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Las dictaduras no son gobiernos

Con prosperidad o sin ella, los atropellos a los derechos humanos, los encarcelamientos y las persecuciones convierten a un régimen en una banda criminal

Venezuela, ha dicho un agudo observador, no tiene, al igual que Cuba y Rusia, un gobierno, sino que está bajo el control de un grupo que vive del sufrimiento del pueblo, como ocurre en todos los países donde se persigue, se encarcela, se tortura y se asesina, además de pisotearse las más elementales normas de un Estado de derecho.

Que en algunos casos la demencia llegue a extremos inauditos, como bajo Kim Jong-un en Corea del Norte o los talibanes en Afganistán, anclados en dogmas medievales que persiguen a la mujer y prohíben oír música que no sea la “autorizada”, demuestra que incluso entre esos extremos existen distintos grados y variantes en las que las normas de la civilización conservan algún margen de supervivencia.


En Corea del Norte, tener una biblia puede llevar a la muerte; sin embargo, bajo el chavismo –y a diferencia de lo que sucedía bajo el régimen nazi– ser judío, musulmán o profesar religiones minoritarias o no tradicionales no acarrea problemas para nadie, pero los sandinistas orteguistas en Nicaragua no dudan en perseguir a la Iglesia y hasta prohibir las tradicionales procesiones.

Los cabecillas de algunas de esas bandas en el poder persiguen a los disidentes incluso fuera de sus fronteras, calificándolos de traidores o enemigos. Muamar el Gadafi, quien gobernó Libia con mano de hierro, ordenaba asesinar a disidentes libios en el exterior mediante agujas envenenadas. Terminó siendo linchado por sus propios compatriotas. Sadam Huseín fue ahorcado y los principales jerarcas nazis también fueron ejecutados en la horca.

El monstruo sirio de Al-Assad.Vladimir Putin se salvó porque el criminal de guerra ruso, Putin, le ha concedido asilo.

Putin ilustra el caso de quien “va por lana y vuelve trasquilado”. Los ucranianos están causando graves daños a Rusia y, durante el último cónclave convocado por Putin, una suerte de pretendido “Davos”, grandes columnas de humo se divisaban sobre Moscú.

Que haya prosperidad o pobreza no altera lo esencial de lo que sucede

La Unión Europea tiene dudas sobre la situación en Cuba, pues considera que parte del desastre económico puede atribuirse al embargo estadounidense. En ello puede tener razón, pero ese hecho no cambia que, con prosperidad o sin ella, los atropellos a los derechos humanos, los encarcelamientos y las persecuciones convierten al régimen en una banda criminal.

Es muy claro que calificar de “gobierno” a una banda criminal, sea próspera o miserabilizada, forma parte del engaño.

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