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Accidentes de tránsito siguen imparables en país, sálvese quien pueda

El aspecto cultural del individualismo y vivir de prisa son modelos que se aprenden en casa, pero que se reproducen en las calles. El problema de los siniestros viales va más allá de falta de infraestructura, velocidad, licencia de conducir, drogas o aprender a manejar bien y sus normas

Las autoridades procesaron la escena del siniestro vial. Foto EDH/Cortesía
Las autoridades procesaron la escena del siniestro vial. Foto EDH/Cortesía

El parque vehicular sigue creciendo en El Salvador, según reflejan las estadísticas oficiales, y, paralelamente, también los accidentes de tránsito. Absolutamente todos los registros muestran aumento en la cantidad de siniestros viales en cuanto a los números de heridos, muertos y relacionados. 

De manera desagregada, apenas departamentos como Morazán tienen una leve disminución en relación a los casos de 2025, pero, en general, los siniestros viales ocurren con mayor frecuencia en todo el país, hay más heridos y más muertos, y en Latinoamérica en general.

Pero, ¿por qué en términos generales sucede más en Latinoamérica que en otras regiones del mundo? En realidad, no es la norma. Algunos asiáticos tienen tasas de accidentes viales enormes, y muchos otros no. En Europa, también hay excepciones, pero también en Latinoamérica. Naciones como Trinidad y Tobago, por ejemplo, muestras grandes avances en esta materia, según el documento “Salvar vidas promoviendo un enfoque de sistemas   de tránsito seguros en las Américas”, de la Organización Panamericana de la Salud, publicado en 2024, aunque sus estudios se basan en data recolectada en los años previos (periodo 2011-2020), y que forma parte de una serie de publicaciones que abordan el tema por quinta ocasión.

Debido a la fuerte del impacto fue necesario utilizar equipo hidráulico para liberar a la víctima, quien falleció debido a los golpes recibidos.

En regiones de Chile y Argentina, por ejemplo, el tema de los siniestros con motociclistas no es tan grave como en Guatemala, El Salvador, Honduras, o en naciones asiáticas, pese a que estos últimos vienen adoptando medidas importantes en la materia en los últimos años, por ejemplo, la obligatoriedad del casco certificado en nuestro país desde diciembre de 2025.

Infografía, elaborada en base a los datos del Observatorio Nacional de Seguridad Vial a través de IA.

Algunas diferencias más

En Europa, algunos aspectos diferenciadores básicos tienen que ver con la manera en la que se construyen las carreteras, entre otros aspectos. Por ejemplo, en Alemania hay incluso diseños de autopistas súper rápidas, pero su diseño (básicamente en subida mínima todo el tiempo) permite que, desde la física, la capacidad de reducir velocidad ante una eventual necesidad sea mayor, y ni hablar que la mayoría de coches están en mejores condiciones – en general – que las unidades públicas y vehículos particulares que circulan en el país. 

Pero hay otros aspectos que se han trabajado mejor allá que acá. EADIC, institución educativa de Madrid, señalaba en un artículo titulado “El problema de los “siniestros” de tránsito en Latinoamérica” que hay un abordaje diferente porque, para comenzar, los choques no se conciben de manera oficial como “accidentes”, sino como algo que en la gran mayoría de los casos se puede evitar.

No se podría evitar, por ejemplo, un accidente de tránsito derivado porque a alguien le dio un paro cardíaco mientras conducía su coche, pero sí aquel que se produjo porque manejaba muy rápido, viendo el celular, por no guardar la distancia reglamentaria, por saltarse un alto, y simplemente porque se levantó tarde, el tráfico estaba muy pesado y “tuvo” que acelerar más de la cuenta. 

En estos otros ejemplos, en todos los casos, se habla en Europa de casos que son evitables. El abordaje conceptual es diferente, y sus implicaciones legales también, más allá de que el gobierno nacional ha endurecido las penas y las leyes relacionadas en los últimos años.

Es un tema conceptual, es decir, está en las manos de cada uno evitarlo. Pero eso no se aprende solo porque de manera oficial, es decir el gobierno, el Ministerio de Transporte, Policía o cualquier institución involucrada adopte esta forma de ver los siniestros viales, y lo transmita de esa manera en sus redes, en sus leyes, etc.; sino que, por sobre todas las cosas, se aprende desde casa, punto que se abordará más adelante (responsabilidad de sus acciones y consecuencias).

Otra diferencia tiene que ver con las campañas educativas. EADIC señala que en Latinoamérica en particular, – El Salvador no suele escapar a esa lógica – las campañas suelen enfocarse en manejar bien, en respetar las normas de tránsito, etc.

Mientras que “las campañas publicitarias de países a la vanguardia en seguridad vial (Suecia, Reino Unido, Holanda, Australia, etc.), hacen hincapié en reflejar con la mayor realidad posible y sin censura, cómo son los siniestros y sus consecuencias”.

En casa

Otro aspecto fundamental tiene que ver con el comportamiento humano a la hora de manejar. Pareciera que en Latinoamérica y en muchas partes del mundo el conductor es un ser que se ha preparado para manejar en condiciones externas, pero estas no están separadas de lo que ha aprendido en casa.

Es decir, el respeto por el otro, la empatía, o en su defecto, el individualismo, el “yo primero”, el no me importa el vecino es algo que se aprende sobre todo en los primeros años de vida.

En un país marcado por la violencia, la represión, el individualismo y muchos otros etc., esas formas de vivir se manifiestan también al conducir, con el agravante que, a toda velocidad, lo que ocurre es un accidente grave. 

«El tráfico es una manifestación del alma colectiva de una ciudad», señaló el sociólogo español Manuel Delgado en su libro «El animal público» (2007). 

Según el licenciado Luis Enrique Amaya, consultor internacional e investigador salvadoreño en materia de seguridad, en términos generales el problema del tráfico vehicular tiene varias aristas y dimensiones. Una de ellas tiene que ver con el parque vehicular, es decir, la cantidad de vehículos que hay en el país, sobre todo en las principales ciudades; otra de las causas está relacionada con las condiciones de la infraestructura vial, incluyendo la señalética, es decir, todo lo relacionado con señales de tránsito; otra es la ingeniería vial: cómo se están disponiendo las calles, los flujos vehiculares… Y otra situación relacionada con esta problemática está asociada con la calidad del transporte público.

Para Amaya, las situaciones antes mencionadas son objetivas; pero hay otra dimensión que es subjetiva o psicológica, la cual está vinculada con la cultura.

«En términos más generales, tiene que ver con aspectos culturales y con cómo se aprende a movilizarse en el espacio vial público. Los espacios públicos son los que nos ponen en contacto con una diversidad mayor de personas, de gustos, de hábitos, de mentalidades…», explicó el profesional.»Estos espacios públicos, incluyendo el espacio vial, suponen conocer y respetar normas de convivencia social», enfatizó para una nota de El Diario de Hoy publicada bajo el título: “Caos vehicular como espejo de la sociedad: actitud de las personas complica el tráfico”

«Existen normas de convivencia, que en algún momento pueden llegar al grado de constituir leyes. Pero, para conocer esta normativa primero tiene que hacerse pública, enseñarse, interiorizarse, aceptarse, respetarse, seguirse… De modo tal que, para llegar a respetar la ley, primero tiene que haber un proceso amplio de enseñanza», declaró entonces Amaya. 

Infraestructura

A todo eso hay que añadirle una serie de ingredientes que, aunque distintos gobiernos han intentado ir mejorando, aún se mantienen en el país.

La falta de pasarelas en carreteras de alta velocidad, como la Panamericana en distintos puntos, o la Autopista Comala, por ejemplo, aumenta el riesgo para los peatones que pretenden atravesar de un lado a otro. Tampoco hay mayores señalizaciones ni semáforos en largos tramos de estas, por lo que literalmente el peatón debe correr para llegar al otro lado o pasar muchísimo tiempo esperando a que no circulen vehículos para seguir caminando debido a que no hay otra opción.

Cifras frías de un problema mayor

Este año, en relación a 2025 se ha aumentado en 10 casos el promedio diario de siniestros viales, pasando de 55 a 65, para totalizar 8,302 por 7,037 el año pasado, en el periodo comprendido entre el 1 de enero y el 7 de mayo, según las estadísticas oficiales del Observatorio Nacional de Seguridad Vial (Onasevi), el cual aglutina los datos de la Policía Nacional Civil (es decir que podría haber más, un poco más). 

En cuanto a lesionados, se ha pasado de 35 por día a 44, con 5,582 casos en la actualidad por 4,383 en 2025. Mientras que el año pasado morían tres personas cada 24 horas, la cifra creció a cuatro, para totalizar 515 a día de hoy por 407. 

Tráfico en El Salvador
Foto EDH / Archivo

Las causas registradas, según el observatorio, siguen siendo las mismas, es decir, distracción del conductor, invadir carril, no guardar distancia reglamentaria, no respetar señales de tránsito, o velocidad excesiva.

Pero debajo de todas esas causas hay otras, que tienen que ver con cómo los salvadoreños se relacionan con los espacios públicos, cómo aprendió a convivir con el otro, y el modelo predominante ha sido el de “Sálvese quien pueda”, más cuando se va en un carro, de manera individual, tratando de llegar a tiempo al trabajo en medio de la selva de concreto. 

Desaprender esas prácticas de individualismo pasa más que hacer conciencia con notas periodistas, o con campañas sobre respetar señales. Pasa por la educación en el hogar, en un primer momento, por la escuela en un segundo.

Pero, además, y por sobre todas las cosas, pasa por la convivencia cotidiana porque si una persona que ha aprendido valores de respeto en casa se enfrenta ya en la vida real al irrespeto cotidiano, llegará un momento en el que estalla, en el que dice basta, no me dejaré quitar el lugar por este otro que viene en contrasentido, o que irrespeta. O el tradicional, si otro lo hace, ¿por qué yo no?

¿Cuándo parará ese modelo? Depende de todos, de los valores, pero también de cambiar las prácticas cotidianas, y esa es una cuestión que atañe a todos. 

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