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TPS: La espera no es un plan

Sería un grave error confundir esta pausa con algún tipo de garantía o promesa de que dentro de algunos meses habrá necesariamente otra extensión

Lic. Sandra Guevara

Durante varias semanas, el 9 de septiembre pasado estuvo marcado en el calendario de miles de salvadoreños como una fecha que podía cambiarlo todo.

Se acercaba el vencimiento de la extensión del TPS y, como suele pasar cuando la incertidumbre se mezcla con la vida migratoria, comenzaron a circular temores, interpretaciones y pronósticos anticipados, en su mayoría alarmistas.

Desde este espacio insistimos entonces en algo sencillo pero importante: mientras no hubiera un anuncio oficial, no correspondía a nadie dar por terminado el programa.

El 9 de septiembre llegó, y la decisión que muchos temían, -por fortuna-, no. El Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos confirmó que, mientras se emite una determinación, los salvadoreños bajo TPS mantendrán su protección, conforme a lo que establece la ley.

Esta noticia ha sido sin duda un respiro, pero esto no es lo mismo que resolver. Y quizás ahí está la reflexión más importante del momento actual. Porque sería un grave error confundir esta pausa con algún tipo de garantía o promesa de que dentro de algunos meses habrá necesariamente otra extensión. Eso depende de decisiones que todavía no conocemos. Lo que sí tenemos claro hoy, es que hay un margen de tiempo, -quizá el último-, pero en temas migratorios, el tiempo no es un detalle menor.

A este momento, muchos afirman que el TPS debería terminar porque El Salvador es hoy un país más seguro, conviene recordar que la designación que ampara a los salvadoreños no nació por razones de violencia. El Salvador fue designado para TPS en 2001 a raíz de la devastación provocada por los terremotos de enero y febrero de ese año. Con el paso del tiempo, las autoridades estadounidenses han evaluado si las condiciones derivadas de esa base persisten. Mientras esa evaluación ocurre, lo responsable a nivel personal es revisar opciones reales y no depender únicamente de la espera.

Durante más de veinticinco años, muchas personas han vivido renovando el TPS y organizando su vida alrededor de cada extensión. Hasta cierto punto es comprensible -si no había otras opciones migratorias- y porque para algunos parecía que siempre habría una próxima prórroga, pero debemos tener claro que el programa como tal no puede convertirse ni dar en residencia permanente a nadie.

El susto reciente debería servir, al menos, como una llamada de atención. Ninguna protección temporal debería confundirse con una solución permanente y, lo más importante, este período debería entenderse como una oportunidad para revisar con seriedad las opciones que se tienen, no para correr detrás de “salidas mágicas”, ni para dejarse llevar por promesas fáciles, sino como dijimos antes para detenerse y preguntar: ¿Ha cambiado mi perfil durante estos años? ¿Existe alguna vía legal que ahora pueda explorar? ¿Existe la posibilidad de peticiones familiares, otro programa o hay circunstancias que antes no estaban sobre la mesa?

En nuestra columna anterior mencionamos algunas de esas posibilidades. Estamos claros que ninguna aplica a todos los casos, pero son opciones, la clave es revisar con cuidado, hasta agotar…

Si llega una nueva extensión, quienes hayan aprovechado este tiempo habrán ganado claridad. Y si no llega, esa claridad puede ser aún más valiosa. Y quizás esa sea la verdadera pregunta hoy: no solo qué va a pasar con el TPS, sino qué estamos haciendo mientras tanto.

COIMSAL Asesoría Migratoria

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