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«Ahora solo nos falta un océano»

El nombre de océano Pacífico sobrevivió a otros nombres y pretensiones de soberanía que se proyectaron sobre él. Y sobrevivirá también a las posibles ocurrencias que broten de la mente de politicos o gobernantes urbi et orbi.

Fotografía de archivo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca, en Washington (EE.UU.). EFE

Esa fue la ocurrencia del presidente twiteritero Donald Trump al firmar, el 27 de agosto de 2026, una orden para cambiar el nombre del lago Ontario por el de «Lake America» en la cartografía oficial estadounidense. También dejó caer la posibilidad de rebautizar el Atlántico o el Pacífico. Ergo digo yo que si vamos a empezar jugar a cambiar el nombre de los océanos, me permito proponer al sr Trump una opcion » «winner» y documentada ampliamente: denominar al Oceano Pacifico: el lago español, con el beneficio adicional, tal vez, de proyectar internacionalmente el nombre de su residencia  favorita: Mar-a-Lago, ubicada por cierto en el estado de Florida, donde asimismo se encontraba la ciudad de San Agustin. Alli el 8.9.1565 el sacerdote espanol Francisco López de Mendoza , oficio una misa de acción de gracias y, después, una comida compartida con el pueblo indígena seloy, perteneciente a los timucuas.  Fue Esta el primer Día de Acción de Gracias europeo documentado en el territorio de los actuales Estados Unidos, 56 años antes de la conocida celebración de Plymouth de 1621.

Volviendo al tema principal de este relato , la primera vez que lei sobre el lago espanol, fue precisamente en  la obra «The Spanish Lake (1979), primer volumen de su trilogía sobre el Pacífico, escrita amenamente por el historiador australiano Oskar Spate. En su trilogía, Spate sostuvo que, durante aproximadamente dos siglos después de que Vasco Núñez de Balboa avistara el mar del Sur y Fernando de Magallanes cruzara el océano, el Pacífico estuvo dominado en buena medida por la presencia española. Hecho historico sin duda olvidado o ignorado en el mundo anglosajon. Al respecto, siempre recuerdo una reunion en Dili, Timor Leste, en 2009 con las sonrisas de los embajadores de USA y Australia en Timor Leste cuando les mencione: the «Spanish lake» .Sonrisas que prestamente mudaron en asombro e interes cuando les comparti lo expuesto por mr Spate y con dos hechos clave a modo de ejemplo:

El tornaviaje: Cruzar el Pacífico hacia el oeste era la parte relativamente fácil. Resolver el regreso era otro cantar. En junio de 1565, el fraile agustino Andrés de Urdaneta, cuyo retrato colgando de los muros del convento de los agustinos filipinos de Valladolid me llamo la atencion desde chico, inicio desde Manila una ruta septentrional apoyandose en los vientos favorables y la corriente Kuroshio que permitió a la expedicion, navegar desde Filipinas hasta Acapulco en la Nueva España, en el actual México. Su experiencia en expediciones anteriores y su conocimiento de los vientos y las corrientes oceánicas fueron decisivos. El buque San Pedro llegó a Acapulco el 8 de octubre de aquel año.

Conviene recordar que Alonso de Arellano había completado antes su propio regreso a Nueva España, pero la ruta documentada por Urdaneta resultó fundamental para consolidar la navegación regular entre Manila y Acapulco. El llamado galeón de Manila mantuvo esta conexión comercial durante unos 250 años, enlazando Asia, América y Europa en la primera gran red comercial intercontinental, proyectando incluso la acepcion en China del real de a ocho espanol como moneda de intercambio y comercio, papel similar al del US dolar desde la II Guerra Mundial.

Los mapas capturados: En 1762, cuando los británicos tomaron Manila, obtuvieron también documentos españoles que contenían información geográfica de gran valor. Entre ellos figuraba el relato del navegante Luis Váez de Torres, quien había atravesado en 1606 el estrecho situado entre Nueva Guinea y Australia.

El geógrafo escocés Alexander Dalrymple estudió aquellos documentos y publicó información sobre el viaje de Torres. Sus investigaciones contribuyeron a difundir en Gran Bretaña conocimientos españoles sobre el Pacífico y proporcionaron información valiosa para las expediciones posteriores, incluida las de James Cook.quien en 1770 llego a cartografiar la costa oriental de Australia.

La historia tiene, por tanto, una ironía adicional: parte del conocimiento que impulsó la exploración británica del Pacífico procedía de documentos españoles capturados en Manila.

Naturalmente, el dominio español del Pacífico terminó diluyéndose a medida que holandeses, británicos y otras potencias ampliaron su presencia comercial y naval. Tampoco debe olvidarse que aquella expansión se produjo dentro de un sistema marcado por la competencia imperial y la explotación de territorios y poblaciones.

El nombre de océano Pacífico sobrevivió a otros nombres y pretensiones de soberanía que se proyectaron sobre él. Y sobrevivirá también a las posibles ocurrencias que broten de la mente de politicos o gobernantes urbi et orbi.


Los nuevos nombres de lugares geograficos inscritos en los documentos federales estadounidenses pueden resultar de momentos histericos en defecto de hechos historicos y que a buen seguro no perduraran en el tiempo.

En cambio los hechos o denominaciones con base en la geografia e  historia suelen perdurar bastante más. Sobre todo cuando su bautismo geografico se encarna en paisajes , sobrepasando mapas, brincando razones y culminando en nuestros corazones. 

 Estos procesos de vincular emociones a tierras,ríos, lagos o mares, me recuerdan siempre a Salarrué y lo que en su día nos llego a regalar en papel y tinta, obsequio generoso fruto de su saber y quehacer:  su concepto intimo de Patria. » Yo el iluso no tengo patria pero tengo terruño».

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