Light
Dark

¡Dios quita y pone reyes!

Cambio de rumbo sacude el poder en Estados Unidos

Jaime Ramírez Ortega

¡Señores, qué sacudida política acaba de ocurrir en Estados Unidos! Los republicanos se acostaron creyendo que tenían aseguradas las llaves del Congreso y despertaron descubriendo que el pueblo les había cambiado la cerradura. ¡Y parece que hasta el cerrajero votó por los demócratas!

La Biblia declara en Daniel 2:21: «Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes». Una verdad que debería recordar cualquier gobernante: el poder no es una propiedad privada, la autoridad no es eterna y ningún partido político tiene comprado el futuro de una nación.

Las elecciones del 3 de noviembre de 2026 han producido un cambio histórico. Los demócratas recuperaron el control de las dos cámaras que integran el Congreso de Estados Unidos: el Senado y la Cámara de Representantes.

¡Escaños clave perdidos en el Senado! Eso no es precisamente un pequeño llamado de atención. Es de esas noticias que hacen que más de algún político necesite dos tazas de café antes de revisar los resultados.

Pero lo verdaderamente sorprendente ocurrió en Texas.

Durante décadas, Texas ha sido uno de los grandes bastiones republicanos. Desde 1994, los demócratas no ganaban una elección estatal para un cargo de alcance general, y desde 1988 no elegían a un senador federal por ese estado.

Sin embargo, esta vez ocurrió lo inesperado: el demócrata James Talarico derrotó al republicano Ken Paxton en la elección al Senado federal. Y, como si eso fuera poco, Gina Hinojosa derrotó al gobernador republicano Greg Abbott, poniendo fin a más de tres décadas de gobiernos republicanos en Texas.

¡Imagínense! En Texas, donde los republicanos parecían tener hasta las escrituras políticas del rancho, los electores decidieron cambiar de administrador.

Pero hay un detalle que merece especial atención.

Texas tiene aproximadamente 31.7 millones de habitantes, según la estimación del Censo estadounidense de 2025. Y, de acuerdo con el estudio religioso de Pew Research Center correspondiente a 2023-2024, el 67 % de sus habitantes adultos se identifica como cristiano. Dentro de esa población adulta, el 27 % se identifica como protestante evangélico y el 22 % como católico.

Es decir, aproximadamente dos de cada tres adultos texanos se identifican con el cristianismo.

Y aquí surge una pregunta interesante: ¿cómo puede producirse semejante cambio político en un estado donde la identidad cristiana tiene tanto arraigo?

La respuesta merece reflexión. Ser cristiano no significa necesariamente ser republicano, como tampoco votar por los demócratas implica abandonar la fe. Las convicciones religiosas y las preferencias electorales no son idénticas. Además, el electorado puede valorar simultáneamente la economía, la seguridad, la inmigración, la honestidad de sus funcionarios y el respeto a los derechos fundamentales.

El resultado de Texas tampoco significa que los demócratas hayan conquistado automáticamente todas las instituciones del estado. Lo que sí demuestra es que una tradición electoral de varias décadas puede cambiar cuando suficientes ciudadanos deciden hacerlo.

Ahora bien, los demócratas tampoco deberían confundir esta victoria con una autorización para gobernar sin límites.

Desde una perspectiva cristiana conservadora, existen profundas diferencias con algunas de sus posiciones sobre el aborto, la educación sexual y determinadas políticas de identidad de género. Personalmente, considero fundamental defender la vida humana desde su concepción, preservar la institución familiar y respetar el derecho de los padres a orientar moralmente a sus hijos.

Esas convicciones pueden sostenerse con firmeza sin desconocer la dignidad de quienes piensan diferente. Tampoco sería riguroso afirmar que una sola controversia moral explica todas las derrotas electorales. Las investigaciones sobre estas elecciones señalan también preocupaciones por el costo de la vida, la inflación, la guerra con Irán y el ejercicio del poder presidencial.

Y aquí corresponde hablar de Donald Trump con equilibrio.

Existen tres decisiones de su administración que merecen ser examinadas desde la perspectiva de los valores cristianos.

La primera es el fortalecimiento de los espacios institucionales para las comunidades religiosas, incluida la creación de la Oficina de Fe de la Casa Blanca.

La segunda es su respaldo a posiciones provida, a la libertad religiosa y a una mayor participación de los padres en las decisiones educativas de sus hijos.

La tercera es su política de fortalecimiento de la seguridad fronteriza. Todo Estado tiene derecho a regular el ingreso y permanencia de extranjeros, combatir las organizaciones criminales y proteger su territorio.

Sin embargo, ese derecho tiene límites constitucionales y humanos que ninguna autoridad puede desconocer.

Porque una cosa es defender la frontera y otra muy distinta tratar a los inmigrantes como si hubieran perdido su condición de seres humanos.

Las denuncias contra determinadas actuaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, conocido como ICE, exigen una revisión seria. Se han documentado fallecimientos bajo custodia migratoria, separaciones familiares y actuaciones cuya legalidad ha sido cuestionada.

No todos los agentes de ICE son responsables de abusos. Pero tampoco se puede tolerar que una placa, un uniforme o una orden administrativa se conviertan en instrumentos de arbitrariedad.

Un inmigrante puede encontrarse en situación migratoria irregular y, aun así, conservar derechos fundamentales. La ausencia de documentos no extingue su dignidad ni autoriza a desconocer el debido proceso.

Y aquí aparece una ironía histórica: Estados Unidos fue construido con el esfuerzo de generaciones de inmigrantes. Muchos de los descendientes de aquellas familias hoy ocupan cargos públicos, administran empresas y participan en las instituciones encargadas de aplicar las leyes migratorias.

¡Sería bueno que algunos recordaran que sus antepasados también llegaron buscando una oportunidad y no necesariamente con una invitación firmada por el presidente!

Lo más doloroso es pensar en los niños que sufren cuando sus familias son separadas, en los trabajadores que viven con miedo y en quienes han entregado buena parte de su vida a una nación que todavía no les ofrece estabilidad jurídica.

Y tampoco deberíamos engañarnos respecto de la reforma migratoria.

Millones de personas sin estatus migratorio regular trabajan en la agricultura, la construcción, los servicios y otras actividades fundamentales de la economía estadounidense. Su vulnerabilidad puede facilitar explotación laboral, amenazas y condiciones de trabajo injustas.

Sin embargo, sería incorrecto afirmar que carecen absolutamente de derechos laborales. Muchos están protegidos por disposiciones legales, aunque el temor a una consecuencia migratoria dificulta que puedan ejercerlos.

Los demócratas tampoco tienen una solución garantizada. Barack Obama impulsó medidas como DACA, pero durante su presidencia no se aprobó una reforma migratoria integral. Los obstáculos legislativos fueron reales, como también lo ha sido la falta de acuerdos sostenidos entre ambos partidos.

Por eso, recuperar el Congreso no significa que automáticamente habrá una regularización para millones de inmigrantes.

¡En Washington llevan tantos años hablando de reforma migratoria que algunos inmigrantes llegaron jóvenes, criaron a sus hijos, se convirtieron en abuelos y todavía están esperando que terminen de discutir el primer párrafo!

La verdadera cuestión es si los nuevos equilibrios políticos permitirán construir acuerdos que respeten la soberanía nacional, garanticen el cumplimiento de la ley y reconozcan la contribución de quienes han trabajado durante años en Estados Unidos.

Pero quiero terminar con una reflexión espiritual que considero superior a cualquier disputa partidaria.

No podemos levantar nuestra voz para defender al niño que todavía está en el vientre materno y permanecer indiferentes ante el niño que llora porque su padre ha sido detenido y separado de su familia.

La defensa de la vida debe estar acompañada por la defensa de la dignidad humana. La justicia no puede depender del color del partido político, ni la misericordia desaparecer cuando una persona carece de documentos migratorios.

Proverbios 14:34 declara: «La justicia engrandece a la nación; Mas el pecado es afrenta de las naciones».

Que los republicanos reflexionen sobre las razones de sus derrotas. Que los demócratas comprendan la responsabilidad que ahora reciben. Y que ambos recuerden que la autoridad debe ejercerse con justicia, prudencia y respeto a las personas.

Porque cuando un gobernante comienza a creer que el poder le pertenece para siempre, conviene recordarle algo: ¡hasta los políticos que se sienten propietarios del Capitolio pueden terminar saliendo por la puerta de atrás, buscando quién les ayude a cargar las cajas!

DIOS QUITA Y PONE REYES, PERO NO ENTREGA SU JUSTICIA EN EXCLUSIVIDAD A NINGÚN PARTIDO POLÍTICO.

Y si algo nos enseña esta elección es que el poder cambia de manos, las mayorías desaparecen y las grandes fortalezas políticas también pueden caer.

¡LOS GOBIERNOS PASAN, LOS PARTIDOS CAMBIAN, PERO LA JUSTICIA DE DIOS PERMANECE PARA SIEMPRE!

Abogado y teólogo.

Ícono Legales, Subastas y Licitaciones

Legales, Subastas y Licitaciones

Consulte avisos notariales, convocatorias, licitaciones públicas y subastas oficiales.

Ver publicaciones
Ícono Esquelas y Obituarios

Esquelas y Obituarios

Consulte homenajes, condolencias y avisos de honras fúnebres.

Ver publicaciones
Ícono Tasas y Balances

Tasas y Balances

Interés y comisión de productos crediticios y estados financieros.

Ver publicaciones