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Análisis médico: Enfermedades que no piden permiso para volver

La prevención es colectiva. La inmunidad no es solo individual: protege a quienes no pueden vacunarse por razones médicas. Vacunarse es un acto de solidaridad.

Experto en epidemiología y salubrista, Ricardo Lara. Foto EDH/Miguel Lemus

El sarampión es una de ellas: silencioso al inicio, devastador cuando encuentra terreno fértil en la desidia. Estas son diez realidades que la población salvadoreña debe conocer, sin adornos ni excusas:

El sarampión no es una enfermedad del pasado. Creer que está erradicado es el primer error. Mientras exista en algún rincón del mundo, puede regresar.

Es altamente contagioso. Un solo caso puede iniciar una cadena de transmisión si hay personas no vacunadas. El virus no necesita multitudes; le basta la indiferencia.

Los niños son los más vulnerables, especialmente los menores de cinco años. En ellos, el sarampión no es “una fiebre más”: puede complicarse con neumonía o encefalitis.

La vacuna salva vidas. La inmunización contra el sarampión —generalmente incluida en la triple viral— no es opcional desde la salud pública; es un deber.

Los esquemas incompletos son una puerta abierta. Una sola dosis no siempre basta. La protección requiere cumplir el calendario completo.

Los síntomas iniciales engañan: fiebre, tos, secreción nasal y ojos rojos. Muchos los confunden con una gripe común. El sarpullido aparece después, cuando el virus ya ha avanzado.

El contagio ocurre antes de las manchas. Una persona puede transmitir el virus incluso antes de que el diagnóstico sea evidente. Ahí radica su peligrosidad.

Los brotes se alimentan de la desinformación. Cada rumor contra las vacunas es un aliado del virus; cada cadena falsa en redes sociales, un retroceso sanitario.

La vigilancia epidemiológica es clave. Reportar casos sospechosos no es alarmismo, es responsabilidad. Callar es permitir que el brote crezca.

La prevención es colectiva. La inmunidad no es solo individual: protege a quienes no pueden vacunarse por razones médicas. Vacunarse es un acto de solidaridad.

El sarampión no golpea primero a los débiles; golpea primero a los descuidados. Y cuando llega, no pregunta por ideologías ni excusas: encuentra brechas.

Actualizar la inmunización contra el sarampión no es una recomendación; es la línea que separa a una sociedad responsable de una que aprende a la fuerza.

Médico.

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