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Ante la actualidad

El Deuteronomio (y todo el Antiguo Testamento) no puede interpretarse sin la lectura del Nuevo Testamento, la Nueva Ley que no anula, sino perfecciona la antigua.

Inicié 2026 con el propósito de completar, durante todo el año, la lectura de la Biblia. Lo he hecho ya en varias ocasiones, leyendo distintas ediciones de biblias católicas: inicié con la Nácar-Colunga, que por su tamaño y diseño me acompañó a todas partes por muchísimos años; también leí la Biblia de Jerusalén en varias ocasiones, y en años recientes he leído la Biblia de Navarra, en su edición económica. Y cada vez, cada día, con cada capítulo leído, me sorprendo de lo más enriquecedor y muy diferente que me parece el mensaje diario.

Por supuesto, el determinar cada día un tiempo para esta práctica, requiere de mucha disciplina, como todo aquello que sabemos que nos beneficia pero que necesita fuerza de voluntad y sacrificio. Sin embargo, la paz que esto nos depara es tal, que llega a convertirse en algo vital, algo a lo que, sencillamente, nos es imposible renunciar. Por todo el bien que representa, porque deseo compartirlo, es que escribo hoy este artículo.

Y me parece oportuno, por la gravedad del momento que nosotros y el mundo entero estamos viviendo, porque no sabemos qué podemos esperar y mucho menos, qué podemos hacer.

Veamos, entonces, dónde estamos: ante un peligro inmenso para toda la humanidad: guerras militares en Europa y en Oriente Medio. En Asia, guerras económicas, en busca de la supremacía geopolítica y militar, tratando de fabricar armas nucleares para someter al resto de los países. En América, malestar general por el encarecimiento de la vida y las brechas existentes entre las clases sociales, las que serán insuperables mientras no exista para todos una educación de calidad. En fin: que ahora nadie puede pensar en emigrar para vivir mejor, porque en el mundo entero se están pasando grandes dificultades, las que se agigantan para quien llega como inmigrante, peor aún, si lo hace de manera ilegal.

Y, ¿a qué viene recordar lo que es bien sabido? A que en la Biblia están todas estas situaciones muy detalladas, explicando la raíz de cada mal y, por consiguiente, señalando que al hacer desaparecer esa raíz, termina el mal.

Es que me impactó sobremanera la lectura – que ya finalicé – del Deuteronomio, el quinto libro del Pentateuco – la Torá del pueblo judío. Puede decirse que este libro es el testamento de Moisés: en él, hace un resumen de la historia del pueblo judío y de su relación con Dios, desde su inicio. Señala cómo, cada vez que se apartaron de Él, tuvieron que pagar serias consecuencias. Pero, en mi opinión, lo más aplicable a nuestro tiempo es la lista que hace Moisés de todas las bendiciones que Dios da a quien le es fiel, para después, con una crudeza bárbara, listar las maldiciones que se reciben al olvidarlo y dedicarse a ofenderle.

El Deuteronomio (y todo el Antiguo Testamento) no puede interpretarse sin la lectura del Nuevo Testamento, la Nueva Ley que no anula, sino perfecciona la antigua. La belleza de los Evangelios, los momentos narrados, principalmente, por San Mateo y San Lucas, que nos llenan de fe, amor y esperanza ante toda situación, son indispensables para afrontar el día a día.

Pero es bueno leer a Moisés, con toda su crudeza: que nos sacuda fuertemente y nos haga comprender que todos los males actuales tienen un responsable: nosotros mismos.

Empresaria.

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