De doce selecciones de América, sólo Argentina sobrevive ¿por qué?
Argentina emerge como el único sobreviviente americano en las instancias decisivas de la Copa del Mundo FIFA 2026. Semejante fenómeno geopolítico y deportivo no responde a una causalidad aislada, sino a un cúmulo de factores determinantes que exponen las flaquezas estructurales de sus vecinos regionales
Hallar una explicación unívoca ante semejante panorama resultaría infructuoso, aunque los motivos principales asoman tan categóricos como evidentes.
Sin necesidad de desmenuzar minuciosamente cada expediente particular, es posible trazar los lineamientos globales que engloban este repliegue continental.
En lo que respecta a la terna de anfitriones norteamericanos, quedó de manifiesto que sus respectivos proyectos alcanzaron su techo evolutivo al exprimir al máximo sus estructuras de gestión.
El orden organizativo y el entusiasmo de las parcialidades locales sirvieron para maquillar las carencias del juego asociado, pero cuando las papas quemaron frente a las potencias del Viejo Continente, la soga no dio para más en el plano estrictamente futbolístico.
Si este representativo aspira genuinamente a dar un salto cualitativo a largo plazo, sus autoridades deberían evaluar seriamente la posibilidad de incorporarse a las exigentes eliminatorias de la Conmebol, un escenario idóneo para robustecer su musculatura táctica y acopiar una experiencia internacional indispensable. Una idea.
Respecto a las escuadras caribeñas, los pronósticos más escépticos vaticinaban de antemano una participación meramente testimonial, rozando el papel de simples excursionistas en el certamen.
Sin embargo, el juicio colectivo fue injusto y apresurado. Tanto Curazao como Haití lograron arañar unidades valiosas y pusieron en severos aprietos a oponentes de fuste, completando noventa minutos sumamente serios que anidarán con orgullo en el recuerdo de sus nuevas generaciones de aficionados, desterrando el mito del rival accesible.
Darwin Núñez (i) de Uruguay saluda a Vozinha de Cabo Verde este domingo, al final de un partido del grupo H del Mundial de la FIFA 2026. Foto EFE
Las grietas de la Conmebol y el naufragio táctico charrúa
La decepción más honda y traumática de la contienda se localizó, sin lugar a dudas, en la zona de Sudamérica.
Brasil se mostró incapaz de aceitar los engranajes de su maquinaria a tiempo, sufriendo una histórica e inédita derrota a manos de una ordenada Noruega que jamás lo había doblegado en el marco de una cita máxima.
Ecuador, en tanto, demostró que apostar de forma exclusiva a su retaguardia defensiva constituye una estrategia suicida cuando ese cerrojo es finalmente vulnerado por la jerarquía rival; la falta de un plan alternativo en ataque los dejó sin respuestas.
Paraguay brindó su máximo esfuerzo desde el estoicismo de sus evidentes limitaciones en este retorno al proscenio mundial, por lo que exigirle una proeza ante el poderío de Francia rayaba en el terreno de la utopía y la insensatez.
El panorama de Uruguay adquirió tintes francamente calamitosos.
Ningún analista riguroso lo ubicaba en el lote de aspirantes legítimos, dado que el navío charrúa venía haciendo agua bastante antes del pitazo inicial de este mundial FIFA 2026.
El proceso se estancó por completo, empantanado por la obstinación y el temperamento extravagante de su filosófico adiestrador, cuyo rígido libreto terminó por asfixiar el talento de un plantel que merecía otro destino.
Argentina simplemente logró darle continuidad al proyecto que Scaloni hizo ganador previo a la pasada cita mundialista; él tuvo todas las herramientas y la claridad para mantener el rumbo que él quería para el equipo. Clarito.
Aficionados esperaron el inicio del duelo de octavos en Ciudad de México. Foto EFE
El denominador común: dudas de cara a la cita de 2030
Existe un rasgo común y definitorio en este masivo repliegue americano: la precaria o deficiente planificación, condicionada en algunos casos por la escasez de recursos disponibles.
Esta preocupante tara estructural amenaza con transformarse en un lastre crónico de cara a la cita de 2030, puesto que el margen cronológico asoma insuficiente para que la mayoría de estas federaciones modifique su matriz de pensamiento y propicie un vuelco sustancial en sus políticas deportivas.
Mientras el resto del planeta avanza a paso firme, el continente parece empecinado en confiar en la inspiración individual, un lujo que el fútbol moderno ya no perdona.