Light
Dark

Esquelas mortuorias y mojigaterías

Me gustaría invitar a la ministra a viajar en los microbuses de mi pueblo para que viva la vulgaridad amplificada por varios parlantes distribuidos estratégicamente en el microbús, a ciencia y paciencia de las autoridades de tránsito

Carlos Gregorio López Bernal, historiador. Foto EDH / Mauro Arias

En los últimos días han sucedido eventos de muy diversa naturaleza pero que en cierto modo confluyen y, si sabemos ubicarlos y analizarlos, nos dicen mucho sobre el tipo de país que tenemos. Mejor dicho, el tipo de país que algunos quieren tener. Primero, trascendió el fallecimiento de una persona que se dio a conocer como “youtuber”, bajo el mote de “El criaturo tóxico”. No haré ningún comentario sobre la denominación; hay peores. Abundaron las notas en redes sociales y, llevado por la curiosidad, revisé algo de lo que esta persona producía. Lo poco que vi me convenció de que no me había perdido nada: lenguaje extremadamente soez y vulgar; fanatismo político exacerbado y un análisis (si se le pudiera llamar así) muy superficial. El tipo de publicaciones que, en lugar de fomentar el pensamiento crítico, la ciudadanía y la tolerancia, hacen exactamente lo contrario. Poco tiempo después trascendió que falleció Krisma Mancía, una joven poeta que también había estudiado teatro y era gestora cultural. El suceso no hizo mucho ruido en redes sociales, pero sí en espacios dedicados a la poesía y la cultura.

Ambos personajes tenían cierto reconocimiento social, por razones diferentes. Lo que me llamó la atención fue una esquela publicada por Casa presidencial, lamentando la muerte del youtuber. Así supe que se llamaba Gilberto Antonio Martínez. El presidente y su esposa dieron “sus sinceras condolencias ante el sensible fallecimiento del reconocido creador de contenido”. Qué bien el detalle. Pero inmediatamente surge la pregunta ¿Qué tenía o hacía el fallecido para merecerlo? La misma nota lo dice, apoyó “activamente las transformaciones del país desde sus plataformas digitales”.


No cuestiono en absoluto que alguien tenga simpatías políticas. Es su derecho. Pero “Criaturo tóxico” se asumía influencer, y sus publicaciones tenían un claro sesgo político, que tampoco es problema. El problema era el modo en que lo hacía: expresiones soeces, insultos y gestos. Todo de una vulgaridad extrema. Bueno, pues resulta que es justamente ese modo de actuar lo que el presidente le reconoce y agradece. Por el contrario, la muerte de Krisma Mancía no ameritó el pésame de ningún funcionario de gobierno o de las instancias nacionales ligadas al quehacer cultural. Ya había escrito una parte del artículo cuando encontré información adicional. Resulta que Krisma había trabajado en la Secretaría de Cultura y fue una de los muchos trabajadores despedidos por el actual gobierno. Razón de más para que no hubiera un pésame por su muerte. Algo anda mal en una sociedad en la que, desde el gobierno, se reconoce la patanería, pero no la poesía.

El segundo evento que quiero comentar es una nota periodística sobre los lineamientos del MINED para regular los desfiles cívicos estudiantiles del 15 de septiembre. Es absolutamente lógico que la cartera de educación dé algunas orientaciones para ese tipo de actividades. Sin embargo, llama la atención el esmero con que se reglamenta sobre los trajes a usar por las cachiporristas, estableciendo “en centímetros” las medidas de ciertas prendas e indicando las partes del cuerpo a cubrir o no mostrar, como lo quiera tomar el lector. Respecto a los varones solo se consigna que deberán vestir su uniforme escolar diario. Se prohíbe el uso de prendas o mensajes “ofensivos”; así como música de contenido “vulgar, ofensivo, religioso o político”. Y en las coreografías se prohíben “movimientos vulgares, provocativos o irrespetuosos”.

Los tales lineamientos rezuman una mojigatería decimonónica que realmente asusta. Peor aún, conllevan amplio margen de arbitrariedad y vaguedad. Alguna regulación debe haber respecto al vestido de las cachiporristas, pero tanto rigor deja ver cierto modo de entender la feminidad y el cuerpo humano, sobre todo cuando se agrega que, en los bailes, las chicas no podrán realizar movimientos vulgares o provocativos. ¿Hay un indicador objetivo que establezca en qué momento un giro de baile se vuelve vulgar o provocativo? Si existiera, y el caso se diera, ¿Qué se debe hacer? En el futbol existe la tarjeta amarilla (amonestación preventiva) y la roja (expulsión). ¿Se aplicará algo así?

Dice el MINED que la música no deberá ser vulgar u ofensiva. Me gustaría invitar a la ministra a viajar en los microbuses de mi pueblo para que viva la vulgaridad amplificada por varios parlantes distribuidos estratégicamente en el microbús, a ciencia y paciencia de las autoridades de tránsito. Bueno, pues resulta que sus estudiantes viajan en esos microbuses y consumen esas vulgaridades a diario. Mientras, la ministra regula vestuario, música y movimientos en los desfiles; el presidente lamenta la muerte de un youtuber, fan del gobierno que inundaba las redes sociales de vulgaridades. Hay una pequeña contradicción, ¿no les parece?

A fuerza de ser objetivo, he de decir que tales iniciativas conservadoras no son nuevas. En 2010, cuando el gobierno de Mauricio Funes y el FMLN iniciaba su segundo año de gestión, se propuso una medida parecida. Se estuvo a punto de eliminar a las cachiporristas aduciendo que los desfiles exponían a las jóvenes a abusos. Sin embargo, la propuesta no se implementó; el MINED adujo que a la fecha, institutos y padres de familia ya habían incurrido en gastos y se permitirían las cachiporristas solo para 2010. Al año siguiente, nadie de acordó de la suspensión y las cosas siguieron como hasta hoy. En realidad, la medida se originó no en el MINED, sino en el Instituto de Desarrollo de la Mujer (ISDEMU).

Medidas como las comentadas pueden ser bien intencionadas y la vez esconder mucha mojigatería. En aquel momento discutía si realmente las cachiporristas podían eliminarse sin más y aducía que no, porque “Nos guste o no, y a pesar de que su origen obviamente es extranjero, no podemos negar que después de medio siglo entre nosotros, las cachiporristas ya son parte de la cultura salvadoreña, y los cambios culturales no se producen por decreto. Aún si se prohibieran definitivamente en las fiestas cívicas, aparecerán en las fiestas patronales y en otras actividades públicas”.

Al margen de que los lineamientos del MINED sean implementados o no; hay evidencia suficiente de que tenemos un gobierno autoritario de derecha que propugna por un moralismo y un conservadurismo muy marcado. Un gobierno que ha purgado los planes de estudio de temas como género, educación sexual, diversidad sexual. Recordemos que ha nombrado a una militar como ministra de educación; el nombramiento no ha sido accesorio. La disciplina y el verticalismo se ha impuesto en las escuelas e institutos. Viéndolas aisladas, algunas medidas parecerán nimias, casi ocurrencias; como aquella de que los directores tenían que recibir y saludar a todos los alumnos ¿será que subsiste o solo fue un gesto efectista? Luego vino el corte de pelo para los chicos, y el largo de las faldas para las chicas. Hoy es normal que la PNC haga requisas dentro de las escuelas.

Se insiste en el orden y la disciplina, se aduce que es una forma de educar a los chicos. Pero viendo cómo actúa el gobierno, más bien pareciera que se quiere eliminar la capacidad de crítica y el pensamiento propio. Es una apuesta de largo plazo, a tono con la reelección presidencial indefinida. Ojalá el gobierno cuidara la Constitución y el Estado de derecho con el esmero que cuida el orden y la disciplina.

Historiador, Universidad de El Salvador

Legales Obituarios Epaper