Inglaterra se las verá con México tras apear a un valiente y entrañable RD del Congo
Obligado a quemar los últimos cartuchos y a padecer un sofocón de proporciones importantes, Inglaterra debió batallar a destajo para quebrar la resistencia de una indómita RD del Congo. El elenco africano vendió carísima su caída en esta Copa del Mundo FIFA 2026, forzando a los piratas a un angustioso ejercicio de supervivencia antes de poder certificar su pasaporte a la ronda de los Octavos de Final
El majestuoso Atlanta Stadium, un recinto vanguardista cuya fisonomía destaca por poseer el techo retráctil más sofisticado del planeta, albergó el choque entre Inglaterra y la República Democrática del Congo en esta Copa del Mundo FIFA 2026.
Sobre el papel, las asimetrías eran flagrantes: el favoritismo pirata, respaldado por su frondosa constelación de figuras, contrastaba con la modesta estampa de un rival del que se esperaba un repliegue ultradefensivo en las inmediaciones de su propia valla.
Sin embargo, el libreto pergeñado por el estratega Sébastien Desabre dinamitó cualquier atisbo de lógica desde el pitazo inicial.
Con una propuesta irreverente y desprovista de complejos, el conjunto congoleño se adelantó en el campo dispuestos a perturbar la paz de Jordan Pickford. Semejante audacia no tardó en darles dividendos.
Un centro envenenado de Chancel Mbemba, el imponente zaguero del Lille, sobrevoló la posición de un atolondrado Djed Spence, cuyo grosero fallo de cálculo dejó la pelota viva en el área.
Atento a la jugada, Brian Cipenga, atacante del Almería, controló con presteza y sacó un remate seco y rasante contra el vertical para decretar el 0-1.
El gol expuso las severas carencias defensivas de Spence, cuyo rendimiento pareció condecirse con la deslucida campaña de un Tottenham que coqueteó con el abismo en la última Premier League.
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La muralla de Le Havre y el desconcierto de los «inventores» del juego
La ventaja obró como un bálsamo de confianza para los africanos, quienes administraron el balón con notable y sorprendente criterio.
En la otra vereda, Inglaterra deambulaba en un mar de frustraciones.
Harry Kane se mostraba inconexo y absorbido por la marca, al extremo de ensayar una burda simulación en el área que el colegiado jordano Adham Mohammad Makhadmeh desestimó con un gesto de desdén.
Marcus Rashford, por su parte, volvió a evidenciar esa alarmante falta de contundencia en las citas de fuste, mientras que Jude Bellingham alternaba ráfagas de su innegable jerarquía con evidentes muestras de fastidio.
El gran responsable del atasco inglés fue el guardameta Lionel Mpasi-Nzau.
El hombre del Le Havre amargó sucesivamente los intentos de Noni Madueke y Declan Rice, transformándose en una fortaleza inexpugnable.
Por momentos, la fisonomía y los reflejos de Mpasi-Nzau —apenas 1,82 metros de alzada y una reluciente testa rapada— evocaron de forma inevitable las mejores noches del mítico Fabien Barthez.
Con intervenciones felinas abajo y una notable solvencia para descolgar centros, el arquero congoleño firmaba una actuación consagratoria.
A este concierto defensivo se sumaron, de forma casi surrealista, Aaron Wan-Bissaka y Axel Tuanzebe.
Ambos zagueros, largamente vilipendiados por la cátedra de la Premier League, completaron un primer tiempo soberbio, defendiendo los colores de su patria con una fiereza indomable.
Mientras tanto, Declan Rice acusaba el desgaste de una extenuante temporada con el Arsenal —monarca de Inglaterra y subcampeón continental—, viéndose superado algunas veces en el eje de la mitad de la cancha por el despliegue físico de Noah Sadiki y Samuel Moutoussamy.
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El oficio de Kane y un horizonte azteca teñido de morbo
La resistencia congoleña pareció flaquear recién sobre el último cuarto de hora. A los 74 minutos, el instinto goleador de Harry Kane acudió al rescate de los piratas.
El ariete conectó un frentazo inapelable que tomó a contrapierna a Mpasi-Nzau, quien pagó caro su déficit de estatura ante el fuste del delantero del Bayern Múnich.
Con el empate en el bolsillo, Inglaterra pisó el acelerador a fondo para evitar el desgaste de una prórroga o penales que hipotecaran sus arrestos físicos y mentales de cara al futuro.
Pocos minutos después, el propio Kane clausuró el debate.
Tras ensayar mediano regate dentro del área, Kane sacó un derechazo teledirigido al ángulo superior, desatando el desahogo de una parcialidad británica que hasta entonces mascaba nerviosismo.
En el balance final, queda flotando la sensación de que Inglaterra pecó de petulante en la conformación del once inicial, subestimando las virtudes de un oponente que le planteó una batalla física de altísima intensidad.
La República Democrática del Congo se despide de la cita norteamericana con la frente marchita pero el orgullo intacto, emulando los pasos de Costa de Marfil como el segundo representante africano en claudicar con honores en esta instancia.
En el horizonte de los Octavos de Final asoma ahora la selección de México.
El Tri aguarda agazapado y con el ánimo templado tras su exhibición ante Ecuador, consciente de que este dubitativo combinado inglés ofrece flancos perfectamente vulnerables.
Los aztecas se frotan las manos y apelan a la memoria histórica, recordando que los inventores del fútbol cargan desde hace seis décadas con el estigma de haber alzado su único cetro mundial de forma cuestionable en 1966.
La mesa está servida para un duelo de alta tensión psicológica entre piratas y tricolores.