Mayer rescata la mitología salvadoreña en su ópera prima «La Sigua», un thriller que transforma el mito de La Siguanaba en un asesino serial que confronta nuestros propios monstruos en la era digital.
Mayer rescata la mitología salvadoreña en su ópera prima «La Sigua», un thriller que transforma el mito de La Siguanaba en un asesino serial que confronta nuestros propios monstruos en la era digital.

En la tradición literaria salvadoreña, Miguel Ángel Espino describió en su Mitología de Cuscatlán a Sihuehuet —la «mujer hermosa»— como un ente condenado por su descontento y su infidelidad. Su castigo divino, transfigurado en la monstruosa Siguanaba, no fue únicamente una transformación física de rostro cadavérico y pechos languidecidos; terminó convirtiéndose en un dispositivo de control social, analizado en muchas ocasiones por diversidad de estudiosos.
Antropológicamente, La Siguanaba encarnó el reproche colectivo contra la infidelidad masculina y el quiebre de la moral familiar. Era el recordatorio ancestral de que el deseo sin límites conllevaba la perdición.
Varias décadas después, en una era hiperconectada donde los miedos colectivos ya no se transmiten en el pozo del pueblo ni en relatos de sobremesa, sino entre algoritmos, Inteligencia Artificial (IA) y redes sociales, el mito cuscatleco corre el riesgo de quedar reducido a la categoría de meme o contenido fugaz de TikTok.
Sin embargo, la carga simbólica de la popular leyenda local permanece intacta: el monstruo como espejo de nuestros propios actos.

Sobre este terreno edifica su ópera prima el publicista y creador del Comic Con El Salvador, Iván Mayer. Publicada en 2025 como un thriller de suspenso ambientado en el San Salvador de 1988, La Sigua despoja al personaje de su plano meramente fantástico para insertarlo en la criminología y el quehacer psicológico.
En la obra de Mayer, el castigo a la infidelidad ya no proviene de una maldición divina en el río, sino de la mano de un asesino en serie de carne y hueso que firma sus crímenes bajo el nombre del legendario espectro.
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En el marco del mes del terror, rescatar esta lectura de narrativa nacional permite reflexionar sobre la vigencia del suspenso cuscatleco.
A continuación, compartimos la entrevista con Iván Mayer sobre los orígenes de La Sigua, la psicología del asesino y la importancia de seguir contando nuestras propias historias.
Esta es tu ópera prima. ¿Quién es Iván Mayer fuera de las páginas y por qué decides debutar con una historia que mezcla criminología, suspenso y una leyenda que nos daba miedo de niños como La Siguanaba?
Pues la mayor parte de mi vida he sido publicista y siempre me fascinó la comunicación en general. De ahí me volví organizador de eventos, como ferias y congresos, y por último doy el salto a escritor. Me considero un goloso de la cultura pop; la disfruto leyéndola, escuchándola, viéndola, coleccionándola, organizándola y ahora hasta creándola.

Sobre el tema de mi primera novela, llegó de la mano de una frase que no me pude quitar de la cabeza una vez apareció, que tiene que ver mucho con El Salvador en mis años de crecimiento: «Yo tenía 10 años la primera vez que vi que mataban a alguien». Esa frase, esa idea, me llevó a una novela de suspenso donde un asesino en serie acecha desde las sombras durante el conflicto armado de El Salvador.
Todos crecimos con la advertencia de no salir de noche porque sale La Siguanaba. En tu novela La Sigua, ¿qué conservas de esa Siguanaba tradicional y qué rompes para volverla atractiva para un lector amante del thriller?
La advertencia no era salir de noche; la advertencia es: si estás casado, no caigas en la tentación de buscar a otra mujer. «No vaya a ser que te salga la Siguanaba». Y mi novela La Sigua castiga, igual que en la leyenda, a aquellos que son infieles. De ahí nace el nombre que este asesino en serie decide tomar.
La mayor atracción sigue siendo ese mensaje de antaño que continúa vigente hoy en día: «Portate bien, o ya sabés».
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Tu propuesta es criminología con toque cuscatleco. ¿Cómo investigaste a tu personaje? Si La Siguanaba tuviera un perfil criminológico real, ¿quién sería: una asesina serial, una justiciera, una víctima con trauma?
Mi investigación viene de cuando la cocinera de mi casa, cuando estaba chiquito, nos contaba estas historias para asustarnos y dejarnos sin dormir en la noche. Pues, igual que todos los asesinos en serie, su perfil es el de una persona que no puede dejar de revivir un evento que le marcó la vida. Recicla una memoria, repitiéndola una y otra vez.
Mucho thriller que leemos viene de fuera. ¿Por qué crees que nuestra mitología —La Siguanaba, El Cipitío, El Cadejo— tiene todo para enganchar al lector actual de suspenso y por qué casi nadie la había explotado así antes?
El suspenso es universal, esa necesidad de ver lo que va a pasar, así que la gente, una vez lo tiene, lo devora. Yo creo que El Salvador, como un lugar y tiempo nuestros, le pone un ingrediente clave para volverse más apetitoso. No es lo mismo algo que pasó en Nueva York o en París que algo que pasó frente a tu casa. Lo nuestro llama y llama con fuerza.
Creo que sí hay bastantes historias dentro de nuestra literatura; la mía es la más reciente.

Si un joven hoy conoce a La Siguanaba a través de tu libro y no como un meme o un video de TikTok, ¿qué te gustaría que entendiera sobre lo que representa realmente La Siguanaba para la mujer salvadoreña y nuestra cultura?
Que la mayor parte de los monstruos que llegan a nuestra casa es porque nosotros los llamamos. Nosotros les dejamos la puerta, o por lo menos una ventana, abierta. Que la mayor parte de nuestros problemas los causamos nosotros mismos, ya sea con nuestra avaricia, codicia, envidia, orgullo, odio o, como en el caso de La Sigua, con nuestra infidelidad.
La Sigua está a la venta en Internacional Libros. Regalos y en plataformas digitales como Amazon. Esta es una lectura recomendadísima para esta época de terror y finados.
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