Hoy sábado, Inglaterra y Francia disputan el tercer lugar y mañana, domingo, la gran final, definiendo al campeón del mundo entre España y Argentina
Hoy sábado, Inglaterra y Francia disputan el tercer lugar y mañana, domingo, la gran final, definiendo al campeón del mundo entre España y Argentina
El Mundial de Futbol 2026 llega a su fin. Fueron cuatro años de preparación para que uno de los 48 equipos participantes inicialmente, y reducidos a sólo dos para la final, gane la ansiada copa por la que cada jugador entregó su máximo esfuerzo.
Confieso mi absoluta ignorancia sobre muchísimos temas, incluyendo el fútbol. Sin embargo, disfruto mucho una buena partida, a pesar de que, en mi familia, la mayoría apoya al Alianza y yo al FAS (me simpatiza también el Cacahuatique); son Real Madrid, yo soy Barcelona. Nunca me importó este deporte, hasta que mi nieto Juanca, siendo pequeñito, decidió enseñarme sobre la bicicleta, la chilena, el gol de tunelito, etc. Entonces le tomé el gusto, aunque jamás distinguiré cuando ocurre un “fuera de lugar”.
Como todos, disfruté los partidos que pude ver, y en especial, las lecciones que esta larga temporada futbolera nos ha dejado. Tengo algunos comentarios que deseo compartir.
Me parece que la participación de 48 equipos es excesiva; sin embargo, comprendo que siendo más selectivos, muchos equipos emergentes, que muestran buena madera, quedarían sin participación.
Creo que la pausa para la hidratación interrumpe la agilidad que hace apasionante a este deporte, y más pareciera que no se realiza pensando en los jugadores, sino en tener más momentos para los anunciantes; me encantaría que la eliminaran.
Y, absolutamente intolerable, me pareció la torpe y soberbia actuación de Trump, la que consiguió levantar la penalidad impuesta a un jugador del equipo estadounidense. Pareciera que ese equipo salió al campo de juego sin bríos, avergonzado por esa intervención, lo que afectó su desempeño, aunque talvez no el resultado del juego.
Muy triste que Modric y Ronaldo, por decisión propia, jugaron sus últimos mundiales, enfrentados en un juego que yo hubiese deseado que ganara Croacia. El abrazo posterior, entre ambos, queda como un valioso recuerdo.
Fuera de la cancha, fue admirable la siempre respetuosa y ejemplar conducta de los fanáticos japoneses, limpiando las graderías del estadio al final de las partidas. Orgullosos, además, de su equipo, que mejora cada vez más. Inolvidable, igualmente, la fanaticada de Noruega, que contagió en estadios repletos, a propios y extraños, a practicar su Viking Row. ¡Qué manera tan simpática y alegre de apoyar a su equipo! Y, la máxima sorpresa, Cabo Verde. Ya la prensa mundial se ha pronunciado, expresando su admiración para esa oncena absolutamente desconocida que llegó a plantar cara, nada menos que a España, después a Arabia Saudita y a Uruguay, empatando con esos tres equipos. Y la Argentina de Messi necesitó 120 minutos para vencerlos, 3 a 2. Sí, fueron la gran sorpresa, pero la lección a imitar fue la humildad, la entrega, el coraje con que aceptaron esos enormes retos y fueron venciéndolos uno a uno. Definitivamente, Cabo Verde no ganó el Mundial, pero sí la admiración, el respeto y el cariño del mundo entero. Un gran ejemplo a seguir.
Hoy sábado, Inglaterra y Francia disputan el tercer lugar y mañana, domingo, la gran final, definiendo al campeón del mundo entre España y Argentina.
Pero lo más importante es el lunes, amigos, cuando deberemos agradecer la pausa que nos brindó el Mundial y volver a nuestra cruda realidad, afrontando el día a día con entusiasmo, venciendo con garra – y con la ayuda de Dios – los problemas cotidianos.
Empresaria.
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