¿Han visto últimamente el área de los pañales desechables en el supermercado? Hace quizás unos quince años se veían filas de pañales desechables para bebé hasta los dos años. Ahora no es extraño ver, junto a los primeros, toda una línea de pañales desechables para adultos, de diferentes tipos y tallas. Aunque esto es relativamente nuevo para El Salvador, desde el 2011 las ventas de pañales para adultos superaron a las ventas de pañales para bebé a nivel mundial. Lo que una vez fue un instrumento hospitalario se ha convertido en un objeto común en cualquier estante de supermercado, y no es raro que muchas veces los mismos usuarios los compren. Este es el indicador más visible de que la tasa de natalidad cae, la tasa de longevidad sube, la pirámide poblacional se invierte y la economía —y nosotros— debemos adaptarnos.
En los años 1970, Japón creó el concepto del «Silver Market». Este país asiático fue el primero en sufrir un envejecimiento acelerado de su población y en entender que existía un mercado para consumidores mayores de cincuenta años. Para el año 2014, un informe del Bank of America y Merrill Lynch, titulado «The Silver Dollar», argumentaba que el envejecimiento era la mayor oportunidad financiera del siglo XXI y, en el año 2018, la Comisión Europea adoptó oficialmente el término «Economía Plateada», es decir, una economía orientada a aprovechar el potencial productivo de las personas mayores y reconocerlas como un motor de crecimiento, no una carga social. Casualmente, uno de los primeros indicadores de que la «Economía Plateada» era ya un hecho fue visto justamente en la producción y venta de pañales desechables para adultos.
A nivel mundial, las personas estamos viviendo más y más tiempo. Esto tiene implicaciones tanto sociales como económicas, especialmente la Generación X. La perspectiva de vida humana ha subido entre 20 y 30 años. Como la vida adulta es más larga que nunca, ya la jubilación tradicional no encaja con la realidad. La economía debe sostener a personas que no solo quieren vivir más, sino que quieren vivir mejor. La generación de los «Boomers» fue la primera en presentar la característica inesperada de que había personas que pasaban casi tantos años «jubiladas» como los que habían pasado trabajando. Esto se debe a una combinación de factores: avances médicos, acceso a salud preventiva, disminución de la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y pensiones, en aquellos tiempos, relativamente generosas que hacían de la vejez un tiempo interesante. Sin embargo, el sistema de pensiones estaba diseñado para personas con una expectativa de vida de hasta los 70 años. Cuando esa proyección se superó, se hizo visible el problema de sostenibilidad en cuanto al tema de pensiones.
La Generación X —es decir, todos los que nacimos entre 1965 y 1980— seremos los primeros en experimentar de lleno las consecuencias de un sistema pensado para vidas más cortas y retiros más breves, mientras vivimos vidas y jubilaciones más largas: pensiones reducidas e insuficientes, fondos e inversiones que se agotan, presión sobre los sistemas públicos y necesidad de ahorros mucho mayores a los que probablemente se proyectaron. La Generación X es la generación «sándwich», es decir, la cuidadora de padres longevos, la protectora de hijos que tardan más en independizarse y la que enfrenta que, al alargarse la vida, también la economía debe «alargarse». Seremos la primera generación en vernos obligados a producir dentro de la economía plateada, porque la jubilación ya no es un final, es el inicio de otra etapa completa. Los «miembros» de la Generación X tendremos que trabajar más años, reinventarnos profesionalmente, emprender como adultos mayores, monetizar experiencia ganada en el campo laboral y adaptarnos a todo un nuevo modelo económico.
Si bien todo esto parece razón para pánico y depresión, siempre existe el fino hilo plateado —sí, plateado— en una dinámica de vida que ha cambiado sin que nosotros podamos hacer mayor cosa. La Generación X no solo será la primera en enfrentar una vida más larga: será la primera en diseñarla. Somos la generación que aprendió a adaptarse, la que pasó del teléfono de disco al teléfono celular, de las clases de mecanografía a la Inteligencia Artificial. Si la vida se extiende, también puede extenderse nuestra capacidad de crear, aportar y reinventarnos.
La Economía Plateada no es una sentencia a la crisis económica, sino un escenario para replantearnos nuestra manera de vivir, producir y crear bienestar en una vida que se proyecta como más larga que nunca. Nosotros, la generación puente entre la era analógica y la digital, tenemos todo para convertir esa nueva etapa en la más consciente, libre y poderosa que hemos experimentado, aunque tengamos que buscar nuestra talla de pañales para adulto en el supermercado.
Carmen Marón
Coach de Desarrollo de Vida y Catedrática Universitaria