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Artemis II

Después de ver por televisión esta tarde el lanzamiento y de haber tenido por momentos un aumento de mi presión arterial, lo siguiente que quiero ver es que los tripulantes de la misión regresen con bien y que el módulo amarice sin incidentes en la costa de San Diego, California.

Tenía yo siete años cuando el Apolo 11 llevó a los primeros seres humanos a la Luna. Obviamente, mis recuerdos de ese acontecimiento histórico son muy borrosos; y sólo viene a mi memoria cierta algarabía reinante que no lograba definir, y el hecho de que se pusieron de moda las naves espaciales de juguete. No fue ni la primera ni la última misión espacial, pero sí la más significativa. Luego de algunas otras misiones, el programa lunar de la NASA se cerró. Fue una decisión penosa y triste, pues de haberse mantenido al ritmo que se tuvo en aquellos tiempos, muy probablemente ahora ir a la Luna sería casi como tomar un vuelo a Miami. Fueron varios los factores que incidieron, el más importante el económico.

El lapso de inactividad de 54 años llegó a su fin esta tarde (primero de abril) con la misión Artemis II, que lleva cuatro tripulantes a explorar nuestro satélite. Ya hubo una misión lunar Artemis I, pero no tripulada. El propósito de Artemis II no es alunizar sino rodear la Luna y obtener información crucial.

En cincuenta años muchas cosas cambian, y la tecnología con la que hoy se cuenta ya hace posibles logros importantes. Los objetivos son muchos, y los cuatro astronautas tienen una agenda apretada para los diez días que durará la misión.

El principal es obtener datos que permitan desarrollar una base permanente en el polo sur lunar, una zona hasta hoy no explorada. También se estudiará la resistencia de Orion, la nave espacial, y su desempeño para eventuales misiones tripuladas largas.

Después del despegue, Orion dará dos vueltas a la Tierra, principalmente para probar equipos, y luego se dirigirá a la Luna. Propulsores especiales se usarán para dar a la nave el impulso necesario para salir de la órbita terrestre. Cuatro días le llevará a la nave llegar a su destino. Una vez allí, darán una vuelta a la Luna, y al orbitar su parte más alejada, los cuatro astronautas se convertirán en los humanos que más se han alejado de nuestro planeta. ¿Qué verán al estar ahí? Ni la imaginación más potente podría decirlo con seguridad. Una gran cantidad de experimentos se verificarán en esta misión, especialmente los relacionados con los efectos en la fisiología y la salud humana de permanecer en el espacio.

Algo curioso de esta nave espacial es que tiene baños (con mucha tecnología, por supuesto) y que los tripulantes tendrán más intimidad y el privilegio de hacer ambas necesidades simultáneamente. Esto no era posible en el pasado, lo que resultaba muy incómodo. Luego otros cuatro días de regreso, y a enfrentar la parte más peligrosa (como si el despegar y lo demás no lo fuera), el entrar en la atmósfera terrestre en un ángulo extremadamente preciso y esperar que la capa protectora resista la fricción y las altísimas temperaturas.

Después de ver por televisión esta tarde el lanzamiento y de haber tenido por momentos un aumento de mi presión arterial, lo siguiente que quiero ver es que los tripulantes de la misión regresen con bien y que el módulo amarice sin incidentes en la costa de San Diego, California.

Faltan diez días, y mientras tanto, mis pensamientos están con los astronautas, por los que siempre he sentido gran admiración y respeto. Personas que tienen familias y una vida y que, sin embargo, están dispuestas a arriesgarse para que este mundo avance.

Médico Psiquiatra.

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