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Palabras/»Victoriano Piano», cantor de auroras

Era un bohemio de los suburbios, sin familia, sin ayer ni porvenir

“Victoriano Piano” era un carpintero ebanista que llegó a trabajar a casa cuando yo era niño. Un día encontró la guitarra de mi madre y le pidió que lo dejara tocar en ella una melodía. Resultó ser un trovador de tangos y valses peruanos, de boleros y canciones del amor y del olvido… En las tardes —liberado de sus tareas— encendía un fogón en el patio trasero de la casa y tocaba la lira. Yo, junto a él, le escuchaba extasiado.

Veía en los ojos del viejo Victoriano “Piano” —como le decían— el reflejo de un invisible mundo de añoranza y nostalgia. ¿Qué miras en el aire cuando tocas? —preguntaba yo en mis adentros.


Debo confesar que él me enseñó a escuchar y mirar los sueños en el aire, los primeros términos en la guitarra y la poesía lunfarda del tango arrabalero. Pero lo más hermoso que Victoriano Piano me enseñó fue a escuchar las canciones del silencio.

Era un bohemio de los suburbios, sin familia, sin ayer ni porvenir. Víctor Piano, bohemio de las varias auroras. Cuando se iba de un lugar, alguien lo esperaba en otro lugar. Por la bohemia había perdido todo: amores, familia, fortuna… Menos la rama dorada de sus sueños.

Un día se fue y no volvió. A veces —cuando a solas acaricio la bandurria cantora— le recuerdo. Entonces escucho su voz en el aire. Y me parece encontrar de nuevo en los atardeceres el fogón aquel que se reflejaba en sus ojos al trovar.

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