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Palabras/Razón de todo lo perdido

El hombre feliz es aquel que —a pesar de haber perdido sueños y riquezas— nunca perdió la riqueza de soñar.

Era un honesto y sabio caballero. Cuando perdía fortunas, amores o ilusiones, solía sonreír. Todos decían que estaba loco, pero no era así. Simplemente se trataba de un hombre honrado que acostumbraba saldar todas sus deudas y esto le causaba placer.

Cada vez que perdía dinero o ilusiones, creía que estaba pagando a la vida una de sus letras de cambio. Las letras de cambio de la felicidad o la fortuna. Por eso mismo sonreía. Por haber pagado una sonrisa más al mundo, el inmenso bazar de rutilantes mercancías y fantasiosos tesoros.

Aquello no era haber perdido la razón, sino la razón de todo lo perdido. De igual manera que no es igual haber perdido la esperanza que la esperanza de todo lo perdido. Hay una razón para lograr el anhelo y otra razón para volverle a encontrar.

Así como existen personas razonables y otras insensatas. Unos que no y otros que creen en el mañana. Sonreír a la suerte adversa es vencer a la misma suerte. Es pagar la ilusión; cerrar contrato con la felicidad.

El hombre feliz es aquel que —a pesar de haber perdido sueños y riquezas— nunca perdió la riqueza de soñar.

«Esperanza» —una de las virtudes teologales— es también espera, aguardo, ilusión, anhelo, perspectiva y expectación. Fe en el futuro, convicción de un promisorio porvenir. La razón de seguir después de haber perdido todo, menos la razón.

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