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Palabras/Distancia del lejano rosal

Hay un huerto de rosas, jazmines y campánulas al otro lado del tiempo.
Al cruzar el mágico umbral de una añoranza, logramos en cierta forma
penetrar aquel paraíso de todo lo perdido. Es el milagro de la
renovación.

Distancia entre el corazón y el lejano rosal. Es el necio empeño
humano de desandar el camino andado. Como si la vida fuera así de
fácil de borrarse como una página y volverse a escribir. Vano empeño
también el tratar de volver al ayer que un día se perdió. Como si los
relojes -en verdad- caminaran al revés como en los espejos. Ya que al
final el espejismo es sólo el reflejo invertido de la verdad interior.
Andar y desandar. Amar y olvidar. Decir adiós y después volver en la
añoranza a quien dijimos “hasta luego”. Esa breve frase que al
pronunciarla nos hace morir un poco en el amor. Pero igual –al
añorar—solemos volver en cierta forma al tiempo perdido de una
ilusión. O tal vez al viejo rosal que quedó atrás. Más allá de la
frase del tiempo o de una despedida. Es el dulce dolor de la
separación entre un amor, un rosal y nuestro corazón. El tiempo por
venir habrá de hacer aparecer como arte mágico el nuevo rosal, el

mismo que alguna vez quedó atrás.

Hay un huerto de rosas, jazmines y campánulas al otro lado del tiempo.
Al cruzar el mágico umbral de una añoranza, logramos en cierta forma
penetrar aquel paraíso de todo lo perdido. Es el milagro de la
renovación. El ayer es recuerdo; el presente ilusión y el mañana
esperanza. Distancia entre nuestro corazón y el distante rosal que

alguna vez pudo volver a florecer.

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