Este 2 de mayo ha sido denominado como el Día Mundial del Bullying con el fin de concienciar sobre una problemática que afecta a los niños de todo el mundo en las escuelas, pero, ¿realmente inicia ahí?
Este 2 de mayo ha sido denominado como el Día Mundial del Bullying con el fin de concienciar sobre una problemática que afecta a los niños de todo el mundo en las escuelas, pero, ¿realmente inicia ahí?

El bullying o acoso escolar es un fenómeno ampliamente estudiado en la psicología y la educación, pero que los padres de familia generalmente consideran que compete a los maestros manejarlo, pues, por definición, es un problema que ocurre en los colegios y centros de estudio.
En el marco del Día Internacional del bullying, se trae a la reflexión algunos puntos a considerar con respecto a este fenómeno, que siempre ha ocurrido, que antes pasaba más desapercibido, y para plantear algunos aspectos que desmitifican ciertas creencias.
Para ello, partimos de las definiciones conceptuales básicas. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), lo contempla como «una forma de violencia entre pares en el entorno escolar, que se caracteriza por comportamientos intencionales, repetidos y basados en un desequilibrio de poder».
La UNICEF (Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia, por sus siglas en inglés) incorpora otros elementos en su definición: “El acoso escolar ocurre cuando un niño o adolescente es molestado, intimidado o agredido de manera repetida por otro, ya sea física, verbal o psicológicamente.”
Es decir, puede haber bullying sólo con maltrato verbal, no necesariamente algo físico, o solamente psicológico. Además, hay que considerar que este ocurre de manera diferente entre grupos de niñas y niños, y cuando hay mezcla de ambos géneros. Entre niñas, suele presentarse más el verbal o psicológico, este último (más complicado de evaluar e identificar) puede ocurrir cuando en un grupo, por ejemplo, decide dejar de hablarle a alguna compañera de estudio por «x» situación, generando que ella se sienta rechazada, sola, y que esto afecte su autoestima.
En el caso de los varones, suele haber componentes más físicos además de verbales, pero no es que se eximan hechos de acoso escolar de manera psicológica; y tampoco es excluyente que en los casos de niñas no haya maltrato físico de algún tipo. Sin embargo, es importante reconocer que hay diferencias para poder tomar en cuenta a la hora de las evaluaciones y para que los padres puedan entender que su hijo o hija puede estar sufriendo algún tipo de bullying diferente aunque no llegue morado o morada del ojo.
El pionero en el estudio del tema, Dan Olweus, menciona que «un estudiante es víctima de bullying cuando está expuesto, de forma repetida y durante un tiempo, a acciones negativas por parte de uno o más estudiantes, y tiene dificultad para defenderse».
Esta definición incorpora otro aspecto importante: «dificultad para defenderse». Esto puede entenderse desde distintos ángulos. Por un lado, pareciera referirse también al hecho de las diferencias de poder. El más fuerte acosa al más débil. Pero por otro más profundo, para algunos estudiosos que le han dado continuidad al tema, también radica en la forma de la creación de valores y respeto, y en la forma de autocuido.
Esto atañe al ámbito familiar: vamos por pasos. Si bien el bullying por definición ocurre en la escuela, ¿es realmente ahí donde se origina? No siempre. Incluso, la mayoría de las veces podría ser que se origine en casa.
Los chicos, entre más pequeños están, menos desarrollada tienen su personalidad, su autoestima y en realidad lo que ocurre en los primeros años y también en la escuela es que los menores reproducen lo que ven en casa. Entender este punto puede ser fundamental y hasta chocante para los padres, pero clave para encontrar soluciones, cambiar comportamientos o preparar a nuestros hijos para que no cometan bullying o para que aprendan a pedir ayuda si lo sufren.
Y es que si bien en la escuela es que ocurre el acoso escolar, este lugar es solo el espacio físico donde los menores manifiestan lo que han aprendido en casa; ahí, en la escuela, se les inculcan también valores, respeto, etc. Pero la base la traen de casa, a donde aprenden si el padre se burla del vecino, o cómo se resuelven los conflictos.
Entonces, que un niño acose a otro puede ser una manifestación de lo que ha visto en su hogar, o, peor aún, de lo que ha sufrido: maltrato por parte de sus hermanos, o de sus padres, o de un padre a una madre, etc.
Pero también funciona a la inversa y eso implica una responsabilidad importante en los padres: Olweus habla de «no poder defenderse». El lugar donde un niño debe aprender a hablar de sus emociones, sus sentimientos, es en casa. La buena comunicación se basa en la creación de buenas relaciones. Un niño no se va a comunicar con sus padres o con alguien en particular (maestro u otro) si no ha aprendido que debe ser escuchado, que es normal que hable de sus problemas.
El bullying, por definición, se refiere a un hecho continuo. Es decir, si un chico molestó a su hijo hoy en la casa, pero no vuelve a ocurrir, no entraría dentro de esa definición. Pero que no vuelva a ocurrir pasa por varios factores que están intrínsecamente relacionados a los valores aprendidos en casa, a la buena comunicación. Si no vuelve a pasar muy probablemente será porque la víctima se pronunció al respecto o se defendió de alguna forma, ya sea hablando con la persona que lo agredió, con la maestra, con sus padres, o con sus pares en general. Pero, para ello, debe tener consciencia que tiene derecho a defenderse, a hablar.
Otras definiciones también tienes aspectos que más que debatibles, digamos, pueden analizarse para profundizar en ellos en la práctica. Por ejemplo, la American Psychological Association (es decir la Asociación de Psicología de Estados Unidos) define el bullying o acoso escolar «como un comportamiento agresivo en el que alguien intencional y repetidamente causa daño o incomodidad a otra persona, generalmente dentro de una relación con desequilibrio de poder”.
Esta definición, por tanto, incluye el aspecto «intencional de causar daño o incomodar a otra persona» a diferencia de las analizadas previamente; pero las dinámicas sociales son más complejas. Un niño podría no querer causar daño, sino que simplemente podría estar reproduciendo lo que vive a diario en su hogar, lo que es «normal» según su experiencia de vida, o incluso en la escuela podría haberlo aprendido y reproducirlo. No es que quiera causar necesariamente daño, es que así aprendió a vivir. Incluso, en círculos estudiantiles algunas formas de bullying pudieren considerarse como algo «gracioso» o «necesario» para formar parte de la «piña», del grupo, para pertenecer.
Son como especie de rituales en los que, para seguir siendo considerado del grupo, hay que cometer a otro (generalmente estigmatizado, visto como débil, o raro) acoso escolar. Este que, por presión psicológica del grupo hostiga a otro, no necesariamente lo hace por querer dañarlo, lo hace porque no quiere él ser dañado al no pertenecer, o porque no quiere ser la próxima víctima de acoso escolar.
Estas dinámicas sociales ocurren, además, en niños y niñas, aunque con ciertas diferencias o matices.
La tradición machista que impera en el país ha llevado a que muchos padres crean que ciertos comportamientos de acoso escolar son «normales» o hasta necesarios para que sus hijos aprender a defenderse, a no dejarse, o a vivir bien la vida en el sentido que afuera nadie te va a respetar.
En un país marcado por la guerra, y que llegó a tener la peor tasa de homicidios del planeta, es lógico pensar de esa manera. Sin embargo, aunque es «normal» en el sentido de «norma», de lo que ha venido ocurriendo cada día en el pasado y que vemos en la calle, en los medios de comunicación, eso no significa que deba seguir ocurriendo o que sea lo ideal.
Acá entra otro aspecto, para un joven o niño que está en esta dinámica social de cometer bullying por presión social de otros líderes de los grupos estudiantiles, es complicado tomar decisiones. Estas estarán guiadas no solo por lo aprendido en la escuela, sino, por sobre todo, los valores observados y vividos cotidianamente en el hogar.
Si en su casa aprendió que la injusticia hay que combatirla, que hay que ser empático con el dolor ajeno, y que los problemas también hay que dialogarlos y buscar ayuda, probablemente se negará a hacer bullying a otro en la escuela por presión de un grupo social al cual quiere pertenecer; quizás lo llegue a denunciar o incluso lo hable con sus padres o maestros, o más aún, defienda a la víctima.
Sin embargo, si lo que aprendió en su hogar es la «norma» de la sociedad salvadoreña del sálvese quien pueda, entonces lo más probable es que, o ignore los maltratos de sus compañeros a un par, o que, por «conveniencia» decida hasta participar de ellos para no ser la siguiente víctima. Y todo eso se aprende en casa, solo se reproduce en la escuela, y es más difícil para los maestros combatir eso si no se cambian los comportamientos en el hogar.
En enero de este año, Javier Hernández, el presidente de la Asociación de Colegios Privados de El Salvador (ACPES), comentó a El Diario de Hoy que no menos de tres estudiantes por cada 100 sufren de acoso escolar o bullying en el entorno de los centros educativos privados.
Claro, la cifra no es real en el sentido que no todos los casos se reportan (la mayoría no, según estimaciones internacionales, más en países latinoamericanos acostumbrados a la violencia cotidiana), por lo que estos datos solo sirven para tener un panorama o punto de partida.

Pero, además, Hernández hizo hincapié en que «aunque parezca pequeña la cantidad, si pensamos en la cantidad de estudiantes que tenemos en todo el país, significa que existen miles de estudiantes que sufren de bullying escolar».
Si se parte del dato que alrededor de 160,000 estudiantes se matricularon en colegios privados este 2026 según data oficial, al menos (AL MENOS) 5,000 están sufriendo bullying; y, por contraparte, AL MENOS 5,000 están cometiendo acoso escolar.
Según datos de la última Encuesta Nacional de Salud Mental, realizada en 2022 por el Ministerio de Salud (MINSAL), el 15.6 % de los padres consultados de estudiantes entre 8 y 12 años expresaron que su hijo había sufrido bullying en su centro de estudios. Igualmente, el 15 % de los alumnos encuestados entre 13 a 17 años confirmó que también había experimentado bullying en el entorno escolar.
Si lo que se pretende es tener una sociedad con menos violencia, más justa, empática y respetuosa de las diferencias, la educación en casa y en la escuela debe centrarse más en los valores de respeto, de empatía, de solidaridad, pero no desde la teoría (que ya hace falta también), sino desde la práctica, desde la vida cotidiana, desde el actuar de los padres que rompen con las tradiciones que aprendieron en su hogar y en su época de pubertos para que sus hijos, o sus nietos, no sufran bullying o, peor aún, no sean acosadores de compañeros.
– La información incluye reportes de Moisés Rivera de la siguiente nota:
Al menos 3 de cada 100 estudiantes sufren de bullying en colegios
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