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El Nobel y la luz

Actualmente se analiza cómo aplicar la técnica en la retinitis pigmentosa, una enfermedad que afecta los receptores de luz en la retina y que produce ceguera.

No pretendo hacer creer al lector que tengo dominio sobre el tema de la optogenética, técnica por la cual se otorgó el Premio Nobel de Medicina o Fisiología 2026 a tres investigadores, uno de ellos médico psiquiatra. Honestamente nunca había escuchado el término. La cuestión me interesó por estar relacionada con mi especialidad médica y, al indagar más, porque los descubrimientos potenciales que pueden derivarse de estas investigaciones son inmensos.

Karl Deisseroth no es el primer psiquiatra en ganar el Nobel; en realidad sería el cuarto (1927, 1949, 2000, 2026) si tomamos en cuenta a Eric Kandel, quien era psiquiatra, pero que trabajó principalmente como neurobiólogo. El doctor Deisseroth comparte el premio con dos neurocientíficos alemanes, Georg Nagel y Peter Hegemann.

El cerebro es un órgano extremadamente complejo y funciona primariamente por estímulos electroquímicos. Las neuronas, las células que lo forman, son de varios tipos y configuraciones, y tienen en sus membranas canales que dan paso u obstruyen iones que tienen carga positiva o negativa. También tienen moléculas llamadas receptores que reciben señales químicas de otras moléculas, los neurotransmisores.

La unión del neurotransmisor con el receptor manda una señal que activa los canales, permitiendo la entrada de iones, que producen lo que se llama potencial de acción y producen una carga eléctrica que provoca una acción o efecto determinado.

Lo que la optogenética ha determinado es que también la luz puede activar neuronas. Todo comenzó con el descubrimiento de una simple alga unicelular (Clamydomona), que posee una proteína que reacciona a la luz nadando hacia ella. Esta proteína, rodopsina, funciona como un interruptor, provocando el efecto.

Un punto clave de las investigaciones fue cuando se logró introducir la proteína sensible a la luz al material genético de la neurona, primero en ovocitos de rana y luego en cerebros de ratas. Se logró producir neuronas sensibles a la luz.

Hasta ahora los estudios sobre el funcionamiento del cerebro se habían hecho mediante estímulos eléctricos, estímulos químicos como los efectos de los medicamentos o por los efectos que producen las lesiones cerebrales. Los avances en neuroimágenes también han aportado conocimiento.

Pero los estímulos eléctricos se difunden demasiado, lo mismo que los estímulos químicos. Los estímulos de luz tienen, en cambio, una gran precisión. Se pueden estimular grupos específicos de neuronas y conocer con más detalle su función.

Y, como dijo el doctor Deisseroth en una entrevista, al conocer con precisión la función, se puede comprender mejor la disfunción. Esto abre el camino a tratamientos más eficaces para enfermedades neurológicas y psiquiátricas como la epilepsia, el mal de Parkinson, la demencia, la depresión, la esquizofrenia, entre otras muchas.

También da los medios para comprender mejor muchas de las capacidades y fenómenos del cerebro y de la mente, como la memoria, el razonamiento, la imaginación; y conductas como la agresividad y el miedo.

Es posible que también facilite la base cerebral de uno de los misterios más grandes de la existencia, como la naturaleza de la conciencia humana.

Por ahora casi todo está aún en fase experimental, experimental pero con grandes posibilidades. Actualmente se analiza cómo aplicar la técnica en la retinitis pigmentosa, una enfermedad que afecta los receptores de luz en la retina y que produce ceguera.

El futuro dirá si estos descubrimientos nos harán comprendernos mejor a nosotros mismos y darán solución a muchas de las cosas que nos preocupan.

Médico Psiquiatra.

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