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hay buenas cosas que la población reconocemos, pero añoramos la falta de seguridad jurídica, cuando conocíamos nuestros derechos y obligaciones y las autoridades solamente podían hacer aquello que la ley, específica y textualmente, les permitía

Es interesante –y muy triste- cómo nuestro país tiene una doble imagen: la virtual y la real. Según la imagen virtual, somos un paraíso en el que la seguridad, la inversión doméstica y extranjera, la modernización de la educación y de la salud y el bienestar general, son los parámetros que hacen de nosotros, sus habitantes, los seres más felices y envidiados del “mundo mundial”.

La realidad es que sí tenemos más seguridad física, aunque eso no significa que la delincuencia haya desaparecido, como también es cierto que algunas escuelas y hospitales han mejorado, al menos en infraestructura. El programa de consulta Médico.sv tiene muchos admiradores, en especial, en el extranjero. Ojalá que sus resultados sean verdaderamente tan buenos como se esperan, para bien de nuestra población, tan necesitada de esos servicios.


También existen buenas carreteras, las que se están convirtiendo en mercados, dado que la autoridad permite que cualquiera se apodere de un pedazo aledaño, levante una champa y ponga allí su changarro, vendiendo cocos, fruta, ropa y un largo etcétera.

En fin, hay buenas cosas que la población reconocemos, pero añoramos la falta de seguridad jurídica, cuando conocíamos nuestros derechos y obligaciones y las autoridades solamente podían hacer aquello que la ley, específica y textualmente, les permitía. Añadido a la falta de transparencia, el desempeñarnos en el trabajo diario se vuelve más complicado.

Por eso, sería de mucha ayuda que las gremiales empresariales apoyaran a la población para encontrar los procesos adecuados y poder invertir sin encontrar, a medio camino, sorpresas para las que nadie estaba preparado.

Por ejemplo, CASALCO podría dar el servicio de informar, a quien así lo solicite, agremiado o no, cuáles son los trámites, requisitos y gastos a los que deberá someterse para cualquier tema relativo a la construcción, ya sea lotificar, edificar, remodelar, demoler, reconvertir o cualquier otra actividad relacionada. Porque, desafortunadamente, las instituciones gubernamentales no informan; para dar una simple respuesta piden que se haga la pregunta mediante un escrito autenticado, al que tampoco se comprometen a contestar.

La ASI podría hacer lo mismo para aquellos que deseen establecer una industria. Ha sucedido que, al llevar algún proyecto a alguna entidad gubernamental, en vez de facilitar la información requerida, pasan el “soplo” a algún vivo, que termina usufructuando los estudios y esfuerzos que hizo alguien más. Una gremial, en cambio, por mantener su propio prestigio como entidad seria y que debe ser escuchada, no permitiría que algo así sucediera. En cambio, facilitaría el que muchas más fuentes de trabajo se establecieran, proporcionando la información veraz y completa que cada interesado necesite.

CAMARASAL, con la experiencia de sus 110 años de vida, puede facilitar información y guía a muchísimos emprendedores que están ávidos por formalizarse, pero que tampoco encuentran la forma de hacerlo y, principalmente, la manera de mantener sus negocios una vez legalizados. El hacer una ruta completa, general pero fácil y que se pueda personalizar, dependiendo de cada caso, haría que nuestro país cambiara no solo su rostro, sino verdaderamente la vida de sus habitantes.

Y así, que cada gremial sea un sólido apoyo para desarrollo no solamente de sus agremiados, sino de aquel salvadoreño que tiene ideas, tiene ahorros para invertir, pero necesita definir en qué, cómo y cuándo.

Quizá algún día El Salvador real alcance a El Salvador virtual.

Empresaria.

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