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Esperanza de todo lo perdido

El Samsara guarda las dichas, penas y avatares del planeta. El mismo mundo material que nos enfrenta a la miseria y maravillas del alma humana.

La esperanza de todo lo perdido es haber perdido todo menos la esperanza. El humano no puede poseer a perpetuidad las cosas que llega a tener. Siempre termina devolviendo al mundo y a la suerte sus sueños o tesoros. Al irse o al pasar quedan sus riquezas y sus grandes ilusiones en el polvo del sendero. Al dejar de amar, sólo quedan en el aire las promesas borradas del romance. Sin embargo, existe, como dijimos antes, la esperanza de todo lo perdido. Que es precisamente haber perdido todo menos la esperanza.

Si alguna vez fue tuyo el amor, siempre lo será, si vuelves a encontrarlo en el sendero o en el misterio. Si algo anhelado fue nuestro —aunque sólo por un momento— seguirá en cierta forma siéndolo, en la relatividad temporal. Es el momento de la eternidad. Donde un instante de dicha puede llenar el universo entero y toda una vida.

Se puede decir que nada es a perpetuidad del ser humano, pues al final de su existencia deja todo en este desierto de la vida —el «Samsara» para los remotos hombres de un reino perdido en el ayer—. El Samsara guarda las dichas, penas y avatares del planeta. El mismo mundo material que nos enfrenta a la miseria y maravillas del alma humana.

Al final aprendemos que —devolviendo a la vida sus sueños y tesoros— esta nos da a cambio la eternidad de su promesa de volverles a encontrar.

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