La exposición “Viaje eterno” revela la faceta pictórica inédita de Salarrué. Un rescate histórico del MUPI que transforma archivos olvidados en un diálogo urgente sobre la identidad y espiritualidad salvadoreña
La exposición “Viaje eterno” revela la faceta pictórica inédita de Salarrué. Un rescate histórico del MUPI que transforma archivos olvidados en un diálogo urgente sobre la identidad y espiritualidad salvadoreña

La noche del pasado 12 de mayo, el Centro Cultural de España en El Salvador (CCESV) no solo inauguró una exposición; abrió una puerta a una dimensión que muchos creían conocer, pero que pocos habían transitado con tal profundidad.
Bajo el título Salarrué. El viaje eterno, la muestra dedicada a Salvador Salazar Arrué (1899-1975) desbordó las expectativas, convocando a una multitud de artistas, gestores culturales y entusiastas que buscaban reencontrarse con el máximo referente de la identidad salvadoreña.
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La fascinación de la noche comenzó con un hallazgo que dejó atónito incluso a Carlos Henríquez Consalvi, «Santiago», director del Museo de la Palabra y de la Imagen (Mupi). Entre la multitud, el investigador Dylan Magaña sostenía un tesoro: una primera edición de O-Yarkandal fechada en 1929, joya que se sumó a la exhibición.
Magaña, quien ha cultivado una estrecha relación con coleccionistas y gestores locales, compartió con eldiariodehoy.com cómo este ejemplar llegó a sus manos, evidenciando que el legado de Salarrué sigue vivo y circulando en manos de nuevas generaciones. Tal es su conexión con esta cosmogonía que Dylan decidió tatuarse varios de los dibujos de esa primera edición del libro de ‘Sagatara’, llevando literalmente la obra del maestro en la piel.



Consalvi calificó la noche como fiesta y rescate ético. “Con esta exposición estamos resignificando el valor de los archivos y reafirmando el valor del patrimonio cultural salvadoreño…”, afirmó ante una sala repleta.
El director del Mupi recordó una verdad que el propio artista sostenía: Salarrué se reconocía más como pintor que como escritor. Y prueba de ello es que, en su acta de matrimonio de 1922, se identificó oficialmente como “profesor de pintura”.
RESGUARDAR EL PASADO PARA ILUMINAR EL PRESENTE
La muestra es el resultado de un esfuerzo titánico de restauración liderado por el museo, institución que desde hace 30 años custodia la memoria nacional. Obras que pasaron décadas abandonadas en el húmedo cuarto de Salarrué en los Planes de Renderos han vuelto a la vida gracias al apoyo de restauradores y la generosidad de un grupo de aliados.
Antonio Romero, curador de la exposición, explicó que la muestra no busca ofrecer explicaciones cerradas, sino dar acceso a la particular comprensión del mundo de Salarrué, sustentada en una ética que concibe al ser humano como un ser en constante evolución espiritual.



Romero estructuró el recorrido en tres capítulos esenciales: el viaje físico del linaje familiar, el viaje plástico hacia lo desconocido y el Salarrué intelectual que dialogaba con sus contemporáneos.
El aporte de Miguel Huezo Mixco en la investigación resalta el origen de este gigante. A través del texto «El abuelo Alejandro: de España a Cuscatlán», se revela cómo la migración española de finales del siglo XIX fue la semilla de este legado.
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Alejandro de Arrúe y Jiménez, un vasco que llegó a El Salvador tras pasar por Cuba y Guatemala, no solo fundó liceos, sino que sembró una tradición intelectual que heredaron su hija María Teresa y, finalmente, su nieto Salvador. «Esta herencia alcanzaría su máxima expresión en Salarrué», señala Huezo Mixco, conectando el pasado migratorio con la identidad nacional.
Por su parte, el curador Jorge Palomo profundiza en el Salarrué que conquistó Nueva York entre 1946 y 1957. Durante su etapa como agregado cultural, el artista exploró el surrealismo y el dadaísmo, llegando a ser descrito por The New York Times como un creador de naturalezas «con actitud» y visiones «alarmantes». Palomo subraya que, aunque en su momento su abstracción conceptual fue poco comprendida en El Salvador, hoy su obra es una brújula necesaria para navegar el presente.

ALIANZAS, el motor de la cultura
La embajadora de España, Sonia Álvarez Cibanal, destacó durante la inauguración que esta exposición es un modelo de lo que la cooperación y las sinergias institucionales pueden lograr.
Subrayó la importancia de proteger instituciones como el Mupi, que resguardan archivos declarados «Memoria del Mundo» por la UNESCO. Para la diplomática, la muestra es una prueba del «sincretismo de orígenes hispano-salvadoreños» y de cómo la cultura es un puente indestructible entre naciones.
La exposición nos invita a contemplar pinturas nunca antes vistas, grabados rescatados de placas metálicas olvidadas y manuscritos que revelan al pensador teosófico.

Es una oportunidad para descubrir que Salarrué no es un mito del pasado, sino un «interlocutor urgente». Como bien dijo Antonio Romero, ponerse frente a su obra es entrar en una comunión donde el espectador y el artista son «uno con la vida».
En tiempos de incertidumbre, rescatar el legado pictórico de Salarrué no es solo un acto de nostalgia; es una estrategia de supervivencia cultural. La cita está abierta en el Centro Cultural de España para todos aquellos que deseen reclamar su llave para entrar al «jardín murado» del gran maestro salvadoreño.
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