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Panchimalco: el relevo generacional que sostiene las Flores y Palmas como patrimonio de la UNESCO

Desde las aulas y cofradías, Panchimalco celebró este domingo su emblemática procesión, reafirmando el valor de sus raíces en la primera edición tras la declaratoria de Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO

Festival de las Flores y las Palmas como patrimonio de la UNESCO, mayo 2026
Las nuevas generaciones de panchitas protagonizan la procesión de las vírgenes de Panchimalco. Foto EDH / Miguel Lemus

Las calles empedradas de Panchimalco se transformaron este domingo 10 de mayo en un escenario de fervor y patrimonio vivo.

La tradicional fiesta de la Cofradía de las Flores y las Palmas alcanzó una dimensión histórica este año, al ser la primera edición que se realiza bajo el prestigioso sello de la UNESCO.

La preservación de esta herencia no es azarosa; nace en el corazón del sistema educativo local. En los atrios del Centro Escolar Católico Panchimalco, el color inundó las mesas de trabajo donde estudiantes, desde primer grado hasta noveno, se convirtieron en artesanos de su propia identidad.

Bajo la guía de docentes y padres de familia, los niños aprenden que el futuro de su cultura reside en sus manos.

Festival de las Flores y las Palmas como patrimonio de la UNESCO, mayo 2026
Desde temprano, los niños y niñas en Panchimalco pusieron manos a la obra para decorar las famosas palmas. Foto EDH / Miguel Lemus
Festival de las Flores y las Palmas como patrimonio de la UNESCO, mayo 2026
Un grupo de pequeñas trabajando con las flores de ensarta, en horas de la mañana.

«Fomentamos nuestras raíces, especialmente ahora que contamos con el respaldo del patrimonio mundial», señaló Mario Campos, docente de Ciudadanía y Valores, quien enfatiza que la escuela es el primer eslabón para que esta costumbre no se pierda.

La preparación de las palmas es un proceso meticuloso que fusiona la botánica local con la destreza manual. Utilizando especies endémicas de la temporada —como la flor de mayo (flor de ensarta), la barbona y la flor de San José— los jóvenes dedican hasta tres horas para dar vida a cada pieza.

El ritual comienza con el corte y pelado de la palma, seguido por la paciente labor de ensartar pétalo por pétalo para crear esos patrones vibrantes que caracterizan la festividad.

Mientras los más pequeños cuentan con el apoyo de sus padres para decorar, los estudiantes de grados superiores se organizan de forma autónoma, asumiendo con orgullo el reto de representar a su sección en el recorrido principal.

Festival de las Flores y las Palmas como patrimonio de la UNESCO, mayo 2026
Grupo de niñas vestidas con los trajes tradicionales de panchas. Foto EDH / Miguel Lemus

ENCUENTRO CON LA HISTORIA

A las 3:00 p.m., el misticismo se apoderó del centro histórico. El encuentro de las imágenes de la Virgen del Rosario y la Inmaculada Concepción —custodiadas por los mayordomos Isabel Vásquez y Douglas Ramírez— marcó el clímax de la fe.

El desfile fue una exhibición de rigor etnográfico, donde los Historiantes y Chapetones abrieron paso con sus danzas satíricas.

El paisaje sonoro, dominado por piezas folclóricas como «El Carbonero», acompañó a las mujeres vestidas de «Panchas», cuyas faldas coloridas y paños tradicionales recordaron por qué esta villa es el bastión cultural del país.

Festival de las Flores y las Palmas como patrimonio de la UNESCO, mayo 2026
Procesión de las vírgenes de Panchimalco realizado este 10 de mayo de 2026. Foto EDH / Miguel Lemus
Festival de las Flores y las Palmas como patrimonio de la UNESCO, mayo 2026
Nuevas generaciones bailando la Danza de los Chapetones. Foto EDH / Miguel Lemus
Festival de las Flores y las Palmas como patrimonio de la UNESCO, mayo 2026
Uno de los pequeños que desde ya vive las tradiciones de su tierra natal. Foto EDH / Miguel Lemus

Tras un recorrido de más de una hora, las imágenes ingresaron al templo colonial a las 4:15 p.m. Allí, las palmas elaboradas por los estudiantes fueron colocadas como una ofrenda sagrada.

Esta celebración, que coincidió con festivales de danza y arte visual, reafirma que el título de la UNESCO es, sobre todo, un compromiso vivo que Panchimalco renueva cada año a través de su gente y sus nuevas generaciones.

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