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Filosofarte/Lámparas de la creación

Si Edison, inventor del bombillo incandescente, hubiera sido un místico, hubiera ascendido a profeta o avatar por haber descubierto la luz primordial, el misterio de la chispa divina

Expresaba el maestro sánscrito que somos como bombillas de luz eléctrica. Es decir, lámparas de la Creación. Explicaba que una misma fuente común inunda tanto a los seres humanos como a las bombillas de luz incandescentes. Al igual que nosotros podrán haber pequeñas y grandes, redondas y largas y de diverso color. Pero siempre les llenará y animará la misma energía universal de la divinidad, la mente cósmica. Cuando el foco o bombilla luminosa se rompe o arruina, deja de brillar. Igual ocurre con las personas, cuando se rompen o mueren se apaga en ellos la luz primordial. Sin embargo la vida y –en este caso la fuente solar—seguirá emitiendo sus rayos y las centrales eléctricas transmitiendo el fluido que anima las turbinas y enciende las luces del mundo. Si Edison, inventor del bombillo incandescente, hubiera sido un místico, hubiera ascendido a profeta o avatar por haber descubierto la luz primordial, el misterio de la chispa divina. La misma luz primitiva de la creación del Cosmos –tanto cuántico como cosmogónico. Somos pues lámparas de la Creación. Alumbrando en las urbes y en la noche de la vida. Aunque el hombre muera o se rompa la lámpara, la vida y la mente cósmica continuarán incontenibles y eternas. (Libros Balaguer en librería UCA y La Ceiba)

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