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Obispo Menjívar y su mensaje sobre la justicia y el amor por el prójimo

El salvadoreño, quien migró por la guerra hacia Estados Unidos, fue nombrado por el papa León XIV

Evelio Menjívar Ayala
Como un peregrino más, monseñor Evelio Menjívar visita la habitación de San Romero anexa al Hospital de la Divina Providencia, en la colonia Miramonte, San Salvador. Foto EDH /Archivo.

El salvadoreño Evelio Menjívar Ayala fue nombrado por el papa León XIV como nuevo obispo titular de la diócesis de Wheeling-Charleston, en el estado de Virginia Occidental, en Estados Unidos, un paso más en su trabajo por la justicia y el amor al prójimo.

En este medio, en 2024 se publicaron dos entrevistas que resumen su pensamiento y, sobre todo, su acción: la búsqueda de la justicia, y que reproducimos parcialmente a continuación.

Siendo un adolescente aún, Evelio Menjívar-Ayala debió salir huyendo en 1982 de su pueblo, Nueva Trinidad, en el norteño departamento de Chalatenango. Luego tuvo que dejar su país envuelto en una guerra interna y cruzar la frontera méxico-estadounidense y el infernal desierto para llegar a Los Ángeles, California, donde fue un indocumentado más y desempeñó diversos trabajos, entre ellos la construcción, hasta que pudo seguir preparándose y ordenarse como sacerdote.

Este salvadoreño, ahora autoridad en la Iglesia de los Estados Unidos, en la ciudad donde se deciden muchos asuntos del planeta, aboga por que no se cometan injusticias con el régimen de excepción y más bien se dé oportunidades a los jóvenes, sobre todo de las zonas otrora asediadas por las pandillas, de quienes pide que no se les estigmatice ni margine.

Para sus paisanos y, sobre todo, los migrantes salvadoreños, monseñor Evelio es un “signo de esperanza” de que pueden aspirar a un futuro mejor por El Salvador y por Estados Unidos, donde quieren luchar honradamente por sus familias.

De visita junto a una delegación de obispos y prelados de Estados Unidos y entrevistado en la Capilla del Hospital de la Divina Providencia, el sitio del martirio de San Romero, estas son sus impresiones en exclusiva para El Diario de Hoy.

Obispos Evelio Menjívar, Mark Brennan y cardenal Gregorio Rosa Chávez en un mural de San Romero. Foto EDH / Archivo.

¿Quién es Evelio Menjívar-Ayala?
Soy originario del municipio de Nueva Trinidad, en el departamento de Chalatenango, donde nací en el cantón Carasque, una zona muy rural y afectada también por el conflicto armado, tanto que en 1982, cuando tenía 11 años, tuvimos que abandonar la zona y nos movimos hacia El Paraíso, donde viví hasta los 19 años y de allí salí con mi mochila llena de sueños hacia Estados Unidos. Soy un “mojado” como se les dice, aunque no crucé el río, sino el desierto. Entré sin documentos. Soy un inmigrante más en ese país que por muchos años tuvo que ganarse la vida trabajando en construcción, limpieza y otros. Por el conflicto en El Salvador, apliqué al asilo, algo que no se dio, pero sí obtuve el permiso de trabajo.

¿Cómo decide hacerse sacerdote si pudo hacer otras cosas, como dedicarse a los negocios y tener familia?
Desde que estaba en El Salvador estuve muy involucrado en la Pastoral Juvenil, fui catequista en mi parroquia en El Paraíso. Tenía el deseo de ser sacerdote, pero dado el conflicto y la falta de oportunidades tuve que irme y dejar los estudios. Al llegar a Estados Unidos me integro a la vida parroquial en Los Ángeles y luego en Maryland. Allí se va concretizando la vocación. Monseñor Mark Brennan, quien era el director vocacional y ahora (en 2024) es Obispo de Wheeling-Charleston en Virginia Occidental, vio en mí un futuro sacerdote y la diócesis me envió al seminario y así se concretizó mi vocación.

La inmigración no ha disminuido, sino que está alcanzando cifras récord en EE.UU. ¿Qué esfuerzos está haciendo la Iglesia por una reforma migratoria justa?
La situación migratoria es muy difícil, sobre todo por la retórica antiinmigrante de los últimos años. La Iglesia se ha unido siempre a diversas organizaciones que apoyan una reforma integral, pero no se ha avanzado mucho, más bien se ha retrocedido por la situación política. La Iglesia siempre sigue cabildeando con diferentes organizaciones, buscando unir esfuerzos para que se dé una reforma migratoria. Solamente un milagro puede lograr esa ansiada reforma migratoria, pero no nos vamos a dar por vencidos, vamos a seguir luchando y vamos a hacer todo lo que tengamos qué hacer por defender los derechos de los inmigrantes, ya sea a través de una reforma migratoria o defender su dignidad humana. No importa si tienes documentos o no les tienes, hay derechos inherentes en la persona.

El expresidente Trump (en ese momento, luego ganó las elecciones) ha amenazado con “la mayor deportación de inmigrantes sin papeles” si es reelegido…
Yo creo que es parte de la campaña (presidencial) y del deseo de movilizar a las personas que están en contra de los inmigrantes. Hay promesas que esperamos que no se cumplan. Siempre se dice que habrá deportaciones masivas o que no habrá deportaciones masivas y las deportaciones continúan prácticamente al mismo ritmo. Yo creo que es parte de la retórica antiinmigrante, una cuestión política para ganar votos y no podemos permitir que se use a los inmigrantes de esa manera. Eso sólo causa mucha aversión, mucha tristeza, mucho sufrimiento, mucho dolor, mucho miedo, que no ayuda en nada, porque cuando las personas indocumentadas pierden la confianza en el gobierno, en la policía, porque o se esconden o se sienten parte de la comunidad. Lo que queremos es crear ambientes propicios para que las personas se integren a la comunidad.

Esto es lo que hace la Iglesia. Por eso nunca pregunta “si tienes documentos”. Queremos que en la Iglesia las personas se sientan seguras, acogidas y parte de la comunidad, se sientan parte de la familia.

Se busca generalizar diciendo que todos los inmigrantes latinoamericanos son delincuentes, vividores…
Las generalizaciones nunca son buenas porque a eso es a lo que se le llama “prejuicio”, cuando generalizas, juzgas a una población y quieres tratar a las personas como criminales porque un miembro de esa comunidad cometió delito. La persona que cometió delito tiene que enfrentar la ley y pagar, pero cada quien debe ser juzgado individualmente.

No se puede combatir un delito cometiendo otro…
Juzgar a toda una población por crímenes cometidos por algunos de sus miembros es añadir un crimen más. Nunca se debe generalizar ni discriminar o tener prejuicios por una persona porque es hispana, morena o de otra raza. No puedes crear estigmas en la población.

¿Cuál es la posición de la Iglesia de los Estados Unidos sobre los nuevos lineamientos del Vaticano en cuanto a la bendición de parejas del mismo sexo?
El documento está bien claro. No está dirigido a crear un rito de bendición como pareja, sino que es una invitación que el Papa hace a que seamos más tolerantes, misericordiosos, para acoger a todas las personas. La bendición se le da en este caso a las personas y nunca se le puede negar la bendición a una persona. La Iglesia no está cambiando la doctrina ni las normas litúrgicas sino que está procurando que toda persona se sienta bienvenida, ya que la Iglesia es una madre. Como en las familias, a un hijo no se le echa a la calle simplemente porque tiene una preferencia sexual con la que los padres no están de acuerdo. Los hijos son los hijos y tienen que ser recibidos porque son hijos. A eso es a lo que nos invita el Papa. No se bendice la unión, sino a las personas y salir al encuentro de las personas en el camino donde estén.

El obispo Evelio Menjívar recibió doctorado de Universidad de Georgetown en 2024. Foto EDH/Archivo.

¿Qué llamado haría la Iglesia, y usted que es originario de El Salvador, para que no se cometan injusticias con el régimen de excepción?
Esta mañana tuvimos la oportunidad de visitar la parroquia de la Inmaculada Concepción de María en Soyapango y pudimos conocer un poco de la realidad. Es una zona donde antes no se podía entrar. Estaba controlado por las pandillas. Ahora se puede entrar. Pero los jóvenes enfrentan la problemática de la estigmatización que han sufrido por muchos años. Se ha hecho algo, pero la problemática social está muy latente. Por un lado se siente el cambio, la seguridad, pero a la vez siguen allí las causas que permitieron crecer las pandillas. Felicitaciones por lo que se ha hecho, pero sabemos que el trabajo no está terminado. Muchos jóvenes no pueden obtener trabajo, aunque tengan el nivel educativo y esté la plaza, simplemente porque viven en ciertos barrios. Esa es discriminación que tiene que combatirse. Porque tú naciste, creciste y vives en un barrio donde estuvo la pandilla no se tiene que discriminar ni tenerte como un pandillero y perder las oportunidades para superarte y salir de ese ciclo de pobreza y de violencia. El país tiene que trabajar en eso. Si no, se va creando un sistema injusto, discriminatorio.

¿Si no se propician esas oportunidades seguirá habiendo más emigración hacia el Norte? Sólo el año (2023) anterior casi 37,000 salvadoreños pidieron refugio en México, según datos oficiales, sin contar los que intentan pasar hacia EE.UU…
Yo me fui del país por el conflicto armado. Dos años después vinieron los acuerdos de paz. Fue una paz frágil, se logró mucho, hay que aplaudir ese esfuerzo de reconciliación, pero las causas que generaron la guerra no se trataron y después vivimos el conflicto social de las pandillas. Ahora se vive una paz relativa, pero si no se tratan a profundidad las causas, ¿qué pasará dentro de dos o tres años? Es importante que se hagan los esfuerzos de pacificación y erradicación de la delincuencia, pero hay que trabajar mucho con la población, con los jóvenes, para que sean las comunidades las que propicien el cambio. El gobierno no puede estar en todo y no debería estar en todo y no va a estar en todo. Entonces, si no se potencializa a las comunidades para que traigan el cambio real, nada va a funcionar.

El régimen de excepción ha contenido a las pandillas, pero también ha permitido que inocentes sean detenidos y mantenidos tras las rejas hasta por meses (algunas personas ha muerto en prisión, incluso sin ir a juicio)…

Las autoridades deben hacer un esfuerzo grande de proteger los derechos de las personas. No se puede combatir las injusticias creando otras injusticias; no se puede combatir la violencia generando violencia. Entonces, para que estos cambios sean reales se tiene que hacer todo bajo el régimen pero de legalidad, porque si no vamos a estar creando siempre una espiral, un ciclo, como pasó antes. Hay que buscarle solución a los problemas, pero debe ser dentro de lo justo. Las personas que han sido detenidas tienen el derecho a ser juzgadas, pues nadie puede ser tenido como culpable si no se le ha probado. El problema es que muchas veces no se les prueba, simplemente se les condena a priori. Muchas veces por vivir en ciertos barrios o ciertos sectores ya es tomado como delincuente. Es el estigma que hay que combatir.

Aquí en este lugar, donde prácticamente comenzó una guerra con un martirio el 24 de marzo de 1980, ¿qué pide usted para su país?
Si se cumplen las palabras del profeta, del mártir, “si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”, la cruz no fue un final, sino un inicio. En esta capilla podemos ver el fin y el martirio de un pastor entregado a su gente, pero también podemos ver un inicio, un principio. Podemos ver a un pueblo que no se da por vencido. Lo podemos ver en los migrantes que luchan, que hacen grandes sacrificios para sacar a sus familias y al país adelante. La fuerza económica de El Salvador está en las manos de los inmigrantes. Yo lo que quisiera es que El Salvador se desarrolle de una manera integral, porque muchos emigran porque no tienen más oportunidades. Como Iglesia estamos luchando para que no se viole el primer derecho que es a quedarte en tu país, porque si se sales y te expones es porque tus derechos ya fueron violados en tu país.

Esta entrevista fue publicada en enero de 2024. Meses después, Evelio Menjívar recibió doctorado de Universidad de Georgetown, y, en su discurso a cientos de estudiantes de dicha casa de estudios, mencionó:

“No podemos ser indiferentes al sufrimiento injusto que obliga a tantos al exilio”, declaró Menjívar, quien es un inmigrante que llegó huyendo de la guerra en El Salvador con todas sus atrocidades en los años 80. Por eso no duda en advertir que “las guerras y los conflictos que siguen extendiéndose en el mundo están creando verdaderas crisis humanitarias que no debemos ignorar”.

“La sangre de tantas personas inocentes, especialmente la de niños y jóvenes, clama al cielo -acotó. ¿Y qué diremos de la difícil situación de los pobres, los marginados, los sin techo, los inmigrantes, los solicitantes de asilo en nuestras propias comunidades y en otros lugares? ¿Cuál debería ser nuestra respuesta a este drama humano?”, cuestionó a los jóvenes graduandos.

En seguida, enumeró las causas de los desplazamientos en el mundo: “Estos conflictos y guerras en curso, el cambio climático, los regímenes opresivos y el impulso natural de una vida mejor están empujando a las personas fuera de sus propios países y obligándolas a buscar una nueva tierra que pueda ofrecerles pan, dignidad y paz”.

Para el obispo salvadoreño, la actitud que debe adoptar la humanidad “en medio de todas las disputas y debates políticos, como una cuestión de justicia y obligación de respetar la dignidad humana de los demás, debemos estar siempre dispuestos, como dice el papa Francisco, a ser una comunidad que acoja, proteja, promueva e integre a los inmigrantes y refugiados que vienen a nuestro país, en lugar de ser una sociedad que reacciona, explota, denigra y deshumaniza a los demás”.

El obispo Menjívar reconoció, también, que el pueblo de Estados Unidos, desde sus orígenes, ha sido notablemente acogedor con millones de migrantes y refugiados, pero “la forma en que tratamos a los más vulnerables de nuestra sociedad es el verdadero indicador de si somos o no una gran nación”, reflexionó.

“No podemos ser indiferentes al sufrimiento injusto que obliga a tantos al exilio -agregó-. Es urgente que nos ocupemos de las causas que desencadenan las migraciones forzadas: los regímenes opresivos, la corrupción, la trata de personas y el cambio climático”, recalcó.

Al recordar a los jóvenes graduados que el futuro de la sociedad está en sus manos, monseñor Menjívar les pidió que piensen en cómo las heroicas mujeres y hombres del pasado respondieron con grandeza a los desafíos específicos de su tiempo. Les llamó a preguntarse: “¿Qué puedo hacer para que mi nación, mi familia, mi vecindario, mi comunidad, mi nación y nuestro mundo sean mejores, no solo para nosotros sino para todos?”.

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