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Filosofarte/La tierra no es del hombre, sino al contrario

Obviamente el Creador produjo seres y criaturas mutables, dentro del divino misterio de la evolución

Los sabios chamanes y filósofos indios cherokees de Norteamérica -antes de ser diezmados y conquistados- definieron con claridad los dones y pertenencias esenciales del ser humano en el planeta. La vida era lo que –como un sueño que habría de pasar—pertenecía algún tiempo al hombre, para finalmente ser devuelta a la tierra o a natura. Afirmaban que la tierra no era del hombre, sino –por el contrario—el hombre era de la tierra. La misma que al final de la jornada reclama el calcio de los huesos, el metal dorado de la gloria, las gemas brillantes del glamour y el perfume de todas las ilusiones. Como recuperando lo que una vez fuera suyo, cuando el hombre civilizado abandonó las selvas y montes donde había nacido para buscar las anchurosas estepas de la historia. Después de andar arrodillados en la tierra o aferrados a los árboles –como los primates— nos erguimos ante dios y ante la vida. (Alzando nuestra mirada al horizonte en busca de presas anunciadas por jaurías de lobos, nos volvimos bípedos. Miremos nuestros pies y el dedo mayor es el pulgar de la prehistórica mano, inclinado al centro de la planta). De esa manera el tiempo y sus tempestades habrían de encontrarnos de pie y victoriosos en el largo camino de la evolución de las especies. Obviamente el Creador produjo seres y criaturas mutables, dentro del divino misterio de la evolución. Fenómeno que surge de las llamadas “variables genéticas” que extendieron la especie sobre el Orbe. El mismo planeta que no era de la Humanidad sino –por el contrario—ésta le pertenecía a él. (Libros Balaguer en librería UCA y La Ceiba)

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