Las estaciones fantasma del tren salvadoreño… ¡No creerás cómo se ven ahora!»
Nos subimos a la máquina del tiempo para recorrer las históricas estaciones del tren —desde el puerto de Acajutla hasta el Sitio del Niño— para descubrir cómo las antiguas paradas de la mítica «Bala de Plata» se han transformado en viviendas improvisadas, museos o solo escombros. Un viaje visual entre la nostalgia de quienes vivieron su época dorada y la incertidumbre de quienes hoy habitan sobre sus rieles.
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ESTACIÓN DE ACAJUTLA. La antigua estación ha desaparecido. Las vías están cortadas y se han construido casas sobre el antiguo derecho de vía, la mayoría sin escrituras de propiedad. Miguel Ángel Alvarenga, quien cuida desde 1990, recuerda con nostalgia el movimiento de la época: “Daba gusto ver cómo entraban y salían trenes de acá con mercadería desde el antiguo puerto”. Foto EDH/ Jessica OrellanaESTACIÓN DE SONSONATE. Es uno de los pocos casos de rescate. La estación fue restaurada y convertida en el Museo del Ferrocarril, una opción turística para los salvadoreños que añoran la época de la llamada “Bala de Plata”. Foto EDH/ Jessica OrellanaESTACIÓN DE CALUCO: De la pequeña pero concurrida estación solo quedan los cimientos, sobre los cuales se edificó una pequeña bodega. Berta Flores, habitante de la zona, relata que los rieles han quedado completamente escondidos por la vegetación. Foto EDH/ Jessica OrellanaESTACIÓN DE LOS LAGARTOS: El terreno de la estación es ocupado por Gladis Guandique, quien lleva 47 años viviendo en el lugar. “Antes vivía en una champa a la par; después de varios años de que ya no pasó el tren, construí mi casa donde estaba la estación”, comenta, consciente de su situación legal: “Si en el futuro quieren desalojarme, estoy dispuesta a irse”. Guandique señala que otras personas se han apropiado de los terrenos e incluso revenden los espacios: “Acá ya no hay rastros del paso del tren porque algunos han construido sus casas sobre las líneas”. Foto EDH/ Jessica OrellanaESTACIÓN DE ARMENIA: Sabino Sisco recuerda la estación como una de las más activas. Al recorrer la infraestructura que aún sigue en pie, identifica cada rincón: “Este espacio era donde vendían los boletos y la gente hacía cola, acá era donde uno se subía al tren, donde hacían los cambios los trenes, la bodega”. Al preguntarle si le gustaría que el tren volviera, asegura que no dudaría en subirse de nuevo.ESTACIÓN DE ATEOS. De esta estación no queda absolutamente nada. Vecinos del lugar detallan que en el predio se construyó una iglesia y las líneas férreas fueron retiradas por completo a la espera de la construcción de una calle. Foto EDH/ Jessica OrellanaESTACIÓN DE SITIO DEL NIÑO. Sus imponentes paredes de color celeste, hoy desgastadas y reducidas a escombros, evidencian el total abandono. José Bermudas, quien viajaba frecuentemente, explica la importancia que tuvo este punto: “Esta era una de las estaciones que conectaba con otras rutas. De acá salía la gente para Santa Ana y San Salvador”. Foto EDH/ Jessica Orellana
El estado de las estaciones: Un viaje por la ruta del olvido
Para quienes un día utilizaron el tren, ya sea para transportarse o para el comercio, los recuerdos se mantienen intactos, contrastando fuertemente con la realidad actual de los inmuebles. El Diario de Hoy realizó un recorrido por algunas de las rutas del tren, desde el puerto de Acajutla hasta el Sitio del Niño y constatar el estado actual de estas antiguas infraestructuras.
Cuando el ferrocarril llegó a tierras salvadoreñas inició una fuerte actividad comercial e industrial que potenció al país, cambiando la forma de hacer negocios y de transportarse. Sin embargo, este auge comenzó su decadencia con la guerra civil de los años 80. Aunque el tren intentó sobrevivir operando paseos turísticos, murió definitivamente en la década de los 90 debido al robo de sus rieles y la apropiación ilegal de sus terrenos en comunidades vulnerables.
Las primeras locomotoras llegaron a El Salvador en 1882. En su época dorada, la línea férrea contaba con 141 estaciones de diversos tamaños, todas con personal de planta. No obstante, el tiempo y el olvido han hecho lo suyo.
Según la investigación “El valor de la arquitectura ferroviaria”, publicada en 2015 por la Universidad Albert Einstein, de aquellas 141 estaciones solo se mantienen en pie 18, de las cuales cuatro han revivido como museos.