Hoy en día el capital internacional y los viajeros de alto valor no solo buscan países idílicos: también buscan destinos alineados con los criterios ESG
Hoy en día el capital internacional y los viajeros de alto valor no solo buscan países idílicos: también buscan destinos alineados con los criterios ESG
Lograr que El Salvador aparezca en el mapa del turismo internacional y se posicione como destino turístico requiere grandes esfuerzos. Es un proceso que avanza por etapas, con planificación, logros y metas en las que no se puede retroceder, sobre todo porque hay países vecinos que son potencias turísticas, como Guatemala, Costa Rica y Panamá.
Sin duda, el estigma de la violencia, desde el conflicto armado y, posteriormente, la encarnizada violencia de las pandillas, proyectaba una mala imagen a nivel internacional y hacía que El Salvador no fuera atractivo y quedara ignorado como destino turístico. A medida que ese clima de inseguridad se fue transformando, también se fue moldeando una nueva imagen del país y de su marca. Esta renovación en el contexto turístico ha permitido avanzar y lograr un posicionamiento de El Salvador bastante admirable, incluso sorprendente: resurgir de las cenizas de la violencia.
El Salvador es particularmente interesante por su extensión territorial y sus características geográficas. La interconexión de sus carreteras permite recorrer el país en menos tiempo y conocer más destinos, como las zonas montañosas, la región central y el litoral del Pacífico. Todo ello contribuye a que la experiencia turística sea satisfactoria.
Sin duda, los planes turísticos del país apuntan a la zona litoral, a exaltar el surf y a crear un imán turístico mediante infraestructura, circuitos turísticos, nueva nomenclatura, reordenamiento territorial, ordenanzas municipales y fomento de inversiones, entre otras iniciativas.
La cultura del surf no es nueva en el país ni se trata de un descubrimiento reciente. Su práctica en las olas salvadoreñas data de mediados de los años cincuenta.
A lo largo de los años, esta actividad ha involucrado a visitantes, propietarios de inmuebles —como ranchos de playa—, comunidades, pescadores, lancheros y marineros. También han surgido figuras representativas de este deporte, como el campeón Bryan Pérez. En mis años de juventud, recuerdo a una joven promesa del surf a quien conocí mientras estudiaba en el Colegio Santa Cecilia: Alex Novoa, campeón de surf en numerosas categorías durante los años Noventa. Se le considera un atleta multidisciplinario y, por lo tanto, una gloria del surf nacional.
Surf City es una propuesta turística hecha realidad que comprende sitios muy reconocidos por su excelente ubicación geográfica y su clima, como Punta Roca, El Tunco, El Sunzal, El Zonte, El Cocal, San Blas, entre otros. También incluye el Puerto de La Libertad, la capitanía, el nuevo muelle, el Mercado del Mar y Sunset Park.
Esta atracción turística, por supuesto, genera un gran impacto ambiental. Aunque no es un fenómeno nuevo, en la actualidad se ha intensificado, sobre todo en lo relacionado con los desechos sólidos. Entre los factores que agravan el problema están la falta de cultura ambiental de algunos turistas, que dejan basura en los lugares que visitan; la insuficiencia de recipientes para depositarla y la imposibilidad de prohibir el plástico de un solo uso en la franja litoral. Todo ello constituye una amenaza directa para la vida marina.
Otro factor importante es el de las aguas residuales, especialmente ante las nuevas inversiones y la falta de plantas de tratamiento. Cuando hablamos de inversiones, nos referimos a proyectos hoteleros, urbanísticos y de otra índole que sobrepasan la capacidad de tratamiento de las aguas residuales, las cuales, como ocurre habitualmente, terminan desembocando en el océano.
Como ocurre con todo proyecto de desarrollo con impacto ambiental, es evidente que se deteriorará el suelo, habrá deforestación y se producirán cambios en el paisaje. También aumentarán las áreas vulnerables, mientras que los planes de contingencia ante los fenómenos naturales y los efectos del cambio climático, como suele suceder, podrían no tomarse en cuenta.
Hay que tener claro que el desarrollo de una zona como La Libertad Costa tiene sus pros y sus contras. La gentrificación es uno de los fenómenos que impactan a las comunidades. A ello se suma la disparidad de precios para turistas nacionales y extranjeros; la llamada «diáspora» en la oferta hotelera y restaurantera; los precios extremadamente elevados; la disparidad en el mercado inmobiliario; la privatización del espacio público y el encarecimiento del costo de vida, entre otros factores.
Como propuesta de este columnista a las autoridades, considero importante aplicar a estos proyectos e iniciativas turísticas los criterios ESG (Environmental, Social and Governance; en español, ambientales, sociales y de gobernanza), así como promover la contratación local en condiciones justas.
Porque, aunque no lo parezca, hoy en día el capital internacional y los viajeros de alto valor no solo buscan países idílicos: también buscan destinos alineados con los criterios ESG. En el entorno global, la sostenibilidad ya no es un accesorio estético, sino una métrica de viabilidad financiera.
Experto en descarbonización y estructuración de proyectos ambientales.
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