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Irán: tiempos de guerra

Del lado estadounidense, las tensiones tienen su raíz en el programa nuclear clandestino iraní.

El 28 de febrero de 2026 marcó un punto de inflexión dramático en la historia de Oriente Medio. Estados Unidos e Israel lanzaron una masiva operación militar conjunta contra Irán, denominada “Operación Furia Épica” por los estadounidenses y “Operación León Rugiente” por los israelíes. Esta ofensiva tuvo como objetivo instalaciones balísticas y nucleares.

La dimensión política es fuerte: la voluntad de provocar un cambio de régimen se tradujo en el ataque dirigido contra los líderes del régimen, entre ellos el propio “Líder Supremo”, el ayatolá Alí Jamenei.

En respuesta, Irán lanzó ataques con misiles y drones contra Israel y contra bases estadounidenses en varios países del Golfo, expandiendo el conflicto a escala regional. Hoy en día, Qatar, Omán, los Emiratos Árabes Unidos y Baréin han sido víctimas de ataques con misiles.

Hasta el 5 de marzo de 2026, sexto día del conflicto, más de 1,100 personas habían muerto en Irán, y las tensiones amenazaban con escalar hacia una guerra más amplia que podría involucrar a otros actores, como Hezbolá en el Líbano o los hutíes en Yemen.

Las negociaciones nucleares en Ginebra, mediadas por Omán en febrero de 2026, finalizaron sin acuerdo, a pesar de las posibles concesiones de Estados Unidos. Benjamin Netanyahu, de visita en Estados Unidos, convenció a Donald Trump de que Irán no acataría ningún acuerdo, presionándolo para que tomara medidas militares decisivas.

Las raíces de este conflicto se remontan a la Revolución Islámica iraní de 1979, que transformó a Irán en una república teocrática hostil a Estados Unidos e Israel. Desde entonces, Washington y Tel Aviv han percibido a Teherán como “una amenaza existencial”.

Para Israel, Irán representa un enemigo declarado, debido a sus reiterados llamados a la destrucción del Estado judío, al que Jamenei ha descrito como un “tumor canceroso”, y a su apoyo a grupos aliados como Hamás, Hezbolá y diversas milicias iraquíes.

Este apoyo se intensificó durante la guerra entre Israel y Hamás de 2023-2024, en la que Irán proporcionó armas e inteligencia, lo que exacerbó los temores israelíes de verse rodeados por el llamado “Eje de la Resistencia”.

Del lado estadounidense, las tensiones tienen su raíz en el programa nuclear clandestino iraní. El acuerdo nuclear con Irán (JCPOA) de 2015, negociado durante el gobierno del expresidente Barack Obama, buscaba limitar el programa nuclear de Teherán a cambio de un alivio de las sanciones.

Sin embargo, Donald Trump, durante su primer mandato, se retiró del acuerdo en 2018, considerándolo insuficiente para abordar el problema de los misiles balísticos iraníes y su apoyo al terrorismo.

Las negociaciones se reanudaron en 2025 y 2026, pero fracasaron ante la intransigencia iraní. En junio de 2025, Israel lanzó un ataque unilateral contra instalaciones nucleares iraníes, debilitando a Teherán, pero sin detener su programa. Estados Unidos, aliado cercano de Israel, apoyó esta acción, lo que marcó su primer compromiso directo en la escalada.

Las razones declaradas por el presidente Donald Trump para el ataque de 2026 incluían impedir que Irán adquiriera el arma nuclear, destruir su programa de misiles, paralizar su armada y provocar un cambio de régimen. Trump habló de un “peligro inminente” para los intereses estadounidenses.

Fuentes como el Consejo de Relaciones Exteriores señalan que Irán violó sus obligaciones de no proliferación en 2025 al abrir una instalación secreta de enriquecimiento de uranio, lo que precipitó la acción israelí y estadounidense.

Finalmente, las protestas internas en Irán en 2026 —violentamente reprimidas por el régimen y que provocaron la muerte de miles de personas— proporcionaron un argumento humanitario adicional. En los primeros días del ataque, Trump instó a los iraníes a “tomar el control de su gobierno”.

Sin embargo, el régimen de los ayatolás, a pesar de la desaparición de varios de sus principales responsables en los intentos de desmantelar su cadena de mando militar, sigue presente en las calles de las ciudades a través de los Guardianes de la Revolución y continúa lanzando ataques con misiles contra Israel y contra países árabes vecinos.

Irán afirmó haber cerrado el estrecho de Ormuz, vital para aproximadamente el 20 % del petróleo mundial, al tiempo que atacaba bases estadounidenses en Baréin, Kuwait, Catar y los Emiratos Árabes Unidos. También se dispararon misiles contra Tel Aviv, mientras grupos aliados como Hezbolá bombardearon objetivos en Líbano e Israel.

En el sexto día del conflicto, Estados Unidos hundió un barco iraní en el océano Índico, ampliando así el teatro de operaciones. Israel atacó el sur del Líbano, enfrentándose a Hezbolá, mientras que ciberataques interrumpieron varios servicios iraníes.

La guerra ya tiene una dimensión regional, aunque la destrucción de las fuerzas balísticas iraníes es considerable.

Según Washington, el 60 % del potencial militar de Teherán habría sido destruido, mientras continúan los ataques contra las infraestructuras del régimen de los ayatolás, que intenta extender el conflicto por toda la región de Oriente Medio.

Las horas son difíciles, pero no debe olvidarse el objetivo final: ¿habría sido el mundo más seguro con un Irán dotado de un arsenal nuclear con vocación militar, tal como estaba previsto a través de su programa clandestino? Un Irán nuclear habría puesto en tela de juicio la seguridad internacional y favorecido una nueva proliferación nuclear ofensiva.

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