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Estados Unidos: guerra, aventuras imperiales y pobreza

Si solamente los miles de millones de dólares gastados en el conflicto con Irán se desviaran hacia programas de asistencia social, se reduciría la pobreza y mejoraría la seguridad económica de los estadounidenses que sufren precariedad

Mientras Estados Unidos, bajo el gobierno de Donald Trump, se embarca en aventuras imperiales con un elevado costo en vidas humanas y también en dinero de los impuestos, la pobreza se extiende en la nación a un nivel inaceptable.

Hasta el momento de escribir esta columna, la guerra contra Irán le ha costado a Estados Unidos aproximadamente 37.500 millones de dólares, según estimaciones oficiales del Departamento de Guerra (antes llamado Departamento de Defensa hasta que el presidente Trump le cambió el nombre). El costo abarca los gastos operativos directos, el mantenimiento y la reposición de municiones y equipos.


El conflicto ha dejado hasta ahora entre las fuerzas estadounidenses un saldo de al menos 16 a 18 militares fallecidos y más de 400 heridos, según el informe oficial. Sin embargo, hay denuncias y reportes extraoficiales que indican que el Pentágono podría estar minimizando o retrasando la actualización de las cifras reales, las cuales podrían superar los 500 heridos.

Entretanto, mientras se asignan ingentes sumas de dinero a las acciones bélicas, más de 41 millones de personas viven por debajo del umbral de pobreza en Estados Unidos, aproximadamente el 11 por ciento de la población. Para una familia de cuatro integrantes, este umbral de pobreza se sitúa oficialmente en un ingreso de 31.200 dólares anuales.

Las personas que viven por debajo del umbral de pobreza sufren una profunda inseguridad habitacional, alimentaria y médica. El alto costo de la vida las obliga a sobrevivir en condiciones de hacinamiento, en viviendas precarias.

La carestía en el sector residencial obliga a muchas familias trabajadoras a vivir en moteles económicos, o incluso en sus automóviles o en asentamientos informales, con el riesgo constante de sufrir un desalojo.

Estas familias suelen depender de cupones de asistencia del gobierno o de bancos de alimentos. Pero aun con esta ayuda, con frecuencia se ven obligadas a saltarse comidas.

La ausencia de un sistema de salud pública universal es otro reto que afrontan los que viven por debajo del umbral de pobreza. Una emergencia médica puede agotar rápidamente todos los ahorros y empujar a los afectados a la indigencia.

La pobreza extrema se observa desde zonas rurales marginadas, como los Apalaches, hasta ciudades donde la subida del alquiler de la vivienda supera el 25 por ciento anual.

Hay que tener en cuenta que la línea de pobreza oficial de poco más de 31.000 dólares anuales solo cubre la subsistencia alimentaria y un alojamiento mínimo. No considera gastos reales de la vida moderna como el cuidado de niños, el transporte (muy costoso porque en casi todo Estados Unidos el automóvil es imprescindible para desplazarse) o los seguros médicos, que son privados porque no hay un sistema de salud pública.

En Miami, donde resido, el presupuesto de supervivencia para una familia de cuatro es de 97.548 dólares al año, casi el triple del umbral federal de pobreza. Pero el 56 por ciento de los hogares en Miami vive por debajo de ese límite básico de ingresos, haciendo mil maromas para llegar a fin de mes, como endeudarse con tarjetas de crédito.

Para vivir con verdadera comodidad en Miami, se calcula que una familia debe ganar más de 230.000 dólares anuales, mientras que el ingreso medio real en la urbe floridana es de solo unos 66.000 dólares. El panorama económico está lejos de ser tan idílico como las playas miamenses que aparecen en la publicidad turística.

El presupuesto destinado a los programas de asistencia social palidece en comparación con los fondos asignados al Departamento de Guerra de Estados Unidos. El gasto militar aprobado para el año fiscal 2026 superó la marca histórica de 1 billón de dólares. En cambio, el presupuesto para el programa de cupones de alimentos, que ayuda a 42 millones de estadounidenses pobres, es alrededor de la décima parte del gasto militar.

Si solamente los miles de millones de dólares gastados en el conflicto con Irán se desviaran hacia programas de asistencia social, se reduciría la pobreza y mejoraría la seguridad económica de los estadounidenses que sufren precariedad. Esos fondos financiarían de forma directa subsidios de alimentos, vivienda asequible y atención médica. El dinero inyectado en programas sociales –como los cupones de alimentos o los subsidios de salud– sacaría a millones de personas de la pobreza extrema.

Ayudar a los norteamericanos más vulnerables sí sería un verdadero acto de patriotismo. No lo es embarcar a la nación en una guerra de dudosa justificación y resultados impredecibles, con un elevado número de muertes de civiles; una guerra que no protege a los estadounidenses, que no lleva libertad y democracia a ninguna parte, y que solo beneficia a los cada vez más acaudalados magnates del complejo militar-industrial. [FIRMAS PRESS]

Andrés Hernández Alende es un escritor y periodista radicado en Miami. Sus novelas más recientes son El ocaso yLa espada macedonia, publicadas por Mundiediciones. También ha publicado el ensayo Biden y el legado de Trump con Mundiediciones y el ensayo Una plaga del siglo XXI, sobre la pandemia del COVID-19.

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