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Movilidad humana: El impacto de los intercambios desiguales y los pagos de deudas en el desarrollo y en el ejercicio del derecho a permanecer

Usted no puede esperar construir un mundo mejor sin mejorar a las personas. Cada uno de nosotros debe trabajar para su propia mejora

Marie Curie

Las relaciones entre los países del Norte y del Sur se aprecian de manera diferente cuando se analizan desde la perspectiva del intercambio desigual. Este tipo de intercambio se refiere a la transferencia de plusvalía del Sur al Norte por la diferencia de salarios entre ambas regiones y por la diferencia de precios entre productos manufacturados y de materias primas.

En su estudio titulado Plunder in the Post-Colonial Era: Quantifying Drain from the Global South Through Unequal Exchange, 1960-2018 (El saqueo en la era postcolonial: cuantificación del drenaje del Sur global a través del intercambio desigual, 1960-2018), Jason Hickel, Dylan Sullivan & Huzaifa Zoomkawala, cuantifican la fuga de recursos del Sur global hacia el Norte desde 1960 por medido del diferencial de tipo de cambio y concluyen, inter alia, que el Norte global de economías avanzadas “se apropió” de productos básicos del Sur por un valor de 2,2 billones (trillion) de dólares en precios del Norte; una cantidad suficiente para acabar 15 veces con la pobreza extrema. Añaden que, durante todo ese período, en dólares constantes de 2011, la fuga del Sur totalizó 62 billones de dólares, pero que, si se tiene en cuenta la pérdida de crecimiento, esa suma asciende a 152 billones de dólares. Así las cosas, la apropiación a través del intercambio desigual representa hasta el 7% del PIB del Norte y el 9% del PIB del Sur.

En 2015, de acuerdo con el estudio de Jason Hickel, Christian Dorninger, Hanspeter Weiland y Intan Suwandi titulado Imperialist appropriation: Drain from the global South through unequal exchange, 1990–2015 (Apropiación imperialista: drenaje del Sur global por medio del intercambio desigual, 1990-2015), 10.8 billones de dólares fueron transferidos del Sur al Norte. Así las cosas, los autores concluyen que el intercambio desigual es un factor determinante de la desigualdad global, el desarrollo desigual y el colapso ecológico.

A esto hay que agregar el Intercambio Ecológico Desigual que, de acuerdo con Mario Alejandro Pérez-Rincón en su estudio titulado Intercambio ecológico desigual: Revisión histórica y conceptual, surge “de las preocupaciones de la Economía Ecológica…por los asuntos de la equidad ambiental distributiva entre países, como resultado del Comercio Internacional”. Este intercambio “es asimétrico no solo en términos económicos sino también ecológicos. Esta asimetría afecta especialmente a los países del Sur que se especializan en extraer y exportar materias primas, y favorece a los países del Norte que producen y exportan bienes intensivos en capital y conocimiento”. 

Los países del Sur han contraído deudas que, como es lógico, tienen que pagar. El problema es que el sistema financiero internacional está diseñado para más que el reembolso de las deudas, pues la transferencia de muchos otros recursos, calificada por algunos de drenaje, es una realidad.

El problema, como se dice en el estudio titulado The Debts Haunting the Future of the Global South (Las deudas que acechan el futuro del Sur global), de Noria Research, es que la realidad va más allá del simple volumen de deuda, pues el aumento de los costos asociados al servicio de la deuda también ha sido un factor relevante. Así, en 2023, los países del Sur pagaron la cifra récord de 1,4 billones de dólares en servicio de la deuda. Esto incluyó 400 mil millones de dólares en pagos de intereses, una cantidad que triplicó la de hace una década. En total, los pagos de la deuda se encuentran en su nivel más alto desde 1990, y esos gastos absorben, en promedio, un estimado de 14% de los ingresos de los gobiernos.

En el mismo estudio se menciona el análisis de los economistas Isabel Ortiz y Mathew Cummings que concluye, entre otras cosas, que el 85% de la población mundial -más de seis mil millones de personas- vive actualmente bajo algún tipo de medidas de austeridad, que 3,400 millones de personas viven en países que gastan más en pagos de intereses que lo que invierten en salud, y que 2,100 millones de personas viven en países donde los pagos de intereses superan la inversión en educación.

Por su parte, Tess Woolfenden, en su artículo Why 2025 is a crucial year for debt and climate Justice (¿Por qué 2025 es un año crucial para la deuda y la justicia climática?), resume esta realidad afirmando que, de acuerdo con cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y del Banco Mundial, hoy en día lo que el Sur global paga para reembolsar el servicio de la deuda supera en 50 billones de dólares lo que reciben en donaciones y préstamos.

En 2023, el secretario general de las Naciones Unidas hizo un llamado para reformar sin demora el sistema financiero internacional, porque hoy en día muchos “dirigentes se enfrentan a una disyuntiva angustiosa: pagar su deuda o satisfacer las necesidades de sus poblaciones. Muchos países africanos gastan más en pagar la deuda que en sanidad” y, en la actualidad, “52 países se encuentran en situación de impago o peligrosamente cerca de ello.”

Para el secretario general, el sistema financiero internacional tiene una “arquitectura que no representa al mundo actual” y recordó, como ejemplo, que en 2021 el Fondo Monetario Internacional (FMI) asignó 650 mil millones de dólares en Derechos Especiales de Giro, pero que, de esa cantidad, $ 160,000 millones fueron a la Unión Europea y solo $ 34 millones a países africanos.

El flujo financiero negativo significa que lo que los países del Sur envían al mundo desarrollado supera lo que reciben del Norte. En otras palabras, el mundo en desarrollo está subsidiando las ganancias del mundo rico, principalmente por las enormes deudas acumuladas por el Sur global, que, en los últimos años, han crecido a un ritmo acelerado. Ante esta realidad, resulta difícil pensar en que los países del Sur están en “vías de desarrollo” o que esa vía llegará un día a alguna meta. Esto, sumado a prácticas de la alta finanza internacional que también afectan el desarrollo de los países del Sur, lleva a que muchos ciudadanos de esos países no consideren el ejercicio del derecho a permanecer como una opción realista.

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