Durante el año hay un promedio de 4,700 divorcios en nuestro país,afirman las estadísticas. Es de ellos de quienes hablaré en estaoportunidad. De todos esos amantes que dijeron adiós. Aquelloscantores de la utopía y del romance. Los novios fugaces de algún roto amor o del desvanecido ideal de la felicidad de dos. En el samsara, desierto de la vida, siempre fuimos de paso. Por tanto,el amor también iría de paso. Como van de paso barcos y cometas.Aunque partir –como dicen los cantores—fuera morir un poco en el amor.Aunque amar fuera morir un poco al partir. Los amantes de entoncesdirían su despedida. Se perderían por allí –en algún sendero delviento o de la urbe desierta. No importa cuánto durara su romance. Aveces un instante, una mirada, una tarde, un día, unos meses, algunosaños o toda la vida. El arte de olvidar tal vez sea guardar en algúnlugar secreto del alma el perfume de un día, que nos hizo inspirarnos.Entre tanto iremos –como siempre de paso- en el inmenso mar de arena ysoledad. Vasto y apartado reino, de fantasmagóricos e ilusoriospuertos de ceniza y espejismo. Y en el inmenso océano de arena veremos transcurrir en el aire los barcos viajeros de la separación. Será elamor que nuevamente elevará sus velas, para perderse después en elverso gris y lejano del horizonte. Como los 4,700 que dijeron adiós.








