El Centro Cultural de España en El Salvador conmemoró el legado de Edmundo Barbero, el célebre director y pedagogo español que revolucionó las artes escénicas salvadoreñas e introdujo el innovador método Stanislavski en el país.
El Centro Cultural de España en El Salvador conmemoró el legado de Edmundo Barbero, el célebre director y pedagogo español que revolucionó las artes escénicas salvadoreñas e introdujo el innovador método Stanislavski en el país.

“Si la memoria está llena de olvido, también el olvido está lleno de memoria”. Bajo esta poética paradoja, el Centro Cultural de España en El Salvador (CCESV) celebró un emotivo homenaje al actor, director y maestro teatral Edmundo Barbero (Madrid, 1899 – San Salvador, 1982).
El encuentro, que tuvo lugar el pasado 2 de julio, no solo consistió en un registro de su invaluable impacto cultural, sino en una íntima y profunda remembranza de quien es considerado el gran arquitecto del teatro moderno salvadoreño.
La jornada cultural incluyó una lectura dramática de un fragmento de la pieza El olvido está lleno de memoria, una ficción biográfica escrita por Jerónimo López Mozo.
La lectura contó con la participación de destacados intérpretes como Santiago Nogales, Edwin Pastore, David Rocha y Karen del Cid, cuyas trayectorias artísticas se vieron directamente marcadas por el intercambio cultural propiciado por el maestro español.

Asimismo, los asistentes pudieron apreciar fragmentos de la producción audiovisual homónima dirigida por Antonio Malonda en 2013, enmarcando el evento dentro de la conmemoración de los 50 años de «España en libertad».
Hijo de actores de la compañía María Guerrero, Barbero respiró el arte escénico desde su infancia.
En su juventud, se consolidó como primer galán en la compañía de Gregorio Martínez Sierra y Catalina Bárcena, realizando giras por toda Latinoamérica; y frecuentó a grandes figuras de la Generación del 27 como Federico García Lorca, Rafael Alberti y Alejandro Casona.
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Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil Española en 1936 truncó la escena teatral.
Con firmes ideales republicanos, Barbero se unió al frente y participó en la creación de las Guerrillas del Teatro del Ejército del Centro, llevando obras clásicas a la trinchera y a poblaciones campesinas para democratizar la cultura. Esta militancia y su participación en la película Caín le costaron persecuciones y múltiples sentencias de muerte por parte del régimen franquista.
Tras pasar dos años confinado en la Embajada de Chile en Madrid —donde coeditó Luna, la primera revista del exilio intelectual republicano—, logró salir de España gracias a la intervención de su amigo Rafael Alberti y del entonces embajador Pablo Neruda. Así inició una larga travesía por el cono sur que lo llevó por Chile, Argentina y Perú.
En marzo de 1952, Edmundo Barbero arribó a El Salvador con una pequeña maleta personal y unos cuantos baúles llenos de vestuario, fotos y utopías. Llegó para quedarse por una poderosa razón: el amor. Casado con la destacada actriz nacional Julia Herodier, el maestro echó raíces definitivas en tierras cuscatlecas.

En una reveladora entrevista en La Radio Tomada del CCESV, Álvaro Ortega (junto a Leticia Macua) conversó con la escritora y poeta salvadoreña Claudia Hérodier, quien compartió entrañables recuerdos familiares y artísticos sobre Barbero.
Herodier rescató la sutil ironía y la inquebrantable humildad de un hombre que, a pesar de haber trabajado con los titanes de la literatura universal, raras veces presumía sus glorias pasadas. Sus alumnos recuerdan con infinito cariño que, incluso en su vejez, el maestro insistía en barrer él mismo las tablas del escenario antes de cada función.
A su llegada, asumió la dirección del Departamento de Teatro de Bellas Artes (1952-1956) e inició la titánica tarea de profesionalizar una escena dominada por aficionados. Barbero revolucionó el panorama actoral al introducir el sistema Stanislavski, enseñando realismo psicológico, concentración y naturalidad escénica.
A partir de la década de los sesenta y hasta sus últimos días, lideró el Teatro Universitario de la Universidad de El Salvador (UES), propiciando una auténtica época de oro artística.
Bajo su tutela se inmortalizó uno de los mayores hitos de la dramaturgia nacional: el montaje de Luz negra, la obra cumbre de Álvaro Menen Desleal, que superó las cien funciones y proyectó al país internacionalmente.

Por su invaluable labor pedagógica y artística, el Estado salvadoreño le otorgó la Orden Nacional José Matías Delgado y tres Medallas de Oro al Mérito. Hoy, sus restos descansan en el Panteón de los Ilustres de San Salvador.
Este homenaje del CCESV constata que el teatro, tal como sostenía Barbero, sigue siendo la expresión más rotunda del hombre para influir en la sociedad.
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