Tras una valiente batalla contra el cáncer, la reconocida artista salvadoreña falleció en Maryland, dejando un legado imperecedero dentro y fuera de las fronteras patrias, y una huella profunda en la educación artística regional
Tras una valiente batalla contra el cáncer, la reconocida artista salvadoreña falleció en Maryland, dejando un legado imperecedero dentro y fuera de las fronteras patrias, y una huella profunda en la educación artística regional

El Salvador y la comunidad artística internacional despiden a una de sus miradas más lúcidas y sensibles. Muriel Hasbún, la fotógrafa y académica que dedicó su vida a desenterrar las capas de la memoria personal y colectiva, falleció la noche del 13 de mayo en su hogar en Maryland, Estados Unidos.
Rodeada del amor de su esposo David y su hijo Daniel, la artista cerró un capítulo de lucha incansable contra un cáncer agresivo, una batalla que libró con la misma tenacidad con la que defendió el arte salvadoreño durante décadas.
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Nacida en El Salvador en 1961, de ascendencia palestina y judeo-polaca, Hasbún convirtió su identidad multicultural en el eje central de su poética visual.
Su obra no era solo registro, sino una alquimia de luz y sombra que perseguía responder preguntas sobre el exilio, la herencia y la resiliencia de un país marcado por el conflicto.


Hay que destacar que la trayectoria de Hasbún fue, por definición, brillante. Se desempeñó con distinción como Profesora Asociada y Coordinadora de Fotografía Artística del Corcoran College of Arts and Design, institución que posteriormente se integró a la Universidad George Washington.
Desde esa plataforma, Muriel se convirtió en un faro para los artistas latinos en Estados Unidos, abriendo puertas que históricamente habían estado cerradas y mentorizando a generaciones de fotógrafos que hoy portan su estandarte de rigor estético y compromiso social.
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Su arte reside hoy en los altares más prestigiosos de la fotografía mundial. Sus piezas forman parte de las colecciones permanentes del Smithsonian American Art Museum, el Whitney Museum of American Art en Nueva York, el International Center of Photography (ICP) y la Bibliothèque Nationale de France en París.
Para Hasbún, la fotografía era un «terreno común», un espacio donde el trauma del pasado podía transformarse en una herramienta de comprensión y diálogo para el presente.

UN PUENTE SOBRE EL OLVIDO
Más allá de su cámara, su legado se materializó en Laberinto Projects, una plataforma cultural transnacional que fundó con el objetivo de fomentar el intercambio artístico y la justicia social.
A través de este proyecto, logró traer a El Salvador a destacados académicos y maestros del área metropolitana de Washington, D.C., para conectar con la historia y el arte local, creando un flujo de conocimiento que desafió la invisibilidad del arte centroamericano.
Fue, además, una columna vertebral de la Casa de la Cultura El Salvador (Salvadoran Cultural Institute) en Washington D.C., donde su apoyo a los artistas emergentes fue incondicional.
Jeanette Noltenius, colaboradora cercana y amiga íntima durante su enfermedad, destaca que Muriel nunca dejó de creer en el poder del arte como un vehículo de sanación, incluso cuando su propio cuerpo enfrentaba las pruebas más duras de la quimioterapia e inmunoterapia.

LEGADO DE LUZ Y VERDAD
Como bien ha señalado Rofa Project al definir su impacto, el legado de Muriel Hasbún es el de una «tejedora de historias». Ella no se limitó a tomar fotografías; construyó archivos de afectos. Su serie Santos y Cenizas es un testimonio de cómo la fotografía puede servir para rastrear genealogías borradas por el tiempo y la guerra.
Su partida física deja un vacío inmenso en el panorama cultural, pero su visión permanece. En un mundo que a menudo olvida, Muriel Hasbún nos enseñó a mirar hacia atrás no con nostalgia, sino con la valentía de quien persigue la verdad.
Sus imágenes seguirán hablando por ella: nos recordarán quiénes somos, de dónde venimos y la belleza inherente a la búsqueda de nuestra propia identidad.
Muriel Hasbún, QEPD
— Héctor Lindo (@hector_l_f) May 14, 2026
Qué tristeza. He perdido a una amiga, y El Salvador a una de sus artistas más importantes y reconocidas internacionalmente.
Para quienes no la conozcan, la obra fotográfica de Muriel fue ampliamente premiada y se exhibió en instituciones de gran prestigio,… pic.twitter.com/2vTj7Jm3Yq
El Salvador pierde a una hija ilustre, pero el arte universal gana un símbolo de integridad y esperanza. Descanse en paz, maestra de la luz.
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