blanca con óxidos minerales. Cada fragmento fue horneado a 1,960 grados Fahrenheit antes de ser trasladado al Centro de Gobierno, donde se colocó pieza por pieza durante ocho días.

La obra, titulada Homenaje a la Evolución del Hombre Centroamericano a través del Tiempo, plasmaba la narrativa del territorio desde Quetzalcóatl y el Sol Maya hasta la época moderna, encarnada en una alegoría femenina de la Patria rodeada de café, bálsamo y maíz.

La expresividad de Rubén Martínez Bulnes

En el corazón del recinto reposaba la obra del arquitecto y escultor Rubén Martínez Bulnes. Su pieza central era una imponente escultura en hierro dulce de 4.5 metros de largo, trabajada de forma directa sin moldes de vaciado.

Vitrales del monumento homenaje al prócer Cañas de 1979
El monumento incluyó vitrales del maestro Rubén Martínez Bulnes, de los que nada se sabía en 2024. Foto / cortesía de Grace Martínez

La figura representaba al prócer Cañas en condición extenuada pero con movimiento ascendente hacia la luz, simbolizando el despojo de sus bienes terrenales para dar la libertad a los desposeídos.

Martínez Bulnes concibió también los vitrales de los ventanales laterales del edificio, cuyas formas geométricas de vidrio coloreado filtraban la luz natural para irradiar un ambiente de recogimiento y reflexión histórica.

Un legado que trasciende al concreto

Inaugurado formalmente en 1979, el Monumento a José Simeón Cañas constituyó una de las obras de arte público más complejas e integradas de la plástica salvadoreña del siglo XX.

Vista aérea del monumento conmemorativo al prócer Cañas de 1979
Vista área captada en Google Map del monumento conmemorativo al prócer Cañas de 1979, en el terreno de la Asamblea Legislativa. La edificación fue demolida. Foto / EDH

Aunque el tiempo, el paulatino abandono y la demolición de la estructura para espacio vehicular terminaron por fragmentar el conjunto —destruyendo el mural cerámico y dispersando la escultura e icónicos vitrales—, la memoria del proyecto permanece intacta en la memoria y el archivo histórico.

En este mes de la Independencia, recordar el esfuerzo de Ferri Silva, Sermeño y Martínez Bulnes es invocar también el ideal del prócer Cañas: que los grandes homenajes a la patria se construyen con dedicación, visión humanista y amor por el arte.

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