Digitalizar las remesas representa un avance tecnológico. Convertirlas en resiliencia financiera representa un verdadero proyecto de desarrollo
Digitalizar las remesas representa un avance tecnológico. Convertirlas en resiliencia financiera representa un verdadero proyecto de desarrollo
Cada vez que se habla de modernizar el sistema de remesas, la conversación suele centrarse en la tecnología. Se presentan nuevas aplicaciones, billeteras digitales y plataformas de pago como si la digitalización, por sí sola, fuera capaz de transformar la vida de millones de familias. Sin embargo, la evidencia demuestra que cambiar el canal por donde viaja el dinero no garantiza inclusión financiera ni desarrollo.
Una remesa puede llegar a una cuenta bancaria o a una billetera electrónica y ser retirada completamente en efectivo minutos después. El proceso fue digital, pero la realidad económica de la familia no cambió. No aumentó su capacidad de ahorro, no adquirió un seguro, no mejoró su acceso al crédito ni fortaleció su protección frente a una emergencia. Cambió el medio, pero no el resultado.
La digitalización sí ofrece ventajas importantes. El Banco Mundial ha documentado que las remesas enviadas por canales digitales tienen costos significativamente menores que las tradicionales. Cada dólar ahorrado en comisiones significa más recursos disponibles para alimentación, salud, educación o vivienda. Sin embargo, el verdadero potencial de la digitalización aparece cuando esos recursos se integran a un sistema financiero que permita ahorrar, asegurar riesgos e invertir.
Uno de los mayores beneficios de las remesas digitales es que generan un historial verificable de ingresos. Ese registro puede convertirse en una herramienta para que cooperativas, bancos e instituciones microfinancieras comprendan mejor la capacidad económica de hogares que no cuentan con un salario formal, pero reciben ingresos periódicos desde el exterior. Utilizado correctamente, este historial podría facilitar el acceso a productos financieros diseñados para fortalecer actividades productivas y no simplemente para promover el consumo mediante endeudamiento.
Pero la tecnología necesita un complemento indispensable: educación financiera. Saber utilizar una aplicación móvil no significa comprender cómo administrar un presupuesto, comparar costos, proteger información personal o tomar decisiones de ahorro. La alfabetización financiera debe acompañar la digitalización para que las familias puedan transformar ingresos temporales en estabilidad económica de largo plazo.
Además, esta estrategia no puede dirigirse únicamente a quienes reciben las remesas. Las decisiones sobre el uso del dinero suelen tomarse conjuntamente entre quien envía y quien recibe. Por ello, los programas públicos y privados deberían involucrar simultáneamente a la diáspora y a las familias en El Salvador, promoviendo acuerdos sencillos como destinar voluntariamente un pequeño porcentaje de cada transferencia al ahorro para emergencias.
El desafío también exige una oferta financiera más adecuada. Cuentas simplificadas sin costos excesivos, opciones de ahorro automático, microseguros para salud o agricultura, créditos productivos responsables y una red de agentes financieros en comunidades rurales son medidas que pueden convertir las remesas en un instrumento de resiliencia y no únicamente de consumo inmediato.
El Salvador posee una ventaja importante. El Banco Central de Reserva recopila información cada vez más detallada sobre los canales utilizados para enviar remesas, las modalidades de pago y la distribución territorial de estos recursos. Esa información puede servir para diseñar políticas diferenciadas dirigidas a los municipios con mayor dependencia de las remesas y mayores niveles de vulnerabilidad económica.
No se trata de obligar a las familias a invertir ni de trasladarles la responsabilidad del desarrollo nacional. Corresponde al Estado, al sistema financiero y a los gobiernos locales crear condiciones para que cada transferencia tenga la posibilidad de convertirse, además de consumo, en ahorro, protección, patrimonio y oportunidades productivas.
Digitalizar las remesas representa un avance tecnológico. Convertirlas en resiliencia financiera representa un verdadero proyecto de desarrollo. Esa es la diferencia entre modernizar un servicio y transformar la vida de las personas.
César Ríos
Director, Asociación Agenda Migrante El Salvador (AAMES)
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