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¿Una verdadera adicción?

Algo que hace dudar a los expertos sobre si la compulsión por las redes sociales es una adicción es el hecho de que puede desaparecer rápidamente cuando las modas cambian, lo que no sucede con las adicciones clásicas.

Una de las causas más frecuentes de accidentes de tránsito es la distracción de los conductores al concentrarse en el teléfono celular. Mientras circulan, van pendientes de las redes sociales, leen mensajes o incluso los contestan.

Los cangrejos pueden ver dos lugares a la vez, pero los que conducimos no somos cangrejos y solo podemos enfocar un punto a la vez, o vemos el celular o vemos la calle. Ignorar esta realidad es buscar el desastre.

Las familias conversan cada vez menos. Aun estando reunidos, cada miembro tiene la mirada fija en su teléfono, y cada uno está mentalmente en un mundo distinto. Se combina el trabajo con las redes sociales, y estas cada vez le ganan más en tiempo y, por supuesto, en productividad. Con las horas que se dedica a la navegación en unos cuantos meses ya se podría haber adelantado bastante en aprender otro idioma, sacar algunas materias en la universidad, producir o al menos dormir más.

En los últimos años se ha intentado conocer si existe la adicción a las redes sociales. Esta presunta patología todavía no figura en los manuales diagnósticos psiquiátricos, como el DSM-5 de la Asociación Americana de Psiquiatría o el ICD-11 de la Organización Mundial de la Salud. Algunos expertos ya la reconocen pues tiene importantes puntos en común con otras adicciones formalmente aceptadas como la adicción al juego y a las sustancias.

Se ha determinado que en las conductas adictivas se libera en el cerebro gran cantidad de dopamina, un neurotransmisor que se asocia al placer y la recompensa. El cerebro del jugador al apostar y del alcohólico al beber liberan dopamina; y ésta estimula zonas de placer, induciendo a que la experiencia se mantenga o se repita. Y no es que la dopamina sea dañina, por el contrario, este neurotransmisor ha sido esencial para las especies, haciendo que resulten placenteras conductas como comer, abrigarse, formar relaciones, reproducirse; que cumplen los dos principales objetivos de todo ser viviente: sobrevivir y mantener la especie. Pero la dopamina también se libera en conductas que pueden resultar negativas, como las adicciones.

Cuando se produce un exceso de uso, la dopamina se agota, y la persona adicta puede incrementar el consumo buscando el placer que antes sintió o experimentar síntomas diversos, como ansiedad, irritabilidad y depresión. No todas las redes sociales tienen el mismo potencial de uso excesivo. Muchas resultan ya esenciales para la vida moderna y no representan riesgo. Se ha ido conociendo que las más adictivas son las que generan curiosidad, son de contenido imprevisible, que se manejan en base al desplazamiento (scrolling). Los programadores usan algoritmos para detectar qué es lo que llama la atención del usuario y simplemente le ofrecen más.

Algo que hace dudar a los expertos sobre si la compulsión por las redes sociales es una adicción es el hecho de que puede desaparecer rápidamente cuando las modas cambian, lo que no sucede con las adicciones clásicas. Otro punto es que su control puede ser menos complicado. El restringir el uso a cierta cantidad de tiempo diario, las restricciones a los menores de edad o en los ambientes académicos o escolares, se está comenzando a probar. Es de observar qué efectos produce.

Médico Psiquiatra.

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