“Respondió Jesús «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre …»
“Respondió Jesús «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre …»
A través de la historia del cristianismo probablemente el mayor número de cuestionamientos sobre Jesús sea sobre la humanidad de Cristo y sobre la apariencia física del Jesús Histórico. En este sentido, son precisamente los escultores y los artistas de la pintura quienes nos presentan la forma en que perciben a Jesús, en lo que se ha denominado “comunicación teológico-artística”; es esta una relación en la que ambas se integran y se influyen recíprocamente, pero es el artista quien al final tiene la decisión de como expresara el concepto religioso.
En relación con el cuestionamiento de cómo era el aspecto corporal de Jesús, especialmente sobre su cara y como adquiere expresión su rostro, es importante recordar que rostro y cara no son sinónimos, aun cuando para muchos sean similares.
Para comprender mejor este enunciado, debemos reconocer en primer lugar que precisamente, la definición de “cara” es una descripción anatómica que se aplica a la estructura física de una persona y que involucra el área delantera de la cabeza: de la parte de arriba de la frente al mentón y de una oreja a la otra. En cambio “rostro” es la manifestación misma de la personalidad de una persona y suele incluir las expresiones faciales. De manera que aun cuando comúnmente las consideramos sinónimos, filosófica y anatómicamente no lo son.
No obstante, el decir que la mayor parte de expresiones del arte son acerca de la cara y no del rostro de Jesús, es cuando menos una injusticia para el artista que lo realizó. Basta admirar con detenimiento La Piedad (Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano), esculturade Miguel Ángel Buonarroti, quien capta a la perfección la anatomía inerte del cuerpo de Jesús en los brazos de María su madre, quien carga con todo el peso del cuerpo de su hijo ya fallecido. Pero, además cautiva enormemente la forma en que Miguel Ángel pudo plasmar en el rostro del Crucificado la expresión de serenidad que tenía Jesús, a pesar del horrible y excruciante dolor recientemente sufrido durante su muerte en la cruz.
Lo mismo podemos decir de la pintura Jesús abrazando a la Cruz (Museo Nacional del Prado en Madrid, España) de Doménikos Theotokópoulos, mejor conocido como El Greco; en donde además de ver proporciones anatómicas adecuadas en la cara de Jesús, también somos capaces de admirar en su rostro expresiones faciales que incluyen ojos vidriosos, llenos de lágrimas, pero serenos ante el martirio que se acerca. Con sus ojos dirigidos al cielo y sabiendo que está haciendo la voluntad del Padre, parecería que esto es suficiente para alejar su sufrimiento que ya es inminente.
No se puede obviar el Cristo Pantocrátor (Cristo Todopoderoso) del Siglo V y conservado en el Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí en Egipto- Es una manifestación artística Bizantina que representa la concepción teológica ortodoxa oriental en donde Jesús aparece dando la bendición con la mano derecha y sosteniendo las Sagradas Escrituras con la mano izquierda. Se trata de una de las primeras manifestaciones artísticas del cristianismo antiguo con el propósito no solo de legitimar el Nuevo Testamento, sino también de aceptar la predominancia Suprema de Dios.
En términos generales están los estudiosos de la Biblia que opinan que lo descrito en Marcos 14, 44-45 se enfatiza la imagen hebraica de Jesús, narrando como su semblante físico no era diferente a la de sus discípulos y otros seguidores. Para los que así opinan, está es una razón más para la necesaria aproximación de Judas a Jesús, donde lo entrega con un beso.
Por otro lado, ya San Agustín de Hipona (354-430 después de Cristo), considerado el máximo exponente de la Iglesia Occidental y nombrado el más grande Padre de la Iglesia, mencionaba que los rasgos físicos de Jesús no se mencionaban expresamente en los Evangelios, para que el creyente pusiera su atención en la Divinidad de Jesús.
El Papa Benedicto XVI destacó que el deseo de buscar el rostro de Dios era implícito en cada uno de los seres humanos y que es en Jesús que ese rostro se vuelve realidad. Recordándonos así, Juan 14,9: “Respondió Jesús «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre …».
Doctor en Medicina y en Teología.
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