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El bosque de piedra que conserva millones de años de historia en Chalatenango

Los árboles petrificados del cerro El Dragón, en Concepción Quezaltepeque, Chalatenango, constituyen uno de los sitios paleontológicos más importantes de El Salvador. Especialistas y estudiantes de Ingeniería Geológica de la Universidad de El Salvador estudian este patrimonio natural que permite reconstruir el pasado volcánico del territorio y comprender mejor los fenómenos geológicos que aún marcan al país

Bosque petrificado Cerro El Dragon
La futura geóloga Mónica Valle verifica la textura y minerales presentes en un tronco de árbol petrificado. Foto EDH/Wilfredo Díaz.

El Salvador es un país cuya historia ha estado marcada por la actividad volcánica y el constante movimiento de las placas tectónicas.

Esa dinámica geológica, responsable de terremotos, erupciones y otros fenómenos naturales, también dejó uno de los tesoros científicos más importantes del país: un bosque petrificado de entre 23 y 24 millones de años ubicado en el cerro El Dragón, en el distrito de Concepción Quezaltepeque, departamento de Chalatenango.


En un terreno privado de aproximadamente 12 manzanas han sido identificados 45 fragmentos de troncos fosilizados que pertenecieron, principalmente, a árboles de la familia Lauraceae, como el aguacate, el laurel y la canela.

Algunos permanecen expuestos sobre la superficie, mientras otros continúan ocultos entre la vegetación y el suelo, a la espera de futuras investigaciones.

Se estima que varios de estos troncos alcanzan hasta siete metros de longitud y cerca de un metro de diámetro.

Bosque petrificado Cerro El Dragon
El maestro Daniel Alvarenga muestra la formación de cristales de cuarzo que están creciendo en la madera fósil en un árbol petrificado en el Cerro El Dragón, en Chalatenango. Foto EDH/Wilfredo Díaz.

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Un laboratorio natural para futuros geólogos

El sitio es escenario de prácticas de campo para estudiantes de tercer año de Ingeniería Geológica de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de El Salvador (UES), quienes realizan investigaciones como parte de la asignatura de Paleontología General.

Durante las visitas analizan afloramientos volcánicos, depósitos de ceniza, fósiles y evidencias de antiguos procesos geológicos que permiten reconstruir cómo era el territorio salvadoreño millones de años atrás.

El docente Daniel Alvarenga explicó que los árboles fueron cubiertos por grandes cantidades de ceniza expulsadas durante una antigua erupción volcánica.

«Es interesante ver cómo los árboles petrificados fueron cubiertos por ceniza volcánica, convirtiéndolos en piedra. La reacción pasó por un proceso llamado permineralización; los minerales presentes en la ceniza volcánica y el agua subterránea reemplazaron la materia orgánica, manteniendo intacta la estructura celular del árbol», detalló.

El académico señaló que estos restos se encuentran en depósitos piroclásticos, formados por la acumulación de ceniza, piedra pómez y bloques de roca expulsados por antiguos volcanes.

«Los árboles quedaron encapsulados debido a la ceniza caliente y con el tiempo ocurrió el proceso de fosilización o permineralización, sustituyendo el carbono de la madera hasta convertirla en roca con apariencia de madera. Hoy pueden observarse gracias a la erosión provocada por la lluvia», explicó.

La huella de una erupción devastadora

Los especialistas consideran que el antiguo bosque desapareció tras el impacto de un flujo piroclástico, una mezcla de gases volcánicos, ceniza y fragmentos de roca que puede desplazarse hasta 700 kilómetros por hora y alcanzar temperaturas cercanas a los 1,075 grados centígrados.

Este fenómeno cubrió completamente la vegetación existente y permitió que, con el paso de millones de años, la madera se transformara en roca conservando gran parte de su estructura original.

Las investigaciones desarrolladas en el lugar permitieron además identificar una nueva especie fósil denominada Laurinoxylon chalatenanguensis, correspondiente a un árbol que habría alcanzado entre 10 y 18 metros de altura.

El valor científico del sitio llevó al Ministerio de Cultura a declararlo Patrimonio Nacional en 2016.

Bosque petrificado Cerro El Dragon
El futuro geólogo Jason Contreras observa minerales que ahora conforman la estructura de la madera petrificada. Foto EDH/Wilfredo Díaz.

Una ciencia clave para comprender el país

La geología comenzó a desarrollarse formalmente en El Salvador en 1950 con los estudios impulsados por el geólogo y vulcanólogo alemán Helmut Meyer-Abich y tomó mayor impulso con la Misión Geológica Alemana entre 1967 y 1971, cuando fueron elaborados los primeros mapas geológicos nacionales y se identificaron alrededor de 700 centros de erupción.

Desde entonces, esta disciplina estudia el origen, composición y evolución del territorio salvadoreño, incluyendo volcanes, minerales, rocas, terremotos, tsunamis y otros procesos naturales.

Para Leonardo Vanegas, estudiante de tercer año de Ingeniería Geológica, comprender estos fenómenos resulta esencial para un país ubicado sobre el contacto entre las placas de Coco y del Caribe.

«Vivimos en un país donde constantemente las placas tectónicas de Coco y Caribe se desplazan y causan terremotos y tsunamis. Eso me llamó la atención para estudiar Ingeniería Geológica. Cada visita de campo me permite traer muestras para estudiarlas y comprender mejor la historia del planeta», afirmó.

El universitario destacó que conocer el pasado geológico también ayuda a identificar recursos naturales, estudiar los mantos acuíferos y entender la evolución del territorio salvadoreño.

Formar especialistas para reducir riesgos

Especialistas y académicos coinciden en que fortalecer la formación de nuevos geólogos representa una necesidad para El Salvador, debido a su exposición permanente a terremotos, erupciones volcánicas y tsunamis.

Además de estudiar el pasado del territorio, estos profesionales contribuyen a evaluar amenazas naturales, orientar el uso adecuado del suelo, identificar recursos hídricos y minerales, y generar información científica que permita reducir riesgos para la población frente a futuros desastres naturales.

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El maestro Daniel Alvarenga explica la textura de la madera transformada en roca. Foto EDH/Wilfredo Díaz.

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