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Después de la tormenta

Los mandatarios de turno, por muy en discrepancia que estuvieran con las posturas católicas, lideradas por los papas, no cuestionaban la autoridad moral para hablar de paz y respeto, ni desestimaban dichas declaraciones como injerencia en la política norteamericana. Reconocían su legitimidad, sí, aunque estuvieran lejos de actuar en consecuencia. 

El reciente encontronazo entre el presidente Trump y las declaraciones abogando por la paz, que en su momento hizo León XIV, ha puesto de manifiesto una confusión interesante por parte del primero, en lo que se refiere a los alcances y objetivos, a la naturaleza, en definitiva, de la autoridad papal que, como todo el mundo sabe (bueno… no todo el mundo como queda visto) es más de índole moral que geopolítica.

Que el Papa hable de guerra, paz, dignidad humana, abuso de autoridad no debería ser novedad. Lo nuevo es que el presidente de los Estados Unidos haya recogido el ficticio guante y haya reaccionado como lo hizo: desde el puro y duro insulto hasta el cuestionamiento de la autoridad moral (que él ve como política) del Romano Pontífice.

Tomar como provocaciones políticas unas declaraciones como las que se hicieron, demuestra desde ignorancia hasta falta de comprensión, pasando por mala fe, por parte de un sector de la prensa norteamericana que se ha alineado con el presidente. Ignorancia fundamentalmente acerca del Evangelio, sus enseñanzas y sus apóstoles… pues si al Vicario de Cristo no se le permite hablar de paz -como se ha señalado- ¿a quién, entonces, le correspondería?

Sin entrar en detalle de las acusaciones vertidas contra la persona de León XIV por parte del señor Trump, es interesante entender las cosas desde la perspectiva de una nación, y de una opinión pública, que -se diga lo que se diga- aún tiene sectores con fuertes prejuicios anti católicos. Herencia de tiempos en que cada 5 de noviembre, en lo que se llamaba “pope´s day” en algunas ciudades de la costa este delos Estados Unidos se quemaban en la calle monigotes representando al Papa, como manifestación clara del rechazo hacia su figura y su persona. Una costumbre, todo hay que decirlo, que fue abolida en pro de la libertad religiosa y del respeto público a las distintas confesiones, pero que se llevó a cabo durante más de cien años. 

Siempre ha habido desacuerdo entre lo que distintos papas -unánimemente- han dicho con respecto a la guerra en general y al papel de los Estados Unidos en particular en algunas de ellas, y lo que piensan los presidentes norteamericanos con respecto a esas declaraciones. Lo nuevo es que los mandatarios de turno, por muy en discrepancia que estuvieran con las posturas católicas, lideradas por los papas, no cuestionaban la autoridad moral para hablar de paz y respeto, ni desestimaban dichas declaraciones como injerencia en la política norteamericana. Reconocían su legitimidad, sí, aunque estuvieran lejos de actuar en consecuencia. 

Con todo, las declaraciones del Papa han sido modelo de moderación y de precisión teológica/moral. Pero han sido recibidas (allí están las reacciones) como si de ataques personales se tratara. En el fondo, como ha escrito un analista, la negativa del Papa a “respaldar la agresión militar [cualquiera] y su insistencia en que la fe cristiana exige prestar atención a la paz, representan una forma de autoridad que no pueden controlar [Trump y quienes le apoyan en este punto] ni descartar a medida que surgen las preguntas sobre la guerra en Irán”.

La gran disimetría de las posturas que se han enfrentado nos muestra que el político está fuera de su liga en este conflicto, mientras que el Papa no se sale de lo que comprende que, como Vicario de Cristo, es parte nuclear de su misión: hablar de paz, respeto a la dignidad humana, abuso de autoridad por parte de quienes empuñan las armas, etc. 

Después de la tormenta, cuando todo esto haya pasado, los estudiosos e historiadores encontraránque las suspicacias anticatólicas propias del siglo XIX siguen vivas en parte de la política estadounidense contemporánea y que, dichas sospechas, simplemente, han encontrado nuevas formas de expresión.

Ingeniero/@carlosmayorare

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