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Palabras/Emigrantes de lejanas auroras

Los hombres de la diáspora se expandieron por el mundo. Hermanos de raza los hay por igual en las planicies australianas, en los suburbios de Nueva York, en los desiertos de Egipto como camelleros, en la California latina o en las tundras boreales

El hombre del rancho y el lucero del poeta Alfredo Espino y el cuchillero del poema de Roque Dalton ¿Dónde andarán? Se habrán perdido –como es natural en los personajes de un poema- en la bruma del libreto. La región aparte a donde van a parar los parias de la suerte, los segregados del progreso y la felicidad… Seguramente murieron un día como héroes anónimos de una vida cualquiera o se fueron del país, como los millares de emigrantes, buscadores de un mundo mejor.
Perdieron el suelo que les vio nacer y no volvieron. Se fueron como las bandadas de gavinas hacia la lumbre lejana de algún amanecer. Se fueron, buscando ciudades más humanas y con mejores oportunidades.
Ellos, los emigrantes de la tierra irredenta: sola –aunque densamente poblada- pobre –aunque con mucha riqueza humana y natural. Se fueron pues, tras el oriente de un anhelo. Así, los hombres de la diáspora se expandieron por el mundo. Hermanos de raza los hay por igual en las planicies australianas, en los suburbios de Nueva York, en los desiertos de Egipto como camelleros, en la California latina o en las tundras boreales. Ellos, los habitantes de un poema, de una tierra de
lejanas auroras. Perdidos en un verso o en el desierto.


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