¿Le ha ocurrido a usted alguna vez que escucha una canción que le desagrada, que le cae mal; tal vez solo una fracción de ésta, pues se apresura a cambiar la estación de radio, y sin embargo la pasa taradeando todo el día? Se le ha metido en la cabeza y no la puede sacar. Pues esa es la forma más sencilla de pensamiento obsesivo. No es que esté enfermo, es una experiencia que nos ocurre a casi todos.
Algunos pensamientos obsesivos no son tan benignos, y pueden ocasionar ansiedad. La idea de saltar cuando se está a una gran altura o de herir a alguien con un cuchillo afilado. No son ideas suicidas u homicidas, pues lo menos que la persona quiere es morirse o lastimar a alguien; es más, lo que hace es alejarse del precipicio o alejar de sí el cuchillo. Son ideas obsesivas también, ideas intrusivas, no deseadas, y perturbadoras. Cuando ocurren ocasionalmente y desaparecen al poco tiempo, no hay motivo de preocupación, pero cuando son intensas, persistentes y consumen mucho tiempo, puede tratarse de un trastorno obsesivo-compulsivo (o TOC).
El TOC tiene dos componentes, las ideas obsesivas de las que ya aludimos someramente, y las compulsiones, que son conductas repetitivas o actos mentales que se realizan como respuesta a las obsesiones y que tienen como objetivo aliviar la ansiedad.
Existen muchos tipos de ideas obsesivas, que emergen por factores diversos. Las más comunes son las de contaminación (pensar que todo está contaminado por agentes dañinos); las de agresión (hacia la misma persona u otros); las de inseguridad, las de contar, las religiosas y las de autosabotaje.
Las de conteo se caracterizan por contar todas las acciones o hacer una acción en un número determinado de partes; las religiosas pueden ser de ideas o imágenes blasfemas (ya hemos dicho que las obsesiones son indeseadas y perturbadoras); las de autosabotaje consisten en ideas de hacer fracasar cualquier objetivo propuesto.
Luego están las compulsiones. En el caso de las ideas de contaminación, la persona se puede lavar las manos con una frecuencia e intensidad que no es razonable, o tomar el pan con guantes o servilletas.
En los casos de ideas de inseguridad, la persona puede chequear constantemente que la puerta esté bien cerrada o la estufa apagada; las religiosas pueden acompañarse de rezos o rituales.
Otras compulsiones consisten en musitar ciertas frases o efectuar alguna acción que, en la mente de la persona, tiene efecto neutralizante. No debe confundirse el trastorno obsesivo-compulsivo con los rasgos de personalidad obsesivos o con el trastorno obsesivo de personalidad. Pueden tener relación pero no son lo mismo.
Las personalidades obsesivas son aquellas en las que hay una tendencia marcada hacia el orden, la limpieza y la simetría. La diferencia entre rasgo de personalidad y trastorno es la severidad.
El trastorno obsesivo-compulsivo es una condición grave. Ocasiona mucho malestar y puede desencadenar desórdenes asociados como depresión y ansiedad severa. Frecuentemente inicia en la niñez o adolescencia, pero puede presentarse en la vida adulta. Afecta marcadamente la autoestima y la autoimagen y, si no se trata, puede tomar una evolución crónica. Existe un dato interesante con esta condición.
A pesar de que para otros las personas con TOC tienen ideas extrañas, extremas o agresivas, generalmente son bastante pacíficas, cordiales y amables. Esto podría considerarse una contradicción, pero las mismas características de la afección hacen que piensen cosas que son contrarias a su naturaleza.
Médico Psiquiatra.