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Matrix El Salvador

El verdadero riesgo para El Salvador no sea que las máquinas terminen pensando como nosotros. El verdadero riesgo es que nosotros terminemos pensando como algoritmos: creyendo que un aplicativo puede sustituir a un médico

Doctor Danilo Arévalo, tesorero del Colegio Médico de El Salvador

Existen dos películas que retratan futuros donde los seres humanos conviven con máquinas dotadas de inteligencia artificial, aunque desde perspectivas muy distintas. La primera es Matrix, donde la humanidad vive atrapada en una realidad artificial diseñada para convertir a las personas en simples baterías al servicio de las máquinas. La segunda es A.I. Artificial Intelligence, donde los seres humanos crean máquinas capaces de amar, obedecer y satisfacer necesidades emocionales, planteando profundos dilemas éticos sobre los límites de la tecnología y el riesgo de sustituir las relaciones humanas por simulaciones artificiales.


A pesar de sus diferencias, ambas historias convergen en una misma pregunta: ¿es posible reproducir aquello que nos hace humanos? Tanto las máquinas que dominan a la humanidad en Matrix como los androides que buscan ser aceptados en A.I. chocan contra una barrera que parece imposible de superar: la complejidad de la experiencia humana.

Nuestra forma de pensar no surge únicamente del procesamiento de información. Está construida sobre experiencias, emociones, intuiciones, recuerdos y aprendizajes acumulados a lo largo de toda una vida. La velocidad con la que el cerebro humano interpreta la realidad y toma decisiones sigue siendo difícil de comprender incluso para la ciencia moderna. Por ello, la incorporación de la inteligencia artificial en áreas sensibles como la medicina exige prudencia, transparencia y responsabilidad.

Históricamente, el diagnóstico médico se ha sustentado en tres pilares fundamentales: una adecuada historia clínica, la evaluación física del paciente y los estudios complementarios dirigidos. Cuando uno de esos pilares desaparece, el riesgo de error aumenta considerablemente. Esta es precisamente una de las principales limitaciones de muchas plataformas de telemedicina que actualmente se promocionan como soluciones innovadoras para los problemas de acceso a la salud.

Por más entusiasmo publicitario que se haya generado alrededor de DoctorSV, la realidad clínica continúa imponiendo límites que la tecnología todavía no logra superar. De hecho, el ruido inicial que acompañó su lanzamiento parece haberse reducido considerablemente, mientras comienzan a surgir testimonios y experiencias que merecen ser analizados con atención.

Recientemente, una médica colombiana relató su experiencia tras incorporarse a las filas de DoctorSV. Describió las limitaciones bajo las cuales desarrolló su trabajo y la forma en que posteriormente se dio por finalizada su relación contractual. Según su percepción, la información generada durante sus consultas pudo haber sido utilizada para analizar patrones de conducta clínica, decisiones diagnósticas y criterios terapéuticos con el propósito de desarrollar algoritmos capaces de replicar su desempeño profesional.

En artículos anteriores hemos señalado que la inteligencia artificial necesita grandes cantidades de información para aprender. Por ello, la hipótesis no resulta completamente descabellada. Sin embargo, también debemos recordar una verdad elemental: las inteligencias artificiales son diseñadas por seres humanos y, por tanto, heredan sus limitaciones, sesgos y errores. Ningún algoritmo está exento de equivocaciones, especialmente cuando se alimenta de información incompleta o se desarrolla sobre procesos imperfectos.

El verdadero talón de Aquiles de estos sistemas continúa siendo la ausencia del examen clínico. Los estudios de laboratorio, las radiografías y otros exámenes complementarios siguen dependiendo de profesionales humanos para su correcta interpretación y contextualización. La tecnología puede aportar información valiosa, pero difícilmente sustituye la observación directa de un paciente.

Quizá por ello continúan apareciendo casos preocupantes. Entre ellos, el de un joven en Ahuachapán que consultó por dolor abdominal y fue catalogado como portador de síndrome de colon irritable, cuando posteriormente se evidenció una apendicitis que requería tratamiento quirúrgico. O el caso de una joven que consultó por el mismo síntoma, recibió la indicación de realizarse una serie abdominal y posteriormente se descubrió que estaba embarazada y en trabajo de parto. Dos situaciones en las que un adecuado examen físico probablemente habría orientado el diagnóstico desde el inicio.

Mientras tanto, la supuesta solución definitiva para los problemas de salud del país, el nuevo Hospital Rosales, enfrenta dificultades muy distintas. A pesar de contar, según declaraciones oficiales, con equipamiento de primer nivel y aspirar a convertirse en el mejor hospital de la región, continúa enfrentando una realidad que ninguna tecnología puede reemplazar: la escasez de especialistas. Tal como señalé en mi artículo anterior, “El augurio de un fracaso anticipado”, la infraestructura y los equipos son indispensables, pero resultan insuficientes cuando no existe el recurso humano necesario para operarlos.

La inteligencia artificial puede convertirse en una extraordinaria herramienta de apoyo. Nadie discute su potencial. Lo preocupante es cuando comenzamos a utilizarla como sustituto del pensamiento crítico, del juicio clínico o de la responsabilidad de construir soluciones reales a problemas complejos.

Matrix no era una historia sobre máquinas. Era una historia sobre personas que aceptaban una ilusión porque resultaba más cómoda que enfrentar la realidad.

Tal vez el verdadero riesgo para El Salvador no sea que las máquinas terminen pensando como nosotros. El verdadero riesgo es que nosotros terminemos pensando como algoritmos: creyendo que un aplicativo puede sustituir a un médico, que un edificio puede sustituir a un especialista, o que una campaña publicitaria puede sustituir a una política pública.

Porque cuando una sociedad comienza a confundir innovación con propaganda, tecnología con salud y ficción con realidad, deja de escribir su futuro y pasa a convertirse en un personaje secundario dentro de una película cuyo final ya está anunciado.

Dr. Danilo Alfonso Arévalo Sandoval
Ginecólogo Oncólogo
Gerencia de Hospitales e Instituciones de Salud, INCAE




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